LEYES DE MANU (MĀNAVA DHARMAŚĀSTRA)
LIBRO I: La Creación del Universo y el Orden Cósmico
1. Estaba sentado Manu, con el pensamiento dirigido hacia un solo objeto; los grandes sabios (Maharshis) se le acercaron y, después de haberle adorado apropiadamente, le dirigieron estas palabras:
2. «Señor, dígnate declararnos, con exactitud y por orden, las leyes concernientes a todas las clases primitivas y a las clases nacidas de la mezcla de las primeras.
3. Porque solo tú, oh Señor, conoces los actos, el principio y el verdadero sentido de esta regla universal existente por sí misma inconcebible, cuya extensión no puede apreciar la razón humana, y que es el Veda.
4. Así interrogado por estos seres magnánimos aquel cuyo poder era inmenso, después de haber saludado a todos, les dijo esta cuerda respuesta:
5. Escuchad: este mundo estaba sumergido en la oscuridad, imperceptible, desprovisto de todo atributo distintivo, sin poder ser descubierto por el raciocinio, ni ser revelado, parecía entregado enteramente al sueño.
6. Cuando el término de la disolución (Pralaya) hubo concluido, entonces el Señor existente por sí mismo y que no está al alcance de los sentidos externos, haciendo perceptible este mundo con los cinco elementos y los otros principios, resplandecientes del más puro brillo, apareció y disipó la oscuridad, es decir, desarrolló la naturaleza (Prakriti).
7. Aquel que sólo el espíritu puede percibir, que escapa a los órganos de los sentidos, que no tiene partes visibles, eterno, alma de todos los seres, a quien nadie puede comprender, desplegó su propio esplendor.
8. Habiendo resuelto, en su mente, hacer emanar de su sustancia las diversas criaturas, produjo primero las aguas en que depositó un germen.
9. Este germen se tornó en un huevo brillante como el oro, tan esplendoroso como astro de mil rayos y en el cual el mismo Ser Supremo nació bajo la forma de Brahma, el abuelo de todos los seres.
10. Las aguas han sido llamadas Naras porque eran obra de Nara (el Espíritu divino) y habiendo sido esta agua el primer lugar de movimiento (Ayana) de Nara, ha sido llamado en consecuencia Narayana (“aquel que se mueve sobre las aguas”).
11. Por lo que existe, por la causa imperceptible, eterna, que existe realmente y no existe para los órganos, ha sido producido este divino macho (Purusha), célebre en el mundo bajo el nombre de Brahma.
12. Después de haber permanecido en este huevo un año de Brahma, el Señor, por obra de su pensamiento únicamente, separó este huevo en dos partes.
13. Y de estas dos partes formó el cielo y la tierra; en el medio colocó la atmósfera, las ocho regiones celestes y el depósito permanente de las aguas.
14. Expresó del Alma Suprema el sentimiento (Manas) que existe por su naturaleza y no existe para los sentidos; y antes de la producción del sentimiento el Ahankara (el Yo) monitor y soberano maestro.
15. Y antes del sentimiento y la conciencia, produjo el gran principio intelectual (Mahat) y todo lo que recibe las tres cualidades, y los cinco órganos de la inteligencia destinados a percibir los objetos exteriores y los cinco órganos de la acción y los rudimentos sutiles (Tanmatras) de los cinco elementos.
16. Habiendo unido moléculas imperceptibles de estos seis principios dotados de una gran energía, a saber, los rudimentos sutiles de los cinco elementos y la conciencia, o partículas de estos mismos principios, transformados y tornados en los elementos y los sentidos; a causa de esto los sabios han designado la forma visible de este Dios bajo el nombre de Sarira (que recibe las seis moléculas).
17. Y porque las seis moléculas imperceptibles emanadas de la sustancia de este ser supremo, a saber, los rudimentos sutiles de los cinco elementos y la conciencia, para tomar una forma se juntan a estos elementos y a estos órganos de los sentidos; a causa de esto los sabios han designado la forma visible de este Dios bajo el nombre de Sarira.
18. Los elementos penetraron allí con funciones que les son propias, así como el sentimiento (Manas), fuente inagotable de los seres, son atributos infinitamente sutiles.
19. Por medio de partículas sutiles y dotados de una forma, de estos siete principios (Purushas) dotados de una gran energía, la inteligencia, la conciencia y los rudimentos sutiles de los cinco elementos, ha sido formado este perecedero universo, emanación de la imperecedera fuente.
20. Cada uno de estos elementos adquiere la cualidad del que le precede, de suerte que, mientras más alejado está un elemento en la serie, mayores cualidades posee.
21. El Ser Supremo asignó también desde el principio, a cada criatura en particular, un nombre, actos y una manera de vivir, según las palabras del Veda.
22. El soberano Maestro produjo una multitud de Dioses (Devas) esencialmente activos, dotados de un alma, y un tropel invisible de Genios (Sadhyas) y el sacrificio instituido desde el comienzo.
23. Del fuego, del aire y del sol extrajo para la celebración del sacrificio, los tres Vedas eternos, llamados Rig, Yajur y Sama.
24. Creó los tiempos y las divisiones de los tiempos, las constelaciones, los planetas, los ríos, los mares, las montañas, las llanuras, los terrenos desiguales;
25. La devoción austera, la palabra, la voluptuosidad, el deseo, la cólera y esta creación, pues quería dar la existencia a todos los seres.
26. Para establecer diferencia entre las acciones, distinguió lo justo de lo injusto y sometió a estas criaturas sensibles al placer y al dolor y a las otras condiciones opuestas.
27. Con partículas (matras) tenues de los cinco elementos sutiles, y que son perecederos en el estado de elementos groseros, ha sido formado sucesivamente todo lo que existe.
28. Cuando el soberano Maestro ha destinado desde luego a tal o cual ser animado a cualquiera ocupación, este ser la desempeña por sí mismo todas las veces que vuelve al mundo.
29. Cualquiera que sea la cualidad que le ha tocado en suerte en el momento de la creación, maldad o bondad, dulzura o rudeza, virtud o vicio, veracidad o falsedad, esta cualidad lo viene a buscar espontáneamente en los nacimientos que siguen.
30. Del mismo modo que las estaciones en su vuelta periódica readquieren, naturalmente, sus atributos especiales, así también las criaturas animadas desempeñan de nuevo las ocupaciones que les son propias.
31. Mientras tanto, para la propagación de la raza humana produjo de su boca, de su brazo, de su muslo y de su piel al Brahmán, al Kshatriya, al Vaishya y al Shudra.
32. Habiendo dividido su cuerpo en dos partes, el soberano Maestro se volvió mitad macho y mitad hembra y uniéndose a esta parte hembra engendró a Viraj.
33. Sabed, nobles brahmanes, que aquel a quien el divino macho (Purusha) llamado Viraj ha producido de sí mismo entregándose a una austera devoción, soy yo, Manu, el creador de todo este universo.
34. Soy yo quien, deseando dar nacimiento al género humano, después de haber practicado las austeridades más penosas, ha producido primero diez santos eminentes (Maharshis), señores de las criaturas (Prajapatis), a saber:
35. Marichi, Atri, Angiras, Pulastya, Pulaha, Kratu, Prachetas o Daksha, Vasishtha, Bhrigu y Narada.
36. Estos seres todopoderosos crearon otros siete Manus, los Dioses (Devas) y sus moradas y dos Maharshis dotados de inmenso poder;
37. Crearon a los Gnomos (Yakshas), los Gigantes (Rakshasas), los Vampiros (Pishachas), los músicos celestes (Gandharvas), las Ninfas (Apsaras), los Titanes (Asuras), los Dragones (Nagas), las serpientes (Sarpas), los pájaros (Suparnas) y las diversas tribus de Antepasados divinos (Pitris).
38. Los relámpagos, los rayos, las nubes, los arcos coloreados de Indra, los meteoros, las trombas, los cometas y las estrellas de diversas magnitudes.
39. Kinnaras, los monos, los peces, las diferentes especies de aves, el ganado, los animales salvajes, los hombres, los animales carnívoros provistos de doble fila de dientes;
40. Los gusanillos de tierra, los gusanos, las langostas, los piojos, las moscas, las chinches y toda clase de mosquitos que pican; en fin los diferentes cuerpos privados de movimiento.
41. Así fue como, por orden mía, estos magnánimos sabios crearon, por el poder de sus austeridades, todo este conjunto de seres móviles, regulándose por sus actos.
42. Voy ahora a declararos qué actos particulares han sido asignados aquí abajo a cada uno de estos seres y de qué manera viene al mundo.
43. Los ganados, las bestias salvajes, los animales carnívoros provistos de doble fila de dientes, los gigantes y los hombres, nacen de una matriz.
44. Los pájaros salen de un huevo, lo mismo que las serpientes, los cocodrilos, los peces, las tortugas y otras clases de animales, ya sea terrestre, como el Lagarto, ya sea acuático como el pez de concha.
45. Los mosquitos que pican, los piojos, las moscas, las chinches nacen del vapor caliente; son producidos por el calor, lo mismo que todo lo que se les asemeja, como la abeja, la hormiga.
46. Todos los cuerpos privados de movimiento y que brotan, ya sea de un grano, ya de una rama puesta en la tierra, nacen del desarrollo de un botón: las hierbas producen una gran cantidad de flores y de frutas y perecen cuando los frutos han llegado a su madurez.
47. Los vegetales llamados reyes de los bosques, no tienen flores y dan frutos; y ya sea que den también flores o solamente frutos, reciben el nombre de árboles bajo ambas formas.
48. Hay diferentes clases de arbustos que crecen, ya sea en matorral, ya en espesura; además, diversas especies de césped, de plantas rampantes y trepadoras. Todos estos vegetales brotan de una semilla o de una rama.
49. Rodeados de la cualidad de sombra, manifestada bajo una multitud de formas, a causa de sus acciones precedentes, estos seres, dotados de una conciencia interior, sienten el placer y la pena.
50. Tales han sido declarados, desde Brahma hasta los vegetales, las transmigraciones que ocurren en este mundo espantoso, que se destruye sin cesar.
51. Después de haber así creado a este universo y a mí, aquel cuyo poder es incomprensible desapareció de nuevo, absorbido en el alma suprema, reemplazando el tiempo de la creación por el tiempo de la disolución (Pralaya).
52. Cuando este Dios se despierta, enseguida este universo cumple sus actos; cuando se duerme, sumido su espíritu en un profundo reposo, el mundo entonces se disuelve.
53. Pues durante su apacible sueño los seres animados, dotados de los principios de la acción, dejan sus funciones, y el sentimiento (Manas) cae en la inercia, así como los otros sentidos.
54. Y cuando se han disuelto al mismo tiempo en el Alma suprema esta alma de todos los seres duerme tranquilamente en la quietud más perfecta.
55. Después de haberse retirado a la obscuridad primitiva, permanece allí largo tiempo con los órganos de los sentidos, no desempeña sus funciones y se despoja de su forma.
56. Cuando, reuniendo de nuevo principios elementales sutiles, se introduce en una semilla vegetal o animal, se reviste de una forma nueva.
57. Así es como, por un despertar y un reposo alternativos, el ser inmutable hace revivir o morir eternamente a todo este conjunto de criaturas móviles e inmóviles.
58. Después de haber compuesto él mismo desde el principio este libro de la ley, me lo hizo aprender de memoria y yo lo enseñé a Marichi y los otros sabios.
59. Bhrigu, aquí presente, os dará a conocer plenamente el contenido de este libro; pues este Manu lo ha aprendido entero por conducto mío.
60. Entonces el Maharshi Bhrigu, así interpelado por Manu, dijo con benevolencia a todos estos Rishis: Escuchad.
61. De este Manu Swayambhuva (salido del ser existente por sí mismo) descienden seis otros Manus, que dieron cada uno nacimiento a una raza de criaturas; estos Manus, dotados de una alma noble y de una energía superior, eran:
62. Swarochisha, Ottami, Tamasa, Raivata, el glorioso Chakshusha y el hijo de Vivaswat.
63. Estos siete Manus todopoderosos, de los cuales Swayambhuva es el primero, durante su respectivo período (Manvantara), han producido y dirigido cada uno este mundo compuesto de seres móviles y de seres inmóviles.
64. Dieciocho nimechas (parpadeos) hacen una kashtha. Treinta kashthas, una kala; treinta kalas, un muhurta; otros tantos muhurtas componen un día y una noche.
65. El sol establece la división del día y de la noche para los hombres y para los Dioses; la noche es para el sueño de los seres y el día para el trabajo.
66. Un mes de los mortales es un día y noche de los Pitris; se dividen en dos quincenas: la quincena negra, para los Manes, el día destinado a las acciones; y la quincena blanca, la noche, consagrada al sueño.
67. Un año de los mortales es un día y una noche de los Dioses; y he aquí cómo está dividido: el día responde al curso septentrional del sol y la noche a su curso meridional.
68. Ahora aprended por orden y sucintamente cuál es la duración de una noche y de un día de Brahma, y de cada una de las cuatro edades (Yugas).
69. Cuatro mil años divinos componen, al decir de los sabios, el Krita-Yuga; el crepúsculo que precede tiene otros centenares de años; el crepúsculo que sigue es semejante.
70. En las tres otras edades, igualmente precedidas y seguidas de un crepúsculo, los millares y centenares de años están disminuidos sucesivamente de una unidad.
71. Sumadas estas cuatro edades que acaban de ser enumeradas, la suma de sus años, que es de doce mil, es llamada la edad de los Dioses.
72. Sabed que la reunión de mil edades divinas compone en total un día de Brahma, y que la noche tiene igual duración.
73. Los que saben que el santo día de Brahma no concluye sino con mil edades, y que la noche abraza semejante espacio de tiempo, conocen verdaderamente el día y la noche.
74. Al expirar aquella noche, Brahma que estaba dormido, se despierta; y, despertándose hace emanar el espíritu divino (Manas), quien por su esencia existe, y no existe para los sentidos exteriores.
75. Impulsado por el deseo de crear, probado por el alma suprema, el espíritu divino o el principio intelectual opera la creación y da nacimiento al éter, que los sabios consideran dotado de la cualidad del sonido.
76. Del éter, operándose una transformación, nace el aire, vehículo de todos los olores, puro y lleno de fuerza, cuya propiedad reconocida es la tangibilidad.
77. Por una metamorfosis del aire prodúcese la luz que alumbra, disipa la obscuridad y brilla, y está declarado que tiene por cualidad la forma aparente.
78. De la luz, por una transformación, nace el agua, que tiene por cualidad el sabor; del agua proviene la tierra, cuya cualidad es el olor; tal es la creación operada desde el principio.
79. Esta edad de los dioses, arriba enunciada, y que abarca doce mil años divinos, repetida setenta y una veces, es lo que se llama aquí el período de un Manu (Manvantara).
80. Los períodos de los Manus son innumerables, así como las creaciones y las destrucciones del mundo, y el ser supremo los renueva como jugando.
81. En el Krita-Yuga, la justicia, bajo la forma de toro, se mantiene firme sobre sus cuatro pies; la Verdad reina y ningún bien obtenido por los mortales deriva de la iniquidad.
82. Pero en las otras edades por la adquisición ilícita de las riquezas y de la ciencia, la justicia pierde sucesivamente un pie; y reemplazados por el robo, la falsedad y el fraude, las ventajas honestas disminuyen gradualmente de una cuarta parte.
83. Los hombres, exentos de enfermedades, obtienen el cumplimiento de todos sus deseos y viven cuatrocientos años durante la primera edad; en el Treta-Yuga y las edades siguientes su existencia pierde una cuarta parte de su duración.
84. La vida de los mortales, declarada en el Veda, las recompensas de las acciones y los poderes de los seres animados, llevan en este mundo frutos proporcionados a las edades.
85. Ciertas virtudes son peculiares de la edad Krita, otras de la edad Treta, otras de la edad Dwapara, otras de la edad Kali, en proporción a la decrecencia de estas edades.
86. La austeridad domina durante la primera edad, la ciencia divina durante la segunda, el cumplimiento del sacrificio durante la tercera; al decir de los sabios, sólo la liberalidad durante la cuarta edad.
87. Para la conservación de esta creación entera, el ser soberanamente glorioso asignó ocupaciones diferentes a las que había producido de su boca, de su brazo, de su muslo y de su pie.
88. Dio en lote a los brahmanes el estudio y enseñanza de los Vedas, el cumplimiento del sacrificio, la dirección de los sacrificios ofrecidos por otros, el derecho de dar y el de recibir.
89. Impuso como deber al Kshatriya proteger al pueblo, hacer la caridad, sacrificar, leer los libros sagrados y no abandonarse a los placeres de los sentidos.
90. Cuidar los ganados, dar limosna, sacrificar, estudiar los libros santos, hacer el comercio, prestar a rédito, labrar la tierra, son las funciones del Vaishya.
91. Pero el soberano Dueño no asignó al Shudra sino un solo oficio: el de servir a las clases precedentes, sin menospreciar el mérito de ellas.
92. Encima del ombligo, el cuerpo del hombre ha sido proclamado como más puro y la boca ha sido declarada como la parte más pura por el ser que existe por sí mismo.
93. Por su origen que él deriva del miembro más noble, porque ha nacido primero, porque posee la Santa Escritura, el brahmán es legítimamente el dueño de toda esta creación.
94. En efecto, él fue a quien el ser existente por sí mismo, después de haberle entregado a las austeridades, produjo desde el principio de su propia boca, para el cumplimiento de las ofrendas a los dioses y a los Manes, para la conservación de todo lo que existe.
95. Aquel por cuya boca los habitantes del paraíso comen sin cesar la mantequilla clarificada y los Manes la comida fúnebre; ¿qué otro ser tendría por superior?
96. Entre todos los seres, los primeros son los seres animados; entre los seres animados los que subsisten por medio de su inteligencia: los hombres son los primeros entre los seres inteligentes, y los Brahmanes entre los hombres.
97. Entre los Brahmanes, los más distinguidos son los que poseen la ciencia sagrada; entre los sabios, los que conocen su deber; entre éstos, los hombres que lo cumplen con exactitud; entre estos últimos aquellos a quienes el estudio de los libros santos conduce a la beatitud.
98. El nacimiento del brahmán es la encarnación eterna de la justicia; pues el brahmán, nacido para la ejecución de la justicia, está destinado a identificarse con Brahma.
99. El brahmán, al venir al mundo, está colocado en primera línea sobre esta tierra; soberano señor de todos los seres, debe velar por la conservación del tesoro de leyes civiles y religiosas.
100. Todo lo que el mundo encierra es, en cierto modo, propiedad del brahmán; por su primogenitura, por su nacimiento eminente, tiene derecho a todo lo que existe.
101. El brahmán no come sino su propio alimento, no lleva sino sus propios vestidos, no da sino su haber; se debe sólo a la generosidad del brahmán, el que los otros hombres gocen de los bienes de este mundo.
102. Para distinguir las ocupaciones del brahmán y las de las otras clases en el orden conveniente, el sabio Manu, que procede del ser existente por sí mismo, compuso este código de leyes.
103. Este libro debe ser estudiado con perseverancia por todo brahmán instruido y ser explicado por él a sus discípulos; pero jamás por otro hombre alguno de una clase inferior.
104. Leyendo este libro, el brahmán que cumple exactamente sus devociones no se mancha con ningún pecado en pensamiento, en palabra o en acción.
105. Purifica a una asamblea, a siete de sus antepasados y siete de sus descendientes, y solo él merece poseer toda esta tierra.
106. Este excelente libro hace obtener toda cosa deseada; aumenta la inteligencia, procura gloria y una larga vida, conduce a la beatitud suprema.
107. Allí se encuentra completamente expuesta la ley, así como el bien y el mal de las acciones y las costumbres inmemoriales de las cuatro clases.
108. La costumbre inmemorial es la principal ley aprobada por la revelación (Sruti) y la tradición (Smriti); en consecuencia, quien desea el bien de su alma debe conformarse siempre con perseverancia a la costumbre inmemorial.
109. El brahmán que se aparta de la costumbre, no prueba el fruto de la Santa escritura, pero si la observa exactamente, obtiene una cosecha completa.
110. Así, los Manus, habiendo reconocido que la ley deriva de la costumbre inmemorial, han adoptado estas costumbres aprobadas por base de toda piadosa austeridad.
111. El nacimiento del mundo, regla de los sacramentos (Sanskaras), los deberes y la conducta de un alumno en teología (Brahmachari), la importante ceremonia del baño que toma el alumno antes de dejar a su maestro, cuando su noviciado ha concluido;
112. La elección de la esposa, los diversos modos de matrimonio, la manera de celebrar las cinco grandes oblaciones (Maha-Yajnas), y la celebración del servicio fúnebre (Sraddha) instituido desde el principio;
113. Los diferentes medios de sostener la vida, los deberes de un dueño de casa (Grihastha), los alimentos permitidos y los prohibidos, la purificación de los hombres y la de los utensilios empleados;
114. Los reglamentos que conciernen a las mujeres, el deber austero de los Vanaprasthas o anacoretas, el de los Sannyasis o devotos ascéticos y que conduce a la beatitud (Moksha), la renuncia al mundo, todos los deberes de un rey, la decisión de los asuntos judiciales;
115. (Vacío en la numeración tradicional)
116. Los deberes de los Vaishyas y de los Shudras, el origen de las clases mezcladas, la regla de conducta de todas las clases en caso de miseria y los modos de expiación;
117. Las tres clases de transmigraciones que son en este mundo el resultado de las acciones, la felicidad suprema reservada a las buenas obras, examen del bien y del mal;
118. Y en fin las leyes eternas de las diferentes comarcas, de las clases y de las familias y los usos de las diferentes sectas de heréticos y de las compañías de mercaderes, las ha declarado, en este libro, Manu.
119. De igual modo que antaño, a ruego mío, Manu declaró el contenido de este libro, así vosotros aprendedlo hoy de mí, sin supresión ni aumento.
LIBRO II: Fuentes del Derecho, Sacramentos y el Estudiante Teológico (Brahmachari)
1. Aprended cuáles son los deberes observados por los hombres virtuosos, sabios en el Veda, y siempre inaccesibles al odio como al amor apasionado; deberes que están grabados en los corazones como los medios de alcanzar la beatitud.
2. El amor a sí mismo no es digno de elogio; no obstante, nada en este mundo está exento de él; en efecto, el estudio de la Santa Escritura tiene por motivo el amor a sí mismo, igual que la práctica de los actos que prescriben los libros sagrados.
3. De la esperanza de un provecho nace la diligencia; los sacrificios tienen por móvil la esperanza; está reconocido que las prácticas de devoción austera, la observancia piadosa, provienen de la esperanza de recompensa.
4. No se ve jamás aquí abajo acto alguno realizado por un hombre que no tenga deseo de él; en efecto, haga lo que quiera, el deseo es su solo motivo.
5. Cumpliendo perfectamente los deberes prescritos, sin tener por móvil la espera de recompensa, el hombre alcanza la inmortalidad, y en este mundo goza del cumplimiento de todos los deseos que su espíritu ha podido concebir.
6. La ley tiene por bases el Veda entero, las prescripciones y las prácticas morales de los que lo poseen, las costumbres inmemoriales de las gentes de bien y, en los casos sujetos a duda, la satisfacción interior.
7. Cualquiera que sea el deber impuesto por Manu a tal o cual individuo, tal deber está completamente declarado en la Santa Escritura, pues Manu posee toda la ciencia divina.
8. El sabio, después de haber examinado enteramente este sistema completo de leyes con la mirada del saber piadoso, debe, reconociendo la autoridad de la Revelación, encerrarse en su deber.
9. En verdad, el hombre que se conforme a las reglas prescritas por la Revelación (Sruti) y por la Tradición (Smriti), adquiere gloria en este mundo y felicidad perfecta en el otro.
10. Es preciso saber que la Revelación es el Libro Santo (Veda) y la Tradición, el Código de Leyes (Dharma-Sastra); una y otra no deben ser discutidas en ningún punto, pues el sistema de los deberes procede enteramente de ellas.
11. El Brahmán que desprecie estas dos fuentes apoyándose en razonamientos heterodoxos debe ser excluido de la comunidad de los hombres de bien, como un ateo y un detractor de los Vedas.
12. El Veda, la Tradición, las buenas costumbres y el contento propio, están declarados por los sabios como las cuatro fuentes del sistema de deberes.
13. El conocimiento del deber les basta a los que no están apegados a la riqueza ni a los placeres; y para los que tratan de conocer el deber con miras interesadas, la autoridad suprema es la Revelación divina.
14. Pero cuando la revelación divina presenta dos preceptos, contradictorios o en apariencia, los dos están reconocidos como leyes, y ambas leyes han sido declaradas perfectamente válidas por los sabios.
15. Por ejemplo, se dice en los Libros Sagrados que el sacrificio debe celebrarse después de la salida del sol, antes de su salida, cuando no se ve el sol ni las estrellas; en consecuencia, el sacrificio puede tener lugar en uno u otro de estos momentos.
16. A aquel para quien se celebran todas las ceremonias con las plegarias usuales desde la ceremonia de la concepción hasta la traslación al cementerio, se le debe reconocer el privilegio de leer este código; lo que ningún otro puede tener.
17. Entre los dos ríos divinos de Saraswati y de Drishadwati, se halla encerrado un espacio; esta comarca, digna de los Dioses, ha recibido el nombre de Brahmavarta.
18. La costumbre perpetuada en este país por la tradición inmemorial, entre las clases primitivas y las clases mezcladas, está declarada buena costumbre.
19. Kurukshetra, Matsya, Panchala o Kanyakubja, Surasenaka o Mathura, forman la comarca denominada Brahmarshi, vecina a la de Brahmavarta.
20. De labios de un Brahmán, nacido en este país, todos los hombres sobre la tierra deben aprender sus reglas de conducta especiales.
21. La región situada entre los montes Himalaya y Vindhya, al este de Vinasana y al oeste de Prayaga, es llamada Madhyadesa (país del medio).
22. Desde el mar oriental hasta el mar occidental, el espacio comprendido entre estas dos montañas está designado por los sabios con el nombre de Aryavarta (mansión de los hombres honrados).
23. Todo lugar en que se encuentra naturalmente la gacela negra está reconocido como conveniente para el cumplimiento del sacrificio; no sucede lo mismo con el país de los bárbaros (Mlechhas).
24. Los que pertenecen a las tres primeras clases deben tener sumo cuidado en establecerse en los lugares que acaban de ser designados; pero un Shudra, si tiene dificultad de procurarse sustento, puede habitar en cualquier sitio.
25. El origen de la ley y la producción de este universo os han sido expuestos sumariamente; aprended ahora las leyes que conciernen a las clases.
26. Con los ritos propicios ordenados por el Veda deben cumplirse los sacramentos (Sanskaras), que purifican el cuerpo de los Dwijos; el de la concepción y los otros, que quitan todas las impurezas en este mundo y en el otro.
27. Por ofrendas al fuego para la purificación del feto, por la ceremonia efectuada al nacer, por la de la tonsura y por la de la investidura del cordón sagrado, todas las manchas que el contacto de la simiente o de la matriz ha podido imprimir a los Dwijos se borran enteramente.
28. El estudio del Veda, las prácticas piadosas, las oblaciones al fuego, el acto de la devoción del Traividya, las ofrendas a los Dioses y a los Manes durante el noviciado, la procreación de los hijos, las cinco grandes obligaciones y los sacrificios solemnes, preparan el cuerpo a la absorción en el ser divino.
29. Antes del corte del cordón umbilical, está prescrita una ceremonia para el nacimiento del niño; debe hacérsele probar miel y mantequilla clarificada en una cuchara de oro, recitando palabras sagradas.
30. Que el padre cumpla, o si está ausente, haga cumplir, la ceremonia de dar nombre al niño el décimo o duodécimo día después del nacimiento o en un día lunar propicio, en un momento favorable, bajo una estrella de feliz influencia.
31. Que el nombre de un Brahmán, por la primera de las dos palabras de que se compone, exprese el favor propicio; el de un Kshatriya, la potencia; el de un Vaishya, la riqueza; el de un Shudra, la abyección.
32. El nombre de un Brahmán por su segunda palabra debe indicar la felicidad; el de un guerrero, la protección; el de un mercader, la liberalidad; el de un Shudra, la dependencia.
33. Que el de una mujer sea fácil de pronunciar, dulce, claro, agradable, propicio; que termine por vocales largas y se asemeje a palabras de bendición.
34. Al cuarto mes es preciso hacer salir al niño de la casa en que ha nacido para hacerle ver el sol; al sexto mes darle a comer arroz o seguir el uso adoptado como mes favorable.
35. La ceremonia de la tonsura (Chudakarana) para todos los Dwijos debe hacerse conforme a la ley, durante el primer o tercer año, según el mandamiento de la Santa Escritura.
36. Que se haga la iniciación (Upanayana) de un Brahmán en el octavo año a partir de la concepción; la de un Kshatriya en el undécimo; la de un Vaishya en el duodécimo.
37. Para un Brahmán que aspire al brillo que da la ciencia divina, esta ceremonia puede realizarse en el quinto año; para un Kshatriya ambicioso, en el sexto; para un Vaishya deseoso de entregarse a los asuntos comerciales, en el octavo.
38. Hasta el vigésimo cuarto año para un Brahmán, hasta el vigésimo segundo para un Kshatriya, hasta el vigésimo cuarto para un Vaishya, no ha pasado el tiempo de recibir la investidura santificada por la Savitri.
39. Pero más allá de este término, los jóvenes de estas tres clases que no han recibido este sacramento en tiempo oportuno, indignos de la iniciación, excomulgados (Vratyas), están expuestos al desprecio de las gentes de bien.
40. Con estos hombres que no han sido purificados según las reglas prescritas, un Brahmán, aun en caso de miseria, no contrae jamás relación alguna para el estudio de la Escritura Santa, ni alianza de familia.
41. Los estudiantes en teología (Brahmacharis) deben llevar como manto pieles de gacela negra, de ciervo y de macho cabrío; y como túnicas, tejidos de cáñamo, de lino y de lana en el orden directo de clases.
42. El cinturón de un Brahmán debe ser de Munja, compuesto de tres cuerdas iguales y dulce al tacto; el de un Kshatriya debe ser una cuerda de arco hecha de Murva; el de Vaishya, de tres hilos de cáñamo.
43. A falta de Munja y de las otras plantas, que los cinturones sean hechos respectivamente de Kusa, de Asmantaka y de Balvaja, en tres cuerdas con un solo nudo, o sea con tres o cinco, siguiendo los usos de la familia.
44. Es necesario que el cordón sagrado (Yajnopavita) que se lleva sobre la parte superior del cuerpo sea de algodón y con tres hilos para un Brahmán; que el de un Kshatriya sea de hilo de cáñamo; el de un Vaishya, de lana hilada.
45. Un Brahmán debe llevar, según la ley, un bastón de Vilva o de Palasa; el de un guerrero debe ser de Vata o de Khadira; el de un mercader, de Pilu o de Udubara.
46. Que el bastón de un Brahmán sea de largo que alcance hasta sus cabellos; que el de un Kshatriya se eleve hasta su frente; el de un Vaishya a la altura de su nariz.
47. Estos bastones deben ser todos derechos, intactos, agradables a la vista, sin tener nada que espante, revestidos de su corteza y no sometidos al fuego.
48. Habiéndose provisto del bastón deseado, después de haberse colocado frente al sol y haber dado la vuelta al fuego caminando de izquierda a derecha, que el novicio vaya a mendigar su subsistencia, según la regla.
49. El iniciado que pertenezca a la primera de las tres clases regeneradas debe, al pedir limosna a una mujer, comenzar su demanda por la palabra “Señora”; el discípulo que pertenezca a la clase militar debe colocar esta palabra en medio de la frase y el Vaishya al fin.
50. Debe pedir primero su subsistencia a su madre, a su hermana o a la hermana de su madre, o a toda otra mujer que no lo pueda desairar.
51. Después de haber recogido así su alimento en suficiente cantidad y habérselo mostrado a su director (Guru) sin superchería, habiéndose purificado lavándose la boca, que tome su comida con la mirada vuelta al oriente.
52. El que come mirando al oriente prolonga su vida; mirando al mediodía, adquiere la gloria; volviéndose al occidente, alcanza la felicidad; dirigiéndose hacia el norte, obtiene las recompensas de la verdad.
53. El Dwijo, después de haber hecho su ablución, debe tomar siempre su alimento en perfecto recogimiento; acabada su comida, debe lavarse la boca de modo conveniente y regar con agua las seis partes huecas de su cabeza: sus ojos, sus orejas y sus narices.
54. Que siempre honre su alimento y lo coma sin disgusto; que al verlo se regocije, se consuele cuando tiene pena y haga votos por tener siempre parecido caudal.
55. En efecto, un alimento constantemente reverenciado da la fuerza muscular y la energía viril; cuando se le toma sin honrarle, destruye ambas ventajas.
56. Que evite dar sus restos a nadie, comer en el intervalo de sus dos comidas de la mañana y de la tarde, tomar demasiada cantidad de alimento, e ir a cualquier parte después de su comida sin haberse lavado antes la boca.
57. Comer demasiado daña a la salud, a la duración de la existencia, a la felicidad futura en el cielo, causa impureza y merece censura en este mundo; es preciso, pues, abstenerse de ello cuidadosamente.
58. Que el Brahmán haga siempre la ablución con la parte pura de su mano consagrada al Veda, o con la que deriva su nombre del Señor de las criaturas, o con la que está consagrada a los dioses; pero jamás con la parte cuyo nombre deriva de los Manes (Pitris).
59. Se llama parte consagrada al Veda la que está situada en la raíz del pulgar; la parte del Creador está en la raíz del dedo meñique; la de los dioses está en el extremo de los dedos; la de los Manes, entre el pulgar y el índice.
60. Que primero tome agua tres veces consecutivas, en tanta cantidad como pueda contener la cavidad de su mano; que se enjuague enseguida dos veces la boca con la base de su pulgar; y, en fin, que moje con agua las cavidades arriba mencionadas, su pecho y su cabeza.
61. Quien conoce la ley y quien busca la pureza debe siempre hacer su ablución con la parte pura de su mano, sirviéndose de aguas que no sean ni calientes ni espumosas, permaneciendo en un lugar apartado, con el semblante vuelto al oriente o al norte.
62. Un Brahmán se purifica con el agua que baja hasta su pecho; un Kshatriya con la que pasa por su garganta; un Vaishya con la que introduce en la boca; un Shudra con la que toca con la extremidad de la lengua y de los labios.
63. Un Dwijo tiene por nombre Upaviti cuando está levantada su mano derecha y el cordón sagrado o su vestido está atado sobre el hombro izquierdo y pasa bajo el hombro derecho; se dice que es Prachinaviti cuando está levantada su mano izquierda y el cordón, fijado sobre el hombro derecho, pasa bajo el hombro izquierdo; es llamado Niviti cuando el cordón está atado a su cuello.
64. Cuando su cinturón, la piel que le sirve de manto, su bastón, su cordón o su aguamanil están en mal estado, debe arrojarlos al agua y procurarse otros que estén benditos con plegarias.
65. La ceremonia del Kesanta (rasurado del cabello) está fijada para el año decimosexto, a partir de la concepción, tratándose de un Brahmán; para el vigésimo segundo en la clase militar; en cuanto a la clase comerciante, aquella tiene lugar dos años más tarde.
66. Las mismas ceremonias, pero sin las plegarias (Mantras), deben celebrarse para las mujeres en el tiempo y en el orden establecidos, a fin de purificar sus cuerpos.
67. Está reconocido por los legisladores que la ceremonia del matrimonio reemplazará en las mujeres al sacramento de la iniciación que el Veda prescribe; el celo de ellas para servir a sus esposos equivale a la estadía junto a un director espiritual, y el cuidado de sus moradas al mantenimiento del fuego sagrado.
68. Tal es, como lo he declarado, la ley de la iniciación de los Dwijos, iniciación que es el signo de su renacimiento y los santifica; aprended ahora a qué deberes deben sujetarse.
69. Que el maestro espiritual (Guru), después de haber iniciado a su discípulo con la investidura del cordón sagrado, le enseñe primero las reglas de la pureza, las buenas costumbres, el mandamiento del fuego sagrado y los deberes piadosos de la mañana, del mediodía y de la tarde.
70. En el momento de estudiar, el joven novicio, habiendo hecho una ablución conforme a la ley, con la cabeza vuelta al norte, debe dirigir su homenaje respetuoso al Libro Santo y recibir su lección estando cubierto de un vestido puro y habiendo dominado sus sentidos.
71. Que comenzando y terminando la lectura del Veda toque con respeto los pies de su director (Guru); que lea con las manos juntas, pues tal es el homenaje debido a la Santa Escritura.
72. Debe tocar los pies de su padre espiritual cruzando las manos, de manera que ponga la mano izquierda sobre el pie izquierdo y la mano derecha sobre el pie derecho.
73. Que en el momento de ponerse a leer, el director, siempre atento, le diga: «Estudia»; y que lo detenga enseguida diciéndole: «Reposa».
74. Que pronuncie siempre el monosílabo sagrado al comienzo y al fin del estudio de la Santa Escritura; toda lectura que no está precedida de AUM se borra poco a poco, y la que no está seguida de esta voz no deja huellas en el espíritu.
75. Sentado sobre tallos de Kusa cuya cima esté dirigida hacia el oriente y purificado por esta hierba santa que conserva en sus manos, purificado de toda mancha por tres supresiones de aliento, cada una de la duración de tres vocales breves, que pronuncie entonces el monosílabo AUM.
76. La letra A, la letra U y la letra M, que con su reunión forman el monosílabo sagrado, han sido sacadas de los tres libros santos por Brahma, el Señor de las criaturas, así como las tres grandes palabras BHUR, BHUVAH, SWAR.
77. De los tres Vedas, el Altísimo (Parameshthi), el Señor de las criaturas, ha sacado también, estancia (pada) por estancia, esta invocación llamada SAVITRI que comienza por la palabra TAT.
78. Recitado en voz baja, mañana y tarde, el monosílabo y esta plegaria de la Savitri, precedidos de las tres palabras (Vyahritis) Bhur, Bhuvah, Swar, todo Brahmán que conoce perfectamente los libros sagrados obtiene la santidad que el Veda procura.
79. Repitiendo mil veces en un lugar apartado esta triple invocación, compuesta del monosílabo místico, de las tres palabras y de la plegaria, un Dwijo se descarga en un mes aun de una gran falta, como una serpiente de su piel.
80. Todo miembro de las clases sacerdotal, militar y comerciante que descuida esta plegaria y que no cumple en tiempo conveniente con sus deberes piadosos, está expuesto al desprecio de las gentes de bien.
81. Las tres grandes palabras inalterables, precedidas del monosílabo AUM y seguidas de la Savitri, que se compone de tres estancias (padas), deben estar reconocidas como la parte principal del Veda o como el medio de obtener la beatitud interna.
82. El que, durante tres años, repite todos los días sin falta esta plegaria irá a hallar a la Divinidad Suprema (Brahma) tan ligero como el viento, revestido de inmortal forma.
83. El monosílabo místico es el Dios supremo; las supresiones del aliento, durante las cuales se recita el monosílabo, las tres palabras y la Savitri entera, son la más perfecta austeridad piadosa; nada está por encima de la Savitri; la declaración de la verdad es preferible al silencio.
84. Todos los actos piadosos prescritos por el Veda, tales como las oblaciones al fuego y los sacrificios, pasan sin resultado permanente; pero el monosílabo es inalterable: es el símbolo de Brahma, el Señor de las criaturas.
85. La ofrenda que consiste en la plegaria hecha en voz baja y compuesta del monosílabo, de las tres palabras y de la Savitri, es diez veces preferible al sacrificio regular; cuando se recita la plegaria de modo que no puede ser oída, vale cien veces más; hecha mentalmente, tiene mil veces más mérito.
86. Las cuatro obligaciones domésticas, reunidas al sacrificio regular, no equivalen a la décima parte de la ofrenda que no consiste sino en la plegaria en voz baja.
87. Por la plegaria en voz baja, un Brahmán puede, sin duda alguna, alcanzar la beatitud, haga o no haga cualquier otro acto piadoso; siendo amigo (Maitra) de las criaturas, a las cuales no hace mal alguno, aun cuando la ley lo autorizara a ello, puesto que no ofrece sacrificios sangrientos, se dice justamente que está unido a Brahma.
88. Cuando los órganos de los sentidos se encuentran en relación con objetos atrayentes, el hombre experimentado debe hacer todo esfuerzo para dominarlos, lo mismo que un jinete para contener a sus caballos.
89. Estos órganos, fijados por los antiguos sabios en número de once, voy a enumerarlos en el orden conveniente, a saber:
90. Las orejas, la piel, los ojos, la lengua y, en quinto lugar, la nariz; el orificio interior del tubo intestinal, los miembros de la generación, la mano, el pie y el órgano de la palabra, que está reconocido como el décimo.
91. Los cinco primeros, las orejas y los que le siguen, están llamados órganos de la inteligencia; y los cinco que quedan, de los cuales el primero es el orificio del tubo intestinal, están llamados órganos de la acción.
92. Es preciso reconocer un undécimo: el sentimiento (Manas), que por su naturaleza participa de la inteligencia y de la acción; cuando está dominado, las dos clases precedentes, compuesta cada una de cinco órganos, están sometidas igualmente.
93. Entregándose a la inclinación de los órganos, a la sensualidad, no se puede dejar de incurrir en falta; pero imponiéndoles un freno, se llega a la suprema felicidad.
94. Ciertamente, el deseo jamás se satisface con el goce del objeto deseado; semejante al fuego en que se esparce mantequilla clarificada, solo se enciende más vivamente.
95. Comparad a aquel que goza de todos estos placeres de los sentidos con el que renuncia enteramente a ellos: el último es muy superior, pues el abandono completo de todos los deseos es preferible a su realización.
96. No solamente se pueden someter estos órganos dispuestos a la sensualidad evitando halagarlos, sino antes bien dedicándose con perseverancia al estudio de la ciencia sagrada.
97. Los Vedas, la caridad, los sacrificios, las prácticas piadosas y las austeridades no pueden conducir a la felicidad a aquel cuya naturaleza está enteramente corrompida.
98. Al hombre que oye, que toca, que ve, que come, que siente cosas que pueden agradarle o repugnarle, sin experimentar gozo ni pena desmedidos, debe considerársele como un ser que ha domado sus órganos.
99. Que si uno solo de estos órganos llega a escaparse, la ciencia divina del hombre se escapa al mismo tiempo, del propio modo que el agua se escapa por un hueco en la base de un odre.
100. Después de haberse hecho dueño de todos sus órganos y después de haber sometido el sentido interno, el hombre debe ocuparse de sus asuntos sin macerar su cuerpo con la devoción excesiva.
101. Durante el crepúsculo de la mañana, que permanezca de pie, repitiendo en voz baja la Savitri hasta el amanecer; y en la tarde, a la hora del crepúsculo, que la recite sentado hasta el momento en que aparecen claramente las estrellas.
102. Haciendo su oración por la mañana, de pie, borra todo pecado que haya podido cometer durante la noche sin saberlo; y recitándola por la tarde, sentado, destruye toda mancha recibida a pesar suyo durante el día.
103. Pero quien no hace su oración por la mañana y no la repite estando sentado por la tarde, debe ser excluido como un Shudra de todo acto particular de las tres clases regeneradas.
104. Cuando un Dwijo no puede entregarse al estudio de los Libros Sagrados por haberse retirado a un bosque cerca de un agua pura, imponiendo un freno a sus órganos y observando con exactitud la regla diaria que consiste en la plegaria, debe repetir la Savitri con el monosílabo AUM y las tres palabras Bhur, Bhuvah, Swar, en perfecto recogimiento.
105. Para el estudio de los Libros accesorios (Vedangas), para la oración indispensable de todos los días, no hay que observar las reglas de la suspensión de lectura, como tampoco para las fórmulas sagradas que acompañan la ofrenda al fuego.
106. El recitado de la oración cotidiana no se puede suspender, pues está llamado la oblación de la Santa Escritura (Brahmasatra); este sacrificio en que el Veda sirve de ofrenda es siempre meritorio, aun cuando se le haga en un momento en que debe ser interrumpida la lectura ordinaria de los Libros Sagrados.
107. La oración en voz baja, repetida durante un año entero por un hombre dueño de sus órganos y siempre puro, eleva sus ofrendas de leche, de requesón, de mantequilla clarificada y de miel hacia los Dioses y los Manes, a los cuales ellas están destinadas y que le conceden la realización de sus deseos.
108. El Dwijo que ha sido iniciado con la investidura del cordón sagrado debe alimentar el fuego sagrado tarde y mañana, mendigar su subsistencia, sentarse en un lecho más bajo que el de su maestro y complacer a su director hasta el fin de su noviciado.
109. El hijo de un institutor, un discípulo asiduo y dócil, el que puede comunicar otra ciencia, el que es justo, el que es puro, el que es abnegado, el que es poderoso, el que es liberal, el que es virtuoso y el que está aliado por la sangre, tales son los diez jóvenes que pueden legalmente ser admitidos a estudiar el Veda.
110. El hombre sensato no debe hablar sin que se le interrogue o responder a una pregunta inoportuna; debe entonces, aun cuando sepa lo que se le pregunta, conducirse en el mundo como si fuera mudo.
111. De dos personas de las cuales una responde inoportunamente a una pregunta hecha inoportunamente por la otra, una morirá o se atraerá el odio.
112. Donde no se encuentren la virtud, ni la riqueza, ni el celo, ni la sumisión convenientes para estudiar el Veda, no debe sembrarse la santa doctrina, lo mismo que una buena semilla en terreno estéril.
113. Vale más, para un intérprete de la Santa Escritura, morir con su ciencia, aun cuando se encuentre en una espantosa miseria, que sembrarla en suelo ingrato.
114. La ciencia divina, abordando a un Brahmán, le dijo: «Soy tu tesoro, consérvame; no me entregues a un detractor; con este medio siempre estaré llena de fuerza.
115. Pero cuando encuentres a un alumno (Brahmachari) perfectamente puro y dueño de sus sentidos, hazme conocer a este Dwijo, como a un vigilante guardián de tal tesoro».
116. Quien adquiere por el estudio, sin haber recibido permiso, el conocimiento de la Santa Escritura, es culpable de robo de textos sagrados y desciende a la morada infernal (Naraka).
117. Quienquiera que sea aquel por cuyo auxilio adquiere un estudiante el saber concerniente a los asuntos del mundo, el sentido de los Libros Sagrados o el conocimiento del Ser Supremo, debe inclinarse ante todo ante tal maestro.
118. Un Brahmán cuya ciencia toda consiste en la Savitri, pero que reprime perfectamente sus pasiones, es preferible a quien no tiene sobre sí imperio alguno, que come de todo y vende todo, aunque conozca los tres Libros Santos.
119. No debe uno instalarse sobre un lecho o sobre un asiento al mismo tiempo que su superior; y cuando se está acostado o sentado, es preciso levantarse para saludarlo.
120. Los espíritus vitales de un joven parecen estar a punto de exhalarse al acercarse un anciano; los retiene levantándose para saludarlo.
121. Quien tiene el hábito de saludar a las gentes avanzadas en edad y tiene constantemente consideraciones para con ellas, ve acrecentarse estas cuatro cosas: la duración de su existencia, su saber, su renombre y su fuerza.
122. Después de la fórmula de saludo, el Brahmán que aborda a un hombre de más edad que él debe pronunciar su propio nombre diciendo: «Soy fulano».
123. A las personas que por ignorancia de la lengua sánscrita no conocen el significado del saludo acompañado de la declaración del nombre, el hombre instruido debe decirles: «Soy yo», y lo mismo a todas las mujeres.
124. Saludando debe pronunciar, después de su nombre, la interjección «¡Oh!», pues los santos consideran que «¡Oh!» tiene la propiedad de representar el nombre de las personas a las que uno se dirige.
125. «¡Ojalá puedas vivir largo tiempo, oh digno hombre!»: es así como debe responderse al saludo de un Brahmán, y la vocal del fin de su nombre, con la consonante que precede, debe ser prolongada de modo que ocupe tres tiempos.
126. El Brahmán que no conoce el modo de responder a un saludo no merece ser saludado por un hombre recomendable por su saber; es comparable a un Shudra.
127. Es preciso preguntar a un Brahmán, al abordarlo, si su devoción prospera; a un Kshatriya, si está bien de salud; a un Vaishya, si le va bien en su comercio; a un Shudra, si no está enfermo.
128. Quien acaba de hacer un sacrificio solemne, por joven que sea, no debe ser llamado por su nombre, sino que quien conozca la ley se servirá, para dirigirle la palabra, de la interjección «¡Oh!» o del vocablo «¡Señor!».
129. Hablando a la esposa de otro o a una mujer que no le está aliada por la sangre, debe decir: «Señora» o «Buena hermana».
130. A sus tíos maternos y paternos, al padre de su mujer, a los sacerdotes oficiantes (Ritwijs) y a los maestros espirituales (Gurus), cuando son más jóvenes que él, debe decir levantándose: «Soy yo».
131. La hermana de su madre, la mujer de su tío materno, la madre de su mujer y la hermana de su padre tienen derecho a los mismos respetos que la mujer de su maestro espiritual y le son iguales.
132. Debe postrarse todos los días a los pies de la esposa de su hermano si ella es de la misma clase que él y de más edad; pero solo al regreso de un viaje debe ir a saludar a sus parientes paternos y maternos.
133. Con la hermana de su padre o de su madre y con su hermana mayor debe observar la misma conducta que con su madre; no obstante, su madre es más venerable que ellas.
134. La igualdad no desaparece entre ciudadanos de una ciudad por una diferencia de diez años de edad; entre artistas, por cinco años de diferencia; entre Brahmanes versados en el Veda, por una diferencia de tres años; la igualdad solo existe poco tiempo entre los miembros de una misma familia.
135. Un Brahmán de diez años de edad y un Kshatriya llegado a la edad de cien años deben ser considerados como padre e hijo; y de los dos, el Brahmán es el padre y debe ser respetado como tal.
136. La riqueza, el parentesco, la edad, los actos religiosos y, en quinto lugar, la ciencia divina son títulos al respeto; los últimos, por grados, son más recomendables que los que preceden.
137. Todo hombre de las tres primeras clases en quien se notan en mayor número las más importantes de las cinco cualidades honorables tiene mayores derechos al respeto; y aun un Shudra, si ha comenzado la décima década de su edad.
138. Debe cederse el paso a un hombre que está en carro, a un anciano más que nonagenario, a un enfermo, a un hombre que lleva una carga, a una mujer, a un Brahmán que haya terminado sus estudios, a un rey y a un hombre que va a casarse.
139. Pero entre estas personas, si se encuentran reunidas al mismo tiempo, el Brahmán que ha terminado su noviciado y el rey deben ser honrados de preferencia; y de estos dos últimos, el Brahmán debe ser tratado con más respeto que el rey.
140. El Brahmán que, después de haber iniciado a sus discípulos, les hace conocer el Veda con la regla del sacrificio y la parte misteriosa llamada Upanishad, está designado por los sabios con el nombre de instructor principal (Acharya).
141. El que, para ganar su subsistencia, enseña una sola parte del Veda o las ciencias accesorias (Vedangas), es llamado subpreceptor (Upadhyaya).
142. El Brahmán o el padre que cumple según la regla la ceremonia de la concepción y las otras, y que primero da al niño arroz para su alimento, es llamado director o padre espiritual (Guru).
143. El que está adscrito al servicio de alguien para alimentar el fuego sagrado, hacer las oblaciones domésticas, el Agnishtoma y los otros sacrificios, es llamado aquí el capellán (Ritwij) de quien lo emplea.
144. El que, con palabras de verdad, hace penetrar en los oídos la Santa Escritura, debe ser mirado como un padre y como una madre; su alumno no debe nunca causarle aflicción alguna.
145. Un Acharya es más venerable que diez subpreceptores; un padre, más que cien instructores; una madre, más venerable que mil padres.
146. Entre quien da el ser y quien comunica los libros sagrados, el padre más respetable es el que da la santa doctrina; pues el nacimiento espiritual, que consiste en el sacramento de la iniciación y que introduce al estudio del Veda, es para el Dwijo eterno en este mundo y en el otro.
147. Cuando un padre y una madre, uniéndose por amor, dan el ser a un niño, este nacimiento no debe ser considerado sino como puramente humano, puesto que el niño se forma en la matriz.
148. Pero el nacimiento que le procura el Acharya instruido en los Vedas, por medio de la Savitri, es un nacimiento verdadero, exento de vejez y de muerte.
149. Cuando un instructor procura cualquier ventaja a un discípulo, sea esta ligera o considerable, por la comunicación del texto revelado, sépase que está considerado en este código como su padre espiritual (Guru) a causa del beneficio de la santa doctrina.
150. El Brahmán autor del nacimiento espiritual, que enseña el deber, está mirado como el padre de un hombre de edad, según la ley, aun cuando sea niño todavía.
151. Kavi, hijo de Angiras, joven todavía, hizo estudiar la Escritura Santa a sus tíos paternos y a sus primos; «¡Niños!», les decía, pues su saber le daba sobre ellos la autoridad de un maestro.
152. Llenos de resentimiento, fueron a preguntar a los Dioses la causa de esta palabra, y los Dioses, habiéndose reunido, les dijeron: «El niño ha hablado correctamente».
153. En efecto, el ignorante es un niño; el que enseña la doctrina sagrada es un padre; pues los sabios han dado el nombre de niño al hombre iletrado y el de padre al preceptor.
154. No son los años, ni los cabellos blancos, ni las riquezas, ni los parientes lo que constituye la grandeza; los santos han establecido esta ley: «El que conoce los Vedas y los Angas es grande entre nosotros».
155. La preeminencia está regulada por el saber entre los Brahmanes, por el valor entre los Kshatriyas, por las riquezas en granos y mercaderías entre los Vaishyas, y por la prioridad de nacimiento entre los Shudras.
156. Un hombre no es viejo porque encanezca su cabeza; aquel que, siendo todavía joven, ha leído ya la Santa Escritura, es mirado por los Dioses como un hombre entrado en años.
157. Un Brahmán que no ha estudiado los Libros Sagrados es comparable a un elefante de madera o a un ciervo de cuero; los tres no llevan sino un vano nombre.
158. Así como la unión de un eunuco con mujeres es estéril, como una vaca es estéril con otra vaca y como el don hecho a un ignorante no produce fruto, así también un Brahmán que no ha leído los Vedas no recoge los frutos que consigue el cumplimiento de los deberes prescritos.
159. Toda instrucción que tiene por objeto el bien debe ser comunicada sin maltratar a los discípulos, y el maestro que desee ser justo debe emplear palabras dulces y agradables.
160. Aquel cuyo lenguaje y espíritu son puros y perfectamente medidos en toda circunstancia, recoge todas las ventajas unidas al conocimiento del Vedanta.
161. No debe mostrarse jamás mal humor aunque se esté afligido, ni tratar de dañar a nadie, ni siquiera concebir la idea de ello; no se debe proferir palabra que pudiera herir a alguien y que cerraría la entrada al cielo a quien la hubiera pronunciado.
162. Que el Brahmán tema constantemente a todo honor mundano como a veneno, y que siempre desee el desprecio al igual que la ambrosía.
163. En efecto, aunque despreciado, se duerme y se despierta apaciblemente, vive feliz en este mundo; mientras que el hombre desdeñoso no tarda en perecer.
164. El Dwijo cuya alma ha sido purificada por la sucesión regular de las ceremonias mencionadas debe, mientras permanece con su maestro espiritual, entregarse gradualmente a las prácticas piadosas que preparan al estudio de los Libros Sagrados.
165. Después de haberse sometido a las diferentes prácticas de devoción, así como a las observancias piadosas que prescribe la ley, el Dwijo debe dedicarse a la lectura del Veda entero y de los tratados misteriosos.
166. Que el Brahmán que quiere entregarse a las austeridades se aplique sin cesar al estudio del Veda, pues el estudio de la Escritura Santa está reconocido en este mundo como el acto de devoción más importante para un Brahmán.
167. En verdad, somete su cuerpo a las austeridades más meritorias, aun cuando lleve una guirnalda, el Dwijo que se dedica cada día con todo tesón a la lectura de los Libros Sagrados.
168. El Dwijo que, sin haber estudiado el Veda, se entrega a otra ocupación, se ve rebajado pronto, durante su vida, a la condición de Shudra, lo mismo que todos sus descendientes.
169. El primer nacimiento del hombre regenerado (Dwijo) ocurre en el vientre de su madre; el segundo, cuando la investidura del cinturón y del cordón; el tercero, al celebrarse el sacrificio; tal es la declaración del Texto Revelado.
170. De los tres nacimientos, en aquel que lo introduce al conocimiento de la Santa Escritura y que se distingue por el cinturón y el cordón que se atan, la Savitri es su madre y el instructor su padre.
171. El instructor (Acharya) es llamado padre suyo por los legisladores porque le enseña el Veda, pues no se permite acto piadoso alguno a un joven antes de que haya recibido el cordón sagrado.
172. Hasta entonces, que se abstenga de pronunciar fórmula sagrada alguna, excepto la exclamación Swadha, dirigida a los Manes durante el servicio fúnebre, pues no difiere de un Shudra hasta el momento en que es regenerado por el Veda.
173. Cuando ha recibido la iniciación, se exige de él que se someta a las reglas establecidas y que estudie por orden la Santa Escritura, observando antes los usos instituidos.
174. El manto de piel, el cordón, el cinturón, el bastón y el vestido determinados para cada estudiante según la clase, deben renovarse cuando se hallen deteriorados.
175. Que el novicio que permanece en casa de su director se conforme a las observancias piadosas sometiendo todos sus órganos, a fin de aumentar su devoción.
176. Que todos los días, después de haberse bañado, cuando esté bien puro, haga una libación de agua fresca a los Dioses, a los Santos y a los Manes; que honre a las Divinidades y alimente el fuego sagrado.
177. Que se abstenga de miel, de carne, de perfumes, de guirnaldas, de jugos sabrosos extraídos de los vegetales, de mujeres, de toda sustancia dulce tornada ácida, y de malos tratamientos para con los seres animados;
178. De sustancias untuosas para su cuerpo, de colirio para sus ojos, de llevar zapatos y parasol; que se abstenga de los deseos sensuales, de la cólera, de la codicia, de la danza, del canto y de la música;
179. Del juego, de las querellas, de la maledicencia, de la impostura, de mirar o besar a las mujeres con amor, y de dañar al prójimo.
180. Que se acueste siempre aparte y que no esparza su simiente; en efecto, si cede al deseo, si esparce su simiente, contraviene la regla de su orden y debe hacer penitencia.
181. El Dwijo novicio que, durante su sueño, ha dejado escapar involuntariamente su licor seminal, debe bañarse, adorar al sol y después repetir tres veces la fórmula: «Que vuelva a mí mi simiente».
182. Que traiga para su instructor agua en un vaso, flores, boñiga de vaca y la hierba Kusa en la cantidad que pueda necesitar, y que todos los días vaya a mendigar su alimento.
183. Que el novicio tenga cuidado de ir a pedir cada día su alimento a las casas de las personas que no descuidan el cumplimiento de los sacrificios prescritos por el Veda y que tienen renombre de cumplir con sus deberes.
184. No debe mendigar a la familia de su director, ni en casa de sus parientes paternos y maternos; si le está cerrado el acceso a otras casas, debe, sobre todo, evitar a las primeras personas en ese orden.
185. O que recorra como mendigo todo el pueblo (si no se encuentra allí a ninguna de las personas arriba mencionadas) en estado de perfecta pureza y guardando silencio; pero que evite a las personas difamadas y culpables de grandes faltas.
186. Que habiendo traído leña de un lugar apartado, la deposite al aire libre, y que tarde y mañana se sirva de ella para hacer una oblación al fuego, sin faltar jamás a ello.
187. Cuando, sin estar enfermo, ha descuidado por siete días seguidos el recoger limosna y alimentar con leña el fuego sagrado, debe sufrir la penitencia prescrita para el que ha violado sus votos de castidad.
188. Que el novicio no deje nunca de mendigar y que no reciba su alimento de una sola y misma persona; vivir de limosna está considerado tan meritorio para el discípulo como ayunar.
189. No obstante, si está invitado a una ceremonia en honor de los Dioses o de los Manes, puede comer el alimento dado por una sola persona, conformándose como un devoto ascético; entonces no está infringida su regla.
190. Pero, al decir de los sabios, este caso no es aplicable sino a un Brahmán, y de ningún modo puede convenir a un Kshatriya o a un Vaishya.
191. Reciba o no la orden de su instructor, el novicio debe aplicarse con celo al estudio y tratar de satisfacer a su venerable maestro.
192. Señoreando su cuerpo, su voz, sus órganos de los sentidos y su espíritu, debe tener juntas las manos y los ojos fijos en su director.
193. Que siempre tenga descubierta la mano derecha; que su actitud sea decente, su vestido correcto y que cuando reciba invitación a sentarse se siente enfrente de su padre espiritual.
194. Que su alimento, sus vestidos y su adorno sean siempre muy mezquinos en presencia de su director; debe levantarse antes que él y recogerse después de él.
195. No debe responder a las órdenes de su padre espiritual o conversar con él acostado, ni sentado, ni comiendo, ni de lejos, ni mirando a otro lado.
196. Que lo haga de pie, cuando esté sentado su director; dirigiéndose a él cuando se ha detenido; yendo a su encuentro, si camina; corriendo tras de él, cuando corre;
197. Yendo a colocarse frente a él, cuando está alejado; inclinándose si está acostado o detenido cerca de él.
198. Su lecho y su asiento deben ser siempre muy bajos cuando se encuentra en presencia de su director; y aun, mientras esté al alcance de sus miradas, no debe sentarse muy cómodamente.
199. Que no pronuncie jamás el nombre de su padre espiritual pura y simplemente, aun en ausencia suya, y que nunca remede su manera de caminar, su lenguaje y sus gestos.
200. En cualquier parte en que se pronuncien decires maldicientes o calumniosos sobre su director, debe taparse los oídos o irse a otra parte.
201. Si habla mal de su director, se tornará en asno después de su muerte; si lo calumnia, se tornará perro; si goza de sus bienes sin su permiso, en insecto; si lo mira con ojos envidiosos, en gusano.
202. No debe hacerle homenajes por intermedio de otra persona cuando está lejos de él pudiendo venir él mismo, ni cuando está con cólera, ni en presencia de una mujer; que si está en coche o en un sitial, baje a saludar a su padre espiritual.
203. Que no se siente con su director contra el viento o bajo el viento, y no diga nada cuando no esté a distancia de poder ser oído por él.
204. Puede sentarse con su venerable maestro en un carro arrastrado por bueyes, caballos o camellos, sobre una terraza, sobre un lugar pavimentado, sobre una estera de hierba tejida, sobre una roca, en un banco de madera, en un barco.
205. Cuando el director de su director está presente, que se conduzca con él como con su propio director; y no puede saludar a aquellos de sus parientes que tienen derecho a su respeto sin que se lo haya pedido su maestro espiritual.
206. Tal es igualmente la conducta que debe observar constantemente con los preceptores que le enseñan la santa doctrina, con sus parientes del lado paterno, como su tía; con las personas que lo alejan del error y le dan buenos consejos.
207. Que siempre se comporte con los hombres virtuosos como con su director, y que haga lo mismo tratándose de los hijos de su director, si son respetables por su edad, así como tratándose de los parientes paternos de su venerable maestro.
208. El hijo de su maestro espiritual, ya sea más joven, ya de la misma edad que él, o estudiante, si está en estado de enseñar la santa doctrina, tiene derecho a los mismos homenajes que el director cuando está presente durante el sacrificio, sea como celebrante, sea como simple asistente.
209. Pero no debe untar perfumes al cuerpo del hijo de su director, servirlo durante el baño, comer sus restos ni lavarle los pies.
210. Las mujeres de su director, cuando son de la misma clase, deben ser honradas como él; pero si pertenecen a una clase diferente, el novicio no les debe otro homenaje que levantarse y saludarlas.
211. Que el discípulo no se encargue de los cuidados que consisten en esparcir sobre la mujer de su director aceite odorífero, en servirla durante el baño, en frotar sus miembros o en disponer su cabellera con arte.
212. No debe tampoco postrarse delante de una joven esposa de su venerable maestro tocando sus pies con respeto, si tiene veinte años cumplidos y sabe distinguir el bien y el mal.
213. Está en la naturaleza del sexo femenino el tratar de corromper aquí abajo a los hombres, y por esta razón los sabios no se abandonan jamás a las seducciones de las mujeres.
214. En efecto, una mujer puede en este mundo apartar del camino recto no solamente al insensato, sino también al hombre dotado de experiencia, y someterlo al juego del amor y de la pasión.
215. No debe permanecer en lugar apartado con su madre, su hermana o su hija; los sentidos reunidos son bastante poderosos y arrastran al hombre más juicioso.
216. Pero un alumno, si él mismo es joven, puede, siguiendo el uso prescrito, postrarse hasta el suelo delante de las jóvenes esposas de su director, diciendo: «Soy fulano».
217. Al volver de un viaje, el joven novicio debe tocar respetuosamente los pies de las mujeres de su padre espiritual y cada día postrarse ante ellas, observando así los usos de las gentes de bien.
218. Del mismo modo que un hombre que cava con una pala llega a una fuente de agua, así también el alumno que es atento y dócil llega a adquirir la ciencia que esconde el espíritu de su padre espiritual.
219. Que tenga la cabeza afeitada o los cabellos largos y colgantes, o reunidos en haz en lo alto de la cabeza; que jamás el sol, cuando se pone o se levanta, lo encuentre durmiendo en el pueblo.
220. Pues si el sol se levanta o se pone sin que él lo sepa mientras se entrega con sensualidad al sueño, debe ayunar un día entero, repitiendo en voz baja la Savitri.
221. Quien se acuesta y se levanta sin atenerse al sol y no sufre esta penitencia, se hace culpable de una gran falta.
222. Después de haber hecho su ablución, en estado de pureza, perfectamente recogido y colocado en un lugar exento de manchas, el discípulo debe cumplir, siguiendo la regla, el deber piadoso al levantarse y ponerse al sol, recitando en voz baja la Savitri.
223. Si una mujer o un Shudra tratan por cualquier medio de obtener el soberano bien, que a ello se apliquen con ardor o que hagan lo que mejor les plazca y que autorice la ley.
224. Al decir de algunos hombres sensatos, este soberano bien consiste en la virtud y la riqueza; o según otros, en el placer y la riqueza; o según otros todavía, en la virtud sola; o según otros, en fin, en la riqueza; pero es la reunión de los tres lo que constituye el verdadero bien: tal es la decisión formal.
225. Un institutor es la imagen del ser Divino (Brahma); un padre, la imagen del Señor de las criaturas (Prajapati); una madre, la imagen de la tierra; un hermano, la imagen del alma.
226. Un institutor, un padre, una madre y un hermano mayor no deben ser jamás tratados con desprecio, sobre todo por un Brahmán, aun cuando haya sido molestado por ellos.
227. Varios cientos de años no podrían formar la compensación de las penas que soportan una madre y un padre para dar nacimiento a sus hijos y educarlos.
228. Que el joven haga constantemente y en toda ocasión lo que pueda complacer a sus padres, así como a su institutor; cuando estas tres personas están satisfechas, todas las prácticas devotas se hacen con felicidad y obtienen recompensa.
229. Una sumisión respetuosa a las voluntades de estas tres personas está declarada como la más eminente devoción y, sin su permiso, el discípulo no debe cumplir ningún otro deber piadoso.
230. En efecto, ellas representan los tres mundos, las tres otras órdenes, los tres Libros Santos, los tres fuegos sagrados.
231. El padre es el fuego sagrado perpetuamente alimentado por el dueño de casa (Garhapatya); la madre, el fuego de las ceremonias (Dakshinagni); el institutor, el fuego del sacrificio (Ahavaniya); esta tríada de fuegos merece la más grande veneración.
232. Quien no los descuida, cuando llegue a ser dueño de la casa, alcanzará el imperio de los tres mundos, brillará su cuerpo de un puro resplandor y gozará en el cielo de una felicidad divina.
233. Por el respeto a su madre obtiene este bajo mundo; por el respeto a su padre, el mundo intermediario, el de la atmósfera; por la sumisión a las órdenes de su director, llega al mundo celeste de Brahma.
234. Quien respeta a estas tres personas respeta todos sus deberes y obtiene la recompensa de ellos; pero para quien descuida el honrarlos, toda obra pía no tiene fruto.
235. Mientras estas tres personas vivan, no debe ocuparse voluntariamente de ningún otro deber; pero manifiésteles siempre una sumisión respetuosa, dedicándose a darles gusto y a servirlos.
236. Cualquiera que sea el deber que cumpla en pensamiento, en palabra o en acto, sin faltar a la obediencia que les debe, con miras que conciernen al otro mundo, debe venir, cuando lo haya cumplido, a declarárselo a ellos.
237. Por el homenaje rendido a estas tres personas únicamente están perfectamente cumplidos todos los actos prescritos al hombre por la Santa Escritura y la Ley; es el primer deber, evidentemente; llámese secundario a todo otro deber.
238. Quien posee la fe puede recibir una ciencia útil aun de un Shudra, el conocimiento de la principal virtud del hombre vil, y la perla de las mujeres de una familia despreciada.
239. Puede separarse la ambrosía (Amrita) del mismo veneno, y retirarla cuando se encuentra mezclada con él; puede recibirse un buen consejo de un niño, aprenderse de un enemigo a conducirse bien, y extraerse oro de una sustancia impura.
240. Las mujeres, las piedras preciosas, la ciencia, la virtud, la pureza, un buen consejo y las diferentes artes liberales deben recibirse de donde vengan.
241. En caso de necesidad, está ordenado el estudiar la Santa Escritura bajo un institutor que no sea Brahmán, y el alumno debe servirlo con respeto y sumisión mientras dure la enseñanza.
242. Que el novicio no permanezca toda su vida al lado de un director que no pertenece a la clase sacerdotal o de un Brahmán que no conoce los libros santos y las ciencias accesorias, si quiere obtener la suprema felicidad, la liberación final.
243. No obstante, si desea quedarse hasta el fin de su vida en casa de su maestro espiritual, que lo sirva celosamente hasta la separación de su alma y de su cuerpo.
244. Quien se somete dócilmente a la voluntad de su director hasta el término de su existencia, se eleva inmediatamente después a la eterna mansión del ser divino.
245. El novicio que conoce su deber no debe hacer don alguno a su director antes de su partida, sino en el momento en que, despedido por él, está a punto de realizar la ceremonia del baño (Samavartana); debe ofrecerle cuantos presentes pueda a su venerable maestro.
246. Que le dé un campo, oro, una vaca, un caballo, un parasol, zapatos, un sitial, arroz, hierbas o vestidos, para ganarse el afecto de su director.
247. Después de la muerte de su institutor, el discípulo que quiere pasar su vida en el noviciado debe conducirse con el hijo de su director, si es virtuoso, o con su esposa o con uno de sus parientes del lado paterno, como si se tratara de su venerable maestro.
248. Que si no vive ninguna de estas personas, entre en posesión de la morada, del asiento y del lugar de los ejercicios religiosos de su maestro espiritual; que alimente el fuego con el mayor cuidado y que trate de hacerse digno de la liberación final.
249. El Brahmán que continúa así su noviciado sin faltar a sus votos alcanza la condición suprema y no renace en la tierra.
LIBRO III: El Matrimonio, el Hogar (Grihastha) y los Ritos Fúnebres (Sraddha)
1. El estudio de los Vedas, prescrito al novicio en la casa de su director, debe durar treinta y seis años o la mitad o la cuarta parte de este tiempo, en fin, hasta el momento en que los comprenda perfectamente.
2. Después de haber estudiado por orden una rama (Sakha) de cada uno de los Libros Sagrados o de los dos, o aun de uno solo, quien no ha infringido jamás las reglas del noviciado puede entrar a la orden de los dueños de casa (Grihasthas).
3. Famoso por el cumplimiento de sus deberes, habiendo recibido de su padre natural o de su padre espiritual el presente de la Santa Escritura, el que ha estudiado bajo su dirección debe ser gratificado por él antes de su matrimonio con el don de una vaca, estando adornado con una guirnalda y sentado sobre un sitial elevado.
4. Habiendo recibido el asentamiento de su director y purificado con un baño según la regla, el Dwijo cuyos estudios han terminado se desposará con una mujer de su misma clase y provista de signos convenientes.
5. La que no desciende de uno de sus abuelos maternos o paternos hasta el sexto grado, y que no pertenece a la familia de su padre o de su madre por un origen común probado por el nombre de familia, conviene perfectamente a un hombre de las tres primeras clases para el matrimonio y la unión carnal.
6. Debe evitar, uniéndose a una esposa, las diez familias siguientes, aun cuando fueran muy considerables y muy ricas en vacas, cabras, ovejas, bienes y granos, a saber:
7. La familia en que no se frecuentan los sacramentos, la que no produce hijos varones, aquella en que no se estudia la Santa Escritura, aquellas cuyos miembros tienen el cuerpo cubierto de largos pelos o sufren almorranas, tisis, dispepsia, epilepsia, lepra blanca o elefantiasis.
8. Que no se case con una muchacha que tenga los cabellos rojizos o que posea un miembro de más, que esté a menudo enferma o que tenga vellos, sea demasiado velluda o insoportable por su habladuría, o que tenga los ojos rojos;
9. O que lleve el nombre de una constelación, de un árbol, de un río, de un pueblo bárbaro, de una montaña, de un pájaro, de una serpiente o de un esclavo, o cuyo nombre recuerde un objeto espantoso.
10. Que escoja una mujer bien formada, cuyo nombre sea agradable, que tenga el modo de caminar gracioso de un cisne o de un pequeño elefante, cuyo cuerpo esté revestido de ligero vello, cuyos cabellos sean finos, cuyos dientes sean pequeños y cuyos miembros sean de una dulzura encantadora.
11. Un hombre sensato no debe desposarse con una muchacha que no tenga hermano o cuyo padre no es conocido, por el temor, en el primer caso, de que le sea concedida por el padre solo con el intento de adoptar el hijo que ella podría tener, o, en el segundo caso, de contraer un matrimonio ilícito.
12. Está ordenado a los Dwijos el que tomen mujer de su clase en el primer matrimonio; pero cuando el deseo los lleva a casarse de nuevo, deben preferirse las mujeres según el orden natural de clases.
13. Un Shudra no debe tener por mujer sino a una Shudra; un Vaishya puede escoger en la clase servil y en la suya; un Kshatriya, en las dos clases mencionadas y en la suya propia; un Brahmán, en estas tres clases y en la clase sacerdotal.
14. No se menciona en ninguna historia antigua el que un Brahmán o un Kshatriya, aun en caso de miseria, haya tomado como primera mujer a una moza de la clase servil.
15. Los Dwijos bastante insensatos para desposarse con una mujer de la última clase rebajan pronto a sus familias y a su prole a la condición de los Shudras.
16. El que se casa con una Shudra, si forma parte de la clase sacerdotal, degradado queda inmediatamente, según Atri y el hijo de Utathya; al nacerle un hijo, si pertenece a la clase militar, al decir de Saunaka; cuando este hijo tiene un hijo varón, si es de la clase comercial, según Bhrigu.
17. El Brahmán que introduce en su lecho a una Shudra desciende a la mansión infernal; si tiene un hijo de ella, es despojado de su calidad de Brahmán.
18. Cuando un Brahmán se hace asesorar por una Shudra en las ofrendas a los Dioses, las oblaciones a los Manes y los deberes hospitalarios, los Dioses y los Manes no comen lo que les es ofrecido y él mismo no obtiene el cielo como recompensa de la hospitalidad.
19. Para aquel cuyos labios están manchados por los de una Shudra, que está manchado por su aliento y que tiene en ella un hijo, la ley no establece ninguna expiación.
20. Ahora conoced sucintamente los ocho modos de matrimonio que se usan en las cuatro clases; unos buenos, otros malos en este mundo y en el otro:
21. El modo de Brahma, el de los Dioses (Devas), el de los Santos (Rishis), el de los Creadores (Prajapatis), el de los malos Genios (Asuras), el de los Músicos celestes (Gandharvas), el de los Gigantes (Rakshasas); en fin, el último y más vil, el de los Vampiros (Pishachas).
22. Voy a explicaros enteramente cuál es el modo legal para cada clase, cuáles son las ventajas o las desventajas de cada modo y las buenas o malas cualidades de los niños que provienen de ellos.
23. Sépase que los seis primeros matrimonios en el orden enunciado se permiten a un Brahmán; los cuatro últimos, a un Kshatriya; los mismos, a un Vaishya o a un Shudra, con excepción del modo de los Gigantes.
24. Hay legisladores que consideran convenientes para un Brahmán solo los cuatro primeros; que no asignan al Kshatriya sino el modo de los Gigantes; al Vaishya y al Shudra, solo el de los malos Genios.
25. Pero aquí, entre los cinco últimos matrimonios, tres están reconocidos como legales y dos como ilegales; el modo de los Vampiros y el de los malos Genios no deben ponerse en práctica jamás.
26. Ya sean separados, ya reunidos, los matrimonios antes enunciados, el de los Músicos celestes y el de los Gigantes, están permitidos al Kshatriya por la ley.
27. Cuando un padre, después de haber dado a su hija un vestido y adornos, la concede a un hombre versado en la Santa Escritura y virtuoso, a quien él mismo ha invitado y a quien recibe honrosamente, se dice que este matrimonio legal es el de Brahma.
28. El modo llamado Divino por los sabios es aquel por el que, habiendo comenzado la celebración de un sacrificio, un padre, después de haber adornado a su hija, la concede al sacerdote que oficia.
29. Cuando, según la regla, un padre concede la mano de su hija después de haber recibido del pretendiente una vaca y un toro o dos parejas semejantes, para la celebración de una ceremonia religiosa o para darlos a su hija, pero no como gratificación, se llama este modo el de los Santos.
30. Cuando un padre casa a su hija con los honores convenientes, diciendo: «Practicad los dos juntos los deberes prescritos», este modo está declarado el de las Criaturas (Prajapatya).
31. Si el pretendiente recibe con plena satisfacción la mano de una hija haciendo presentes según sus facultades a los padres y a la joven, se llama este matrimonio el de los malos Genios (Asura).
32. La unión de una joven y de un joven como resultado de su voto mutuo se llama matrimonio de los Músicos celestes (Gandharva); nacida del deseo, tiene por fin los placeres del amor.
33. Cuando se rapta por fuerza de la casa paterna a una joven que pide auxilio y que llora, después de haber asesinado o herido a cuantos quieren oponerse a esta violencia y haber abierto brecha en los muros, se llama este modo el de los Gigantes (Rakshasa).
34. Cuando un amante se introduce secretamente junto a una mujer dormida o embriagada por un licor espirituoso, o cuya razón está extraviada, este execrable matrimonio, llamado el modo de los Vampiros (Pishacha), es el octavo y el más vil.
35. Conviene que el don en matrimonio de una moza sea precedido en la clase sacerdotal de libaciones de agua; pero en las otras clases, la ceremonia tiene lugar según el deseo de cada uno.
36. Aprended ahora, ¡oh Brahmanes!, por la exposición completa que de ellos voy a haceros, las cualidades asignadas por Manu a cada uno de estos matrimonios.
37. Si el hijo nacido de mujer casada según el modo Brahma se entrega a la práctica de las obras piadosas, libra del pecado a diez de sus antepasados, a diez de sus descendientes y a sí mismo como vigésimo primero.
38. Quien debe el ser a una mujer casada según el modo Divino salva a siete personas de su familia en línea ascendente y en la línea descendente; el que ha nacido de un matrimonio según el modo de los Santos salva a tres; y el que proviene de la unión conyugal celebrada según el modo de los Creadores rescata a seis de ellos.
39. De los cuatro primeros matrimonios, siguiendo el orden, comenzando por el modo de Brahma, nacen hijos que brillan con el resplandor de la ciencia divina, estimados por los hombres virtuosos.
40. Dotados de un físico agradable y de la cualidad de bondad, opulentos, ilustres, que gozan de todos los placeres, exactos en el cumplimiento de sus deberes y que viven cien años.
41. Pero los cuatro otros malos matrimonios que quedan producen hijos crueles, mentirosos, que tienen en horror a la Santa Escritura y a los deberes que ella prescribe.
42. De los matrimonios irreprochables nace una posteridad irreprochable; de los matrimonios reprensibles, una posteridad despreciable; deben, pues, evitarse los matrimonios dignos de desprecio.
43. Está ordenada la ceremonia de la unión de las manos cuando las mujeres son de la misma clase que sus maridos; cuando pertenecen a otra clase, he aquí la regla que es preciso seguir en la ceremonia del matrimonio:
44. Una moza de la clase militar que se casa con un Brahmán debe coger una flecha, la que su marido debe al mismo tiempo tocar con la mano; una moza de la clase comerciante, si se casa con un Brahmán o un Kshatriya, debe coger un aguijón; una joven Shudra, el borde de un manto, cuando se une a un hombre de una de las tres clases superiores.
45. Que el marido se aproxime a su mujer en la estación favorable al ahijamiento, anunciada por el flujo menstrual, y que esté siempre fielmente ligado a ella; aun en cualquier otro tiempo, con excepción de los días lunares prohibidos, puede acercársele con amor, seducido por la atracción de la voluptuosidad.
46. Diez días y dieciséis noches, cada mes, a partir del momento en que aparece la sangre, con cuatro días distintos prohibidos por las gentes de bien, forman lo que se llama la estación natural de las mujeres.
47. De estas dieciséis noches, las cuatro primeras están prohibidas, así como la undécima y la decimotercera; las diez otras noches están permitidas.
48. Las noches pares, entre estas diez últimas, son favorables a la procreación de los hijos, y las noches impares a la de las hijas; en consecuencia, quien desea un hijo debe acercarse a su mujer en la estación favorable y en las noches pares.
49. No obstante, un hijo varón es engendrado si la simiente del hombre está en mayor cantidad; cuando ocurre lo contrario, es una hija; una cooperación igual produce un eunuco, o un varón y una mujer; en caso de debilidad o de agotamiento hay esterilidad.
50. Quien durante las noches prohibidas y durante otras ocho se abstiene del comercio conyugal es tan casto como un novicio, cualquiera que sea la orden en que se encuentre, en la de dueño de casa o en la de anacoreta.
51. Un padre que conoce la ley no debe recibir la menor gratificación al casar a su hija; pues al hombre que por avaricia acepta semejante gratificación se le considera como si hubiera vendido a su hija.
52. Cuando los padres, por extravío de espíritu, entran en posesión de los bienes de una mujer, de sus carruajes o de sus vestidos, descienden estos malvados a la mansión infernal.
53. Algunos hombres instruidos dicen que el presente de una vaca y de un toro hecho por el pretendiente en el matrimonio según el modo de los Santos es una gratificación dada al padre; pero no tienen razón: toda gratificación, ligera o considerable, recibida por un padre al casar a su hija constituye una venta.
54. Cuando los padres no se apropian los presentes que están destinados a la joven, no es venta; es, simplemente, una galantería hecha a la joven esposa y un testimonio del afecto.
55. Las mujeres casadas deben ser colmadas de atenciones y de presentes por sus padres, sus hermanos, sus maridos y los hermanos de sus maridos, cuando estos desean larga prosperidad.
56. Donde se honra a las mujeres, están satisfechas las Divinidades; pero cuando no se las honra, son estériles todos los actos piadosos.
57. Toda familia en que las mujeres viven afligidas no tarda en extinguirse; pero cuando no son desgraciadas, la familia aumenta y prospera en toda circunstancia.
58. Las casas malditas por las mujeres de una familia a las cuales no se les han rendido los homenajes debidos se destruyen enteramente, como si fueran destruidas por un sacrificio mágico.
59. Por lo que los hombres que tienen deseos de riqueza deben tener consideraciones con las mujeres de su familia, darles adornos, vestidos y manjares escogidos, en tiempo de las fiestas y de las ceremonias solemnes.
60. En toda familia en que el marido se complace con su mujer y la mujer con su marido, está asegurada para siempre la felicidad.
61. En verdad, si una mujer no está adornada de brillante manera, no hará nacer la alegría en el corazón de su esposo; y si el marido no siente alegría, el matrimonio quedará estéril.
62. Cuando una mujer brilla por su adorno, toda su familia igualmente resplandece; pero si ella no resplandece, la familia no goza de brillo alguno.
63. Contrayendo matrimonios reprensibles, omitiendo las ceremonias sagradas, descuidando el estudio de la Escritura Santa y faltando al respeto a los Brahmanes, las familias caen en envilecimiento.
64. Ejerciendo las artes, como la pintura; dedicándose a tráficos como la usura; procreando hijos solo con mujeres Shudras; comerciando en vacas, caballos y carruajes; labrando la tierra o sirviendo a un rey;
65. Sacrificando para los que no tienen derecho de ofrecer sacrificios y negando la recompensa futura de las buenas acciones, las familias que abandonan el estudio de los Libros Santos se destruyen rápidamente.
66. Pero, por el contrario, las que poseen las ventajas que procura el estudio de los Libros Sagrados, aunque tengan poco bien, se cuentan en el número de las familias honorables y adquieren gran renombre.
67. Que el dueño de casa haga con el fuego nupcial, según la regla prescrita, las ofrendas domésticas de la tarde y de la mañana y las de las cinco grandes oblaciones que deben ser cumplidas con este fuego y el cocido diario de los alimentos.
68. El jefe de la familia tiene cinco lugares o utensilios que pueden causar la muerte de animalitos, a saber: el atrio, la piedra de moler, la escoba, el mortero y el pilón, y el cántaro de agua; al emplearlos está ligado por el pecado.
69. Pero para la expiación de las faltas involuntarias que resultan del empleo de estos objetos mencionados en orden, han instituido los Maharshis cinco grandes ofrendas (Maha-Yajnas), que deben hacer cada día los dueños de casa:
70. En la acción de recitar, de leer y de enseñar consiste la adoración del Veda (Brahma-Yajna); la libación de agua es la ofrenda a los Manes (Pitri-Yajna); la mantequilla líquida esparcida en el fuego es la ofrenda a las Divinidades (Deva-Yajna); el arroz o cualquier alimento dado a las criaturas vivas es la ofrenda a los espíritus (Bhuta-Yajna); el cumplimiento de los deberes hospitalarios es la ofrenda a los hombres (Nri-Yajna).
71. Quien no descuida estas cinco grandes oblaciones, en cuanto está en su poder, no se mancha con los pecados que causa el empleo de los utensilios mortíferos, aun permaneciendo siempre en su casa;
72. Pero quien no tiene consideraciones para con cinco clases de personas, a saber: los Dioses, los huéspedes, las personas de que debe cuidar, los Manes y él mismo, no vive, aunque respire.
73. Se les ha llamado también a las cinco oblaciones: adoración sin ofrenda (Ahuta), ofrenda (Huta), ofrenda excelente (Prahuta), ofrenda divina (Brahmyahuta) y buena comida (Prasita).
74. La adoración sin ofrenda es el recitado y la lectura de la Santa Escritura; la ofrenda es la acción de arrojar mantequilla clarificada al fuego; la ofrenda excelente es el alimento dado a los Espíritus; la ofrenda divina es el respeto para con los Brahmanes; y la buena comida es el agua o el arroz presentado a los Manes.
75. Que el dueño de la casa cumpla siempre con leer la Escritura Santa y con hacer la ofrenda a los Dioses, pues si hace con exactitud esta ofrenda, sostiene a este mundo con los seres móviles e inmóviles que encierra.
76. La ofrenda de mantequilla clarificada, arrojada de manera conveniente en el fuego, se eleva al sol en vapor; del sol baja en lluvia; de la lluvia nacen los vegetales alimenticios; de estos vegetales sacan su sustento las criaturas.
77. Del mismo modo que todos los seres animados no viven sino con ayuda del aire, así también todas las órdenes no viven sino por la ayuda del dueño de casa.
78. Por la razón de que los hombres de las tres otras órdenes están todos los días sostenidos por el dueño de casa merced a los santos dogmas y a los alimentos que de él reciben, por esto la orden del jefe de la familia es la más eminente.
79. Que, en consecuencia, quien desee gozar de una felicidad inalterable en el cielo y ser siempre feliz aquí abajo cumpla con el mayor cuidado los deberes de su orden; los hombres que no tienen imperio sobre sus sentidos no son capaces de cumplir estos deberes.
80. Los Santos, los Manes, los Dioses, los Espíritus y los huéspedes piden a los jefes de familia las oblaciones prescritas; el hombre que conoce su deber debe satisfacerlos.
81. Que honre a los Santos recitando la Santa Escritura; a los Dioses, con oblaciones al fuego según la ley; a los Manes, con servicios fúnebres (Sraddhas); a los hombres, presentándoles alimentos; a los Espíritus, dando alimentos a los seres animados.
82. Que haga todos los días una ofrenda (Sraddha) con arroz o con otro grano o con agua o con leche, raíces y frutas, a fin de atraer a sí la benevolencia de los Manes.
83. Puede convidar a un Brahmán a aquella de las cinco oblaciones que se realiza en honor de los Manes; pero no debe admitir a nadie en la que está dirigida a todos los Dioses.
84. Después de haber preparado el alimento destinado a ser ofrecido a todos los Dioses, que haga el Dwijo todos los días, en el fuego doméstico, la oblación (Homa) a las siguientes Divinidades, con las ceremonias usuales:
85. Desde luego a Agni y Soma separadamente, después a los dos juntos; en seguida a los Dioses congregados (Viswe-Devas) y a Dhanwantari;
86. A Kuhu, a Anumati, al Señor de las criaturas (Prajapati), a Dyava y a Prithivi, y en fin, al fuego del buen sacrificio.
87. Que después de haber hecho así la ofrenda de la mantequilla y del arroz en un profundo recogimiento, vaya hacia cada una de las cuatro regiones celestes, caminando del este al sur y así sucesivamente, y que dirija la oblación (Bali) a Indra, Yama, Varuna y Kubera, así como a los Genios que forman su acompañamiento.
88. Que arroje arroz cocido en su puerta, diciendo: «Adoración a los Vientos (Maruts)»; al agua, diciendo: «Adoración a las Divinidades de las ondas»; sobre su mano de mortero y su mortero, diciendo: «Adoración a las Divinidades de los bosques».
89. Que rinda homenaje a Sri, del lado del noreste, junto a su almohada; a Bhadrakali, hacia el sudoeste, al pie de su lecho; a Brahma y a Vastospati, en medio de su mansión.
90. Que arroje al aire su ofrenda a los Dioses congregados (Viswes); que la haga de día a los Espíritus que caminan de día, y durante la noche a los que caminan de noche.
91. En el piso superior de su habitación, o tras ella, debe hacer una oblación por la prosperidad de todos los seres, y ofrecer todo el resto a los Manes, con el semblante vuelto hacia el mediodía.
92. Debe arrojar al suelo poco a poco la parte de alimento destinada a los perros, a los hombres degradados, a los alimentadores de perros, a los que están atacados de elefantiasis o de consunción pulmonar, a las cornejas y a los gusanos.
93. El Brahmán que honra así constantemente a todos los seres llega a la eterna mansión, bajo forma resplandeciente, por un camino directo.
94. Que, después de haber cumplido de tal manera el acto de las oblaciones, ofrezca alimentos a su huésped antes que a cualquier otro, y dé limosna al novicio mendigo, según la regla, dándole una medida de arroz equivalente a un bocado.
95. Cualquiera que sea la recompensa que obtenga un discípulo por la obra meritoria de haber dado una vaca a su padre espiritual, según la ley, el Dwijo dueño de casa obtiene la misma recompensa por haber dado una medida de arroz al novicio mendigo.
96. Que cuando solo tenga preparado poco arroz dé solamente una medida, después de haberla condimentado, o que dé un vaso de agua guarnecido de flores y de frutos a un Brahmán que conoce el verdadero sentido de los Libros Santos, después de haberlo honrado según la regla.
97. Las ofrendas hechas a los Dioses y a los Manes por hombres ignorantes no producen fruto alguno cuando, en su extravío, dan una parte de ellas a Brahmanes privados del brillo que comunica el estudio de la Santa Escritura, los cuales son comparables a cenizas.
98. Pero la oblación vertida en la boca de un Brahmán resplandeciente de saber divino y de austera devoción debe sacar de la más difícil situación a quien la ha hecho y descargarlo de una gran falta.
99. Que, cuando un huésped se presenta, el dueño de casa le ofrezca, con las formas prescritas, un asiento, agua para lavarse los pies y el alimento que condimentó lo mejor posible.
100. Aun cuando un dueño de casa no viva sino de grano segado y haga oblaciones a los cinco fuegos, el Brahmán que no recibe en la morada de este hombre los honores de la hospitalidad se atrae el mérito de todas sus obras pías.
101. Hierba, tierra para reposar, agua para lavarse los pies, dulces palabras: he aquí lo que nunca falta en la casa de las gentes de bien.
102. Al Brahmán que reposa una sola noche bajo el techo hospitalario se le llama huésped (Atithi) porque no permanece siquiera durante el espacio de un día lunar (Tithi).
103. Que el jefe de familia no considere como huésped al Brahmán que mora en el mismo pueblo que él o al que viene por pasatiempo a visitarlo a la casa donde vive su mujer y donde están encendidos sus fuegos.
104. Los dueños de casa bastante desatinados para tomar parte en la comida de otro se ven reducidos después de su muerte, en castigo de esta conducta, a la condición de ganados de los que les dieron alimentos.
105. Un dueño de casa no debe, en la tarde, rehusar hospitalidad a quien la puesta del sol trae porque no tuvo tiempo de regresar a su morada; ya llegue a tiempo o muy tarde, este huésped no debe permanecer en la casa sin comer allí.
106. Que el jefe de familia no coma ningún guiso sin dar de él a su huésped; honrar a quien se recibe es el medio de obtener riquezas, gloria, una larga existencia y el Paraíso (Swarga).
107. Según reciba superiores, inferiores o iguales, es preciso que el asiento, el lugar y el lecho que les ofrece, las cortesías que les hace en el momento de su partida y su cuidado en servirlos estén en proporción a su respectivo rango.
108. Si sobreviene un nuevo huésped cuando está terminada la oblación a los Dioses así como las ofrendas, el dueño de casa debe hacer lo mejor posible para darle alimentos, pero no comenzar de nuevo la ofrenda (Bali).
109. Que un Brahmán no proclame su familia y su linaje para ser admitido a una comida, pues quien con este motivo los manifiesta es llamado por los sabios comedor de cosas vomitadas.
110. A un hombre de la clase real no se le considera como huésped en la casa de un Brahmán; como tampoco a un Vaishya, a un Shudra, a un amigo de este Brahmán, a uno de sus parientes paternos y a su director.
111. Pero si un Kshatriya llega a la casa de un Brahmán en calidad de huésped, este Brahmán puede darle también de comer, cuando los Brahmanes mencionados están ahítos.
112. Y que, aun cuando un Vaishya y un Shudra hayan entrado en su casa en calidad de huéspedes, los haga comer con sus sirvientes manifestándoles benevolencia.
113. En cuanto a sus amigos y a las otras personas que vienen a visitarlo por afecto, debe hacerles tomar parte en la comida destinada a su mujer y a sí mismo después de haber preparado los guisos lo mejor posible.
114. Que sin vacilar sirva el alimento, antes de ofrecerlo a sus huéspedes, a las mujeres recién casadas, a las mozas, a los enfermos y a las mujeres encintas.
115. El insensato que come primero sin haber ofrecido nada a las personas mencionadas no sabe, al tomar su alimento, que él mismo servirá de pasto a los perros y a los buitres.
116. Pero que, cuando estén ahítos sus huéspedes, sus parientes y sus sirvientes, coman el dueño de casa y su mujer lo que sobra de la comida.
117. Que, después de haber honrado a los Dioses, a los Santos, a los hombres, a los Manes y a las Divinidades domésticas, se nutra el dueño de casa con el resto de las ofrendas.
118. Solo de pecado se nutre quien hace cocer para sí solo; en efecto, la comida hecha con las sobras de la oblación está llamada alimento de las gentes de bien.
119. Un rey, un sacerdote que celebra, un Brahmán cuyo noviciado está enteramente terminado, un director, un yerno, un suegro y un tío materno deben ser regalados de nuevo con un Madhuparka al fin de un año, cuando vienen a visitar al dueño de la casa.
120. Un rey y un Brahmán que están presentes en la celebración del sacrificio deben ser regalados con un Madhuparka, pero no cuando está concluida la oblación; tal es la regla: los otros, por el contrario, deben recibir el Madhuparka aun cuando no lleguen en el momento de la oblación.
121. Que al terminar el día, estando preparado el arroz, haga la esposa una ofrenda sin recitar la fórmula sagrada, excepto mentalmente; pues la oblación dirigida a los Dioses congregados está prescrita para la tarde y para la mañana, así como las otras oblaciones.
122. De mes en mes, el día de la luna nueva, el Brahmán que alimenta el fuego, después de haber dirigido a los Manes la ofrenda de los pasteles (Pindas), debe hacer la Sraddha (comida fúnebre), llamada Pindanwaharya (después de la ofrenda).
123. Los sabios han llamado Pindanwaharya al festín (Sraddha) mensual en honor de los Manes porque se celebra después de la ofrenda de los Pindas o pasteles de arroz, y hay que tener mucho cuidado de hacerlo con alimentos aprobados por la ley.
124. Os haré saber exactamente cuáles son los Brahmanes que deben ser invitados a esta comida y cuáles ser excluidos; cuál debe ser su número y los manjares que se les deben presentar.
125. Que el dueño de casa reciba a dos Brahmanes en la Sraddha de los Dioses, y a tres en la que se celebra para su padre, su abuelo paterno y su bisabuelo paterno, o solamente a uno en cada una de estas ceremonias; por rico que sea, no debe tratar de recibir a mucha gente.
126. Las ventajas de la honorable acogida hecha a los Brahmanes, el lugar y el tiempo favorables, la pureza y el favor de recibir Brahmanes se reducen a nada por recibir a una asamblea demasiado numerosa; en consecuencia, no debe desear numerosa asamblea.
127. La ceremonia en memoria de los muertos se llama servicio de los Manes; esta ceremonia, prescrita por la ley, trae sin cesar toda clase de prosperidades a quien la celebra exactamente el día de la luna nueva.
128. Las oblaciones a los Dioses y a los Manes deben ser dadas por los que las hacen a un Brahmán versado en la Santa Escritura; en efecto, lo que se da a este hombre venerable produce excelentes frutos.
129. Aunque esté invitado solo un Brahmán instruido a la oblación a los Dioses y a los Manes, se obtiene una hermosa recompensa, pero no alimentando a una multitud de gentes que no conocen los Libros Santos.
130. Que quien celebra la ceremonia averigüe dónde hay un Brahmán que ha llegado al término de la lectura del Veda, subiendo en el examen de la pureza de su familia hasta un grado lejano; tal hombre es digno de compartir las oblaciones a los Dioses y a los Manes; es un verdadero huésped.
131. En una Sraddha donde un millón de hombres ajenos al estudio de los Libros Sagrados recibieran alimento, tendrá más mérito según la ley la presencia de un solo hombre que conozca la Santa Escritura y que esté satisfecho de lo que se le haya dado.
132. Es preciso dar el alimento consagrado a los Dioses y a los Manes a un Brahmán distinguido por su saber; en efecto, manos manchadas de sangre no pueden purificarse con sangre.
133. Cuantos bocados trague el hombre desprovisto de todo conocimiento sagrado durante una oblación a los Dioses y a los Manes, tantas otras bolas de fuego quemantes, armaduras de agudas puntas, traga quien efectúa la ceremonia.
134. Algunos Brahmanes se consagran especialmente a la ciencia sagrada; otros, a las austeridades; otros, a las prácticas austeras y al estudio de los Santos Libros; otros, al cumplimiento de actos religiosos.
135. Las oblaciones a los Manes deben ser presentadas con diligencia a los Brahmanes consagrados a la ciencia sagrada; las oblaciones a los Dioses pueden ser ofrecidas, con las ceremonias usuales, a las cuatro órdenes de Brahmanes mencionadas.
136. Puede ocurrir que un hijo que tenga por padre a un hombre ajeno al estudio de los dogmas sagrados haya llegado él mismo al término de la lectura de los Libros Santos, o que un hijo que no ha leído el Veda tenga un padre muy versado en los Libros Sagrados;
137. De estos dos personajes debe reconocerse como superior a aquel cuyo padre ha estudiado el Veda, pero para rendir homenaje a la Santa Escritura es preciso recibir honrosamente al otro.
138. No se debe admitir a un amigo en la comida fúnebre (Sraddha); por otros presentes debe conciliarse su afecto; solo el Brahmán a quien no se le considera como amigo ni como enemigo puede ser convidado a tomar parte en la Sraddha.
139. Aquel cuyas comidas fúnebres y cuyas ofrendas a los Dioses tienen por principal motivo la amistad no obtiene, en el otro mundo, fruto alguno de sus festines fúnebres y de sus ofrendas.
140. El hombre que, por ignorancia, contrae relaciones por medio de las comidas fúnebres está excluido de la celeste mansión, como que está dedicado a la Sraddha por interés solamente, y como el más vil de los Dwijos.
141. Tal ofrenda, que no consiste en un festín ofrecido a numerosos convidados, ha sido llamada diabólica (Paishachi) por los sabios; está confinada en este mundo como una vaca ciega en su establo.
142. Así como el labrador que siembra grano en un terreno estéril no cosecha nada, así también quien da la ofrenda de mantequilla líquida a un Brahmán ignorante no obtiene de ello ventaja alguna.
143. Pero lo que se da, conforme a la ley, a un hombre imbuido de la ciencia sagrada produce frutos cosechados por igual en este mundo y en el otro, por los que ofrecen y por los que reciben.
144. Si no se encuentra en su proximidad ningún Brahmán instruido, puede, si quiere, invitar a la comida fúnebre a un amigo; pero nunca a un enemigo, aun cuando conozca los santos dogmas; pues la oblación comida por un enemigo no obtiene ventaja alguna en el otro mundo.
145. Debe tenerse sumo cuidado de convidar a la comida fúnebre a un Brahmán que haya leído toda la Escritura Santa y que posea especialmente el Rig-Veda; a un Brahmán muy versado en el Yajur-Veda y que conozca todas las ramas de los Libros Santos; o a un Brahmán que haya terminado la lectura de los Libros Sagrados pero que posea particularmente el Sama-Veda.
146. Basta que uno de estos tres personajes tome parte en una comida fúnebre, después de haber recibido acogida honorable, para que los antepasados de quien hace la ceremonia, hasta la séptima generación, experimenten una satisfacción inalterable.
147. Tal es la principal condición cuando se hacen ofrendas a los Dioses y a los Manes; pero, en defecto de la primera, es preciso conocer otra condición secundaria, siempre observada por las gentes de bien:
148. Que quien hace una Sraddha invite a la comida, a falta de Brahmanes instruidos, a su abuelo materno, a su tío materno, al hijo de su hermana, al padre de su mujer, a su maestro espiritual, al hijo de su hija, al marido de esta hija, a su primo materno o paterno, a su capellán, al sacerdote que hace sus sacrificios.
149. Quien conoce la ley no debe examinar demasiado escrupulosamente el linaje de un Brahmán para admitirlo a la ceremonia en honor de los Dioses; pero, para la de los Manes, debe poner el mayor cuidado en la información.
150. Los Brahmanes que han cometido robos o que se han hecho culpables de grandes crímenes, los que son eunucos, los que profesan el ateísmo, han sido declarados por Manu indignos de tomar parte en las ofrendas hechas en honor de los Dioses y de los Manes.
151. Un novicio que ha descuidado el estudio de la Santa Escritura, un hombre que ha nacido sin prepucio, un jugador y las gentes que sacrifican para todo el mundo no merecen ser admitidos a la comida fúnebre.
152. Los médicos, los sacerdotes que muestran ídolos, los mercaderes de carne y los que viven del tráfico deben ser excluidos de toda ceremonia consagrada a los Dioses y a los Manes.
153. Un criado que está al servicio de una ciudad o de un rey, un hombre que tenga una enfermedad de uñas o los dientes negros, un alumno que resista a las órdenes de su director, un Brahmán que ha abandonado el fuego sagrado, un usurero;
154. Un tísico, un alimentador de ganado, un hermano menor casado antes que su hermano mayor, un Brahmán que descuida las cinco oblaciones, un enemigo de los Brahmanes, un hermano mayor que no se ha casado antes que su hermano menor, un hombre que vive a expensas de sus padres;
155. Un bailarín de profesión, un novicio o un devoto ascético que viola el voto de castidad, el marido en primeras nupcias de una mujer de la clase servil, el hijo de una mujer vuelta a casar, un hombre tuerto, un marido en cuya casa está un amante;
156. Un maestro que enseña la Santa Escritura por salario, un discípulo que recibe lecciones de un hombre asalariado; el alumno de un Shudra, el Shudra preceptor; un hombre injurioso en palabras, el hijo nacido de una mujer adúltera, durante la vida o después de la muerte de su marido;
157. Un joven que abandona sin razón a su padre, su madre o su director; quien ha estudiado los Santos Libros con personas degradadas o que ha contraído alianza con ellos;
158. Un incendiario, un envenenador, un hombre que come el alimento proporcionado por un adulterino; un mercader de Soma, un marino, un poeta panegirista, un fabricante de aceite, un testigo falso;
159. Un hijo que tiene disentimientos con su padre, un hombre que hace jugar por él, un bebedor de licores embriagantes, un hombre atacado de elefantiasis, un individuo mal reputado, un hipócrita, un mercader de jugos vegetales;
160. Un fabricante de arcos y de flechas, el marido de una joven casada antes que su propia hermana mayor, un hombre que trata de dañar a su amigo, el dueño de una casa de juego, el padre que tiene por preceptor a su hijo;
161. Un epiléptico, un hombre que sufre de una inflamación de las glándulas del cuello, un leproso, un malvado, un loco, un ciego y, en fin, un infringidor de los Vedas: deben ser todos excluidos.
162. Un hombre que amaestra elefantes, toros, caballos o camellos, un astrónomo de profesión, un alimentador de pájaros, un maestro de armas;
163. Un hombre que da otra dirección a las aguas corrientes, el que se complace en detener su curso, un obrero que construye casas, un mensajero, un plantador de árboles asalariado;
164. El que alimenta perros amaestrados para divertir, un halconero, un seductor de doncellas, un hombre cruel, un Brahmán que lleva la vida de un Shudra, un sacerdote que no sacrifica sino a las Divinidades inferiores;
165. Un hombre que no se conforma a las buenas costumbres, el que cumple sus deberes con displicencia, el que importuna con sus pedidos, un labrador, un hombre que tiene las piernas hinchadas, un hombre despreciado por las gentes de bien;
166. Un pastor, un guardián de búfalos, el esposo de una mujer casada por segunda vez y un portador de cuerpos muertos asalariado: deben ser evitados con el mayor cuidado.
167. Que estos hombres cuya conducta es reprensible, o que deben sus dolencias o sus enfermedades a faltas cometidas en un nacimiento precedente, que son indignos de ser recibidos en una asamblea honorable y los últimos de la clase sacerdotal, sean excluidos de las dos ceremonias por todo Brahmán juicioso.
168. Un Brahmán que no ha estudiado la Santa Escritura se apaga como un fuego de hierba seca; no se le debe dar la ofrenda, pues no se vierte la mantequilla clarificada en la ceniza.
169. Voy a declararos, sin omitir nada, cuál es el fruto que obtiene en la otra vida el donador de una ofrenda dada, durante la ceremonia de los Dioses o durante la de los Manes, a gentes que no merecen ser admitidas en una reunión de hombres virtuosos:
170. El alimento comido por los Dwijos que han infringido las reglas, como un hermano menor casado antes que su hermano mayor, y por los otros individuos inadmisibles, lo saborean los Gigantes (Rakshasas) y no los Dioses y los Manes.
171. Quien toma esposa y enciende el fuego nupcial cuando no está todavía casado su hermano mayor es llamado Parivettri, y su hermano mayor, Parivitti.
172. El Parivitti, el Parivettri, la joven con quien se ha contraído tal matrimonio, se van los tres al infierno (Naraka), así como el que ha concedido a la esposa y el sacerdote que ha hecho el sacrificio nupcial.
173. El que satisface a la medida de sus deseos su pasión por la viuda de su hermano, sin conformarse a las reglas prescritas, debe ser llamado, aunque ella esté legalmente unida a él, marido de una Didhishu (mujer vuelta a casar).
174. Dos hijos designados bajo el nombre de Kunda y de Golaka nacen del adulterio de las mujeres casadas: si está vivo el esposo, el hijo es un Kunda; si ha muerto, es Golaka.
175. Estos dos seres, frutos de un comercio adulterino, reducen a nada en este mundo y en el otro las ofrendas hechas a los Dioses y a los Manes cuando se les da parte en ellas.
176. Cuando un hombre inadmisible mira a los convidados honorables que toman parte en un festín, el imprudente que realiza la ceremonia no obtiene en el otro mundo recompensa alguna del alimento proporcionado a todos aquellos sobre los que este hombre ha puesto los ojos.
177. Un ciego que se ha hallado situado en un lugar en que otro hubiera visto destruye, para el dador, el mérito del recibimiento de noventa convidados honorables; un tuerto, de sesenta; un leproso, de ciento; un hombre atacado de consunción, de mil.
178. Si los miembros de algunos Brahmanes son tocados por un hombre que sacrifica para la última clase, el que efectúa la ceremonia no saca de lo que da a los Brahmanes los frutos que procura la Sraddha;
179. Y el Brahmán versado en la Santa Escritura que por avaricia recibe un presente de semejante sacrificador camina a su perdición tan rápidamente como un vaso de tierra sin cocer se destruye en el agua.
180. El alimento dado a un vendedor de Soma se torna excremento; a un médico, se torna pus y sangre; el dado a uno que muestra ídolos está perdido; a un usurero, no es aceptado.
181. El que se da a un comerciante no es productivo ni en esta vida ni en la otra, y el que se ofrece a un Dwijo, hijo de una viuda casada de nuevo, es semejante a la ofrenda de mantequilla clarificada vertida en la ceniza.
182. En cuanto a los otros hombres inadmisibles y despreciables aquí arriba mencionados, el alimento que se les da se tornará, según ha sido declarado por los sabios, en secreción serosa, sangre, carne, médula y huesos.
183. Aprended ahora completamente por cuáles Brahmanes puede ser purificada una reunión manchada por gentes inadmisibles; conoced a estos personajes eminentes, a estos purificadores de asambleas.
184. Los que están perfectamente versados en todos los Vedas y en todos los libros accesorios (Angas) y que descienden de una familia de sabios teólogos deben ser considerados capaces de borrar la mancha de una reunión.
185. El Brahmán que se ha consagrado al estudio de una de las partes del Yajur-Veda, el que mantiene cuidadosamente los tres fuegos sagrados, el que posee una parte del Rig-Veda, el que conoce los seis libros accesorios, el hijo de una mujer casada según el modo de Brahma, el que canta la parte principal del Sama-Veda;
186. El que comprende perfectamente los Santos Libros y los explica, el novicio que ha dado mil vacas, el hombre de cien años de edad: tales son los Brahmanes que deben ser mirados como capaces de purificar una reunión de convidados.
187. La víspera del día en que debe celebrarse la ceremonia de la comida fúnebre o el día mismo, el que da la Sraddha debe invitar de modo honorable por lo menos a tres Brahmanes como los que han sido mencionados.
188. El Brahmán que ha sido invitado a la Sraddha de los Manes debe volverse enteramente dueño de sus sentidos, no leer la Santa Escritura y solo recitar en voz baja la plegaria que nunca debe dejar de decirse; a lo mismo está obligado quien celebra la ceremonia.
189. Los Manes de los antepasados, en estado invisible, acompañan a tales Brahmanes convidados; bajo una forma aérea los siguen y ocupan un lugar a su lado cuando ellos se sientan.
190. El Brahmán convenientemente invitado a ofrendas en honor de los Dioses y de los Manes que comete la menor transgresión renacerá por esta falta bajo forma de puerco.
191. El que después de haber recibido invitación a una comida fúnebre satisface su amor por una mujer de la clase servil carga con todo el mal que haya podido cometer el que da la Sraddha.
192. Exentos de cólera, perfectamente puros, siempre castos como novicios, habiendo depuesto las armas, dotados de las más eminentes cualidades, los Pitris han nacido antes que los Dioses.
193. Aprended ahora cuál es el origen de los Pitris, por cuáles hombres y por cuáles ceremonias deben ser honrados especialmente.
194. Estos hijos de Manu, salidos de Brahma, estos Santos (Rishis) de los cuales el primero es Marichi, han tenido todos hijos que forman, según ha sido declarado, las tribus de los Pitris.
195. Los Somasads, hijos de Viraj, están reconocidos como antepasados de los Sadhyas; y los Agnishwattas, reputados en el mundo como hijos de Marichi, son los antepasados de los Dioses.
196. Los hijos de Atri, llamados Barhishads, son los antepasados de los Daityas, de los Danavas, de los Yakshas, de los Gandharvas, de los Uragas, de los Rakshasas, de los Suparnas y de los Kinnaras.
197. Los Somapas son los antepasados de los Brahmanes; los Havishmats, de los Kshatriyas; los Ajyapas, de los Vaishyas; los Sukalins, de los Shudras.
198. Los Somapas son hijos del sabio Bhrigu; los Havishmats, de Angiras; los Ajyapas, de Pulastya; los Sukalins, de Vasishtha.
199. Los Agnidagdhas, los Anagnidagdhas, los Kavyas, los Barhishads, los Agnishwattas y los Somyas deben ser reconocidos como antepasados de los Brahmanes.
200. Las tribus de Pitris que acaban de ser enumeradas son las principales, y sus hijos y sus nietos, indefinidamente, deben ser considerados también en este mundo como Pitris.
201. De los Santos (Rishis) han nacido los Pitris; de los Pitris, los Dioses (Devas) y los Titanes (Danavas); y ha sido producido sucesivamente por los Dioses este mundo entero, compuesto de seres móviles e inmóviles.
202. Agua pura ofrecida simplemente a los Dioses Manes (Pitris) con fe, en vasos de plata o plateados, es fuente de una felicidad inalterable.
203. La ceremonia en honor de los Manes es superior, para los Brahmanes, a la ceremonia en honor de los Dioses; y ha sido declarado que la ofrenda a los Dioses que precede a la ofrenda a los Manes aumenta el mérito de ella.
204. A fin de preservar las oblaciones a los Manes, el dueño de casa debe comenzar por una ofrenda a los Dioses, pues los Gigantes devastan toda comida fúnebre privada de este preservativo.
205. Que haga preceder y seguir la Sraddha de una ofrenda a los Dioses, y que tenga cuidado de no comenzar ni concluir con las oblaciones a los Manes; pues quien comienza y concluye con la ofrenda a los Manes pronto perece con toda su raza.
206. Que cubra con estiércol de vaca un lugar puro y solitario, y que escoja cuidadosamente un sitio que tenga declive hacia el mediodía.
207. Los Manes reciben siempre con agrado lo que les es ofrecido en los claros de los bosques que son naturalmente puros, o en la ribera de los ríos, o en lugares apartados.
208. Una vez que los Brahmanes han hecho su ablución de modo conveniente, el jefe de familia debe instalarlos, a cada uno separadamente, sobre asientos preparados y cubiertos con Kusa.
209. Que cuando haya hecho sentar a estos Brahmanes respetuosamente en sus asientos los riegue con perfumes y guirnaldas odoríferas, habiendo antes honrado a los Dioses.
210. Que después de haber traído a sus convidados agua, la hierba Kusa y granos de sésamo, haga con ellos el Brahmán autorizado por los otros Brahmanes la ofrenda al fuego sagrado.
211. Habiendo hecho primero a Agni, a Soma y a Yama una ofrenda propiciatoria de mantequilla clarificada, conformándose a las reglas prescritas, debe enseguida satisfacer a los Manes con una ofrenda de arroz.
212. Que, si no tiene fuego consagrado (como por ejemplo si no está casado todavía o si ha muerto su mujer), vierta las tres oblaciones en manos de un Brahmán, pues no hay diferencia entre el fuego y un Brahmán: tal es la decisión pronunciada por los que conocen el Veda.
213. En efecto, los sabios miran a estos Brahmanes exentos de cólera, de semblante siempre sereno, de una raza primitiva, dedicados al acrecentamiento del género humano, como a los Dioses de la ceremonia fúnebre.
214. Que después de haber dado la vuelta al fuego, del modo prescrito, caminando de izquierda a derecha y arrojando al fuego la ofrenda, esparza agua con la mano derecha sobre el sitio donde deben ponerse los pasteles de arroz.
215. Habiendo hecho pasteles (Pindas) con lo que queda de arroz y de mantequilla clarificada, deposítelos sobre hojitas de Kusa, en el más profundo recogimiento, del mismo modo que el agua, es decir, con la mano derecha, teniendo vuelto el semblante al mediodía.
216. Cuando haya depositado estos pasteles sobre hojitas de hierba Kusa con el mayor cuidado y observando la regla, limpie su mano derecha con raíces de esta hierba, para satisfacción de los que comparten estos restos, a saber: el padre, el abuelo y el bisabuelo paternos.
217. Que habiendo hecho una ablución, volviéndose hacia el norte y reteniendo su respiración lentamente tres veces, el Brahmán que conoce las palabras sagradas salude a las seis divinidades de las estaciones y a los Manes.
218. Que vierta de nuevo lentamente, junto a estos pasteles, lo que le queda del agua que ha derramado sobre el suelo, y que olfateé estos pasteles en perfecto recogimiento, en el orden en que fueron ofrendados.
219. Tomando entonces en el mismo orden una porción de cada uno de estos tres pasteles ofrecidos a los Manes de su padre, de su abuelo paterno y de su bisabuelo que están difuntos, haga primero comer estas porciones según la regla a los tres Brahmanes sentados que representan a su padre, abuelo y bisabuelo.
220. Si su padre vive, dedique el dueño de casa la Sraddha a los Manes de tres de sus antepasados paternos comenzando por su abuelo; o puede dar de comer a su padre durante la ceremonia en lugar del Brahmán que lo representaría si hubiese fallecido, y dar a los dos Brahmanes que representan a su abuelo y su bisabuelo las porciones de los dos pasteles que les están consagradas.
221. Que aquel cuyo padre ha muerto y cuyo abuelo paterno existe todavía, después de haber proclamado el nombre de su padre en la ceremonia fúnebre, proclame también el de su bisabuelo; es decir, que haga la Sraddha en memoria suya.
222. O el abuelo puede tomar parte en la Sraddha en lugar del Brahmán que lo representaría si hubiera fallecido, como lo ha declarado Manu; o su nieto, autorizado por él, puede obrar como quiera y hacer la ceremonia solamente en honor de su padre y de su bisabuelo difunto o agregar en ella a su anciano abuelo.
223. Habiendo derramado en las manos de los tres Brahmanes agua con la hierba Kusa y sésamo, dales la parte superior de cada uno de los tres pasteles, diciendo: «Que esta ofrenda (Swadha) sea para ellos».
224. Que trayendo entonces con ambas manos una vasija llena de arroz la coloque delante de los Brahmanes lentamente y pensando en los Manes.
225. El alimento que se trae sin poner ambas manos es inmediatamente dispersado por los malos Genios (Asuras) de corazón perverso.
226. Que estando purificado y perfectamente atento coloque primero cuidadosamente sobre el suelo salsas, hortalizas y otras cosas que pueden comerse con el arroz, la leche cuajada, la mantequilla clarificada y la miel;
227. Diversas clases de confituras, manjares de varias especies preparados con leche, raíces y frutas, carnes agradables y licores perfumados.
228. Que habiendo traído todos estos manjares sin demasiada precipitación los presente a los convidados uno por uno, estando en estado de perfecta atención y grande pureza, declarando todas las cualidades de estos manjares.
229. Que no vierta lágrimas, que no se irrite, no profiera mentira, no toque los manjares con el pie y no los sacuda.
230. Una lágrima atrae a los Espíritus; la cólera, a los enemigos; la mentira, a los perros; el tocar con el pie, a los Gigantes (Rakshasas); el acto de sacudir estos manjares, a los perversos.
231. Que sin pensar dé cualquier cosa que sea agradable a los Brahmanes, y que con ellos platique sobre el Supremo Ser: tal es el deseo de los Manes.
232. Durante la ceremonia en honor de los Manes, lea en alta voz la Santa Escritura, los códigos de leyes, las historias morales, los poemas heroicos (Itihasas), las antiguas leyendas (Puranas) y los textos teológicos.
233. Que, estando alegre, trate de inspirar alegría a los Brahmanes y les ofrezca de qué comer sin apresurarse demasiado; que repetidas veces les llame la atención acerca del arroz y de los otros manjares y acerca de sus buenas cualidades.
234. Que tenga sumo cuidado en invitar a la comida fúnebre al hijo de su hija, aun cuando no haya terminado su noviciado; que ponga sobre el asiento de él un tapiz hecho con pelo de cabra de Nepal, y que esparza sésamo sobre el suelo.
235. Tres cosas son puras en una Sraddha: el hijo de una hija, un tapiz del Nepal y los granos de sésamo; y tres cosas son en ella estimadas: la pureza, la ausencia de cólera y la falta de precipitación.
236. Es preciso que todos los manjares preparados estén bien calientes y que los Brahmanes coman en silencio; no deben declarar las cualidades de los manjares, aun cuando sean interrogados sobre este punto por el dueño de la comida.
237. Mientras los manjares se conserven calientes y se coman en silencio y sin declarar las cualidades de estos manjares, los Manes toman parte en el festín.
238. Lo que come un Brahmán que tiene la cabeza cubierta o el semblante vuelto al mediodía, o que tiene calzados los pies, no es saboreado ciertamente sino por los Gigantes y no por los Manes.
239. Es preciso que no vean comer a los Brahmanes ni un Chándala, ni un puerco, ni un perro, ni un gallo, ni una mujer durante el tiempo de su menstruación, ni un eunuco.
240. Durante una ofrenda al fuego, una distribución de presentes, una comida dada a Brahmanes, un sacrificio a los Dioses, una Sraddha en honor de los Manes, lo que los seres mencionados pueden ver no produce el resultado apetecido.
241. El puerco lo destruye por su olfato; el gallo, por el viento de sus alas; el perro, por su mirada; el hombre de la clase más vil, por su tacto.
242. Un hombre cojo o tuerto o que tenga un miembro de menos o de más, aun cuando fuera servidor del dueño de la comida, debe ser apartado de la ceremonia.
243. Si un Brahmán o un mendigo se presenta y pide alimento, el dueño de la comida debe acogerlo lo más honorablemente que pueda, después de haber obtenido el permiso de sus convidados.
244. Que después de haber mezclado manjares de toda clase con condimentos y haberlos regado con agua los arroje delante de los Brahmanes cuya comida ha terminado, esparciéndose sobre las briznas de Kusa que están en el suelo.
245. Lo que queda en las fuentes y lo que ha sido esparcido sobre las briznas de Kusa debe ser la parte de los niños que han muerto antes de la iniciación y de los hombres que han abandonado sin motivo a las mujeres de su clase.
246. Los sabios han decidido que el resto que ha caído por tierra durante la comida en honor de los Manes pertenece a los servidores diligentes y de buen natural.
247. Antes de la Sraddha Sapindana, debe hacerse, por un Brahmán que acaba de morir, una Sraddha particular sin ofrenda a los Dioses, a la cual solo puede convidarse a un solo Brahmán y consagrarse un solo pastel (Pinda).
248. Cuando la Sraddha llamada Sapindana ha sido celebrada por este Dwijo según la ley, debe hacer su hijo la ofrenda de los pasteles todos los años el día de la luna nueva.
249. El insensato que, después de haber tomado parte en una comida fúnebre, da sus restos a un Shudra es precipitado de cabeza en la región infernal llamada Kalasutra.
250. Si un hombre, después de haber asistido a una Sraddha, comparte el mismo día el lecho de una mujer, sus antepasados estarán acostados durante todo el mes sobre la impureza de esta mujer.
251. Que después de haber preguntado a sus convidados: «¿Habéis comido bien?», cuando estén hartos, los invite a lavarse la boca; y que, terminada la ablución, les diga: «Reposad aquí o en vuestras casas».
252. Que los Brahmanes le digan entonces: «¡Ojalá la oblación sea agradable a los Manes!»; pues en todos los actos piadosos en honor de los Manes son una excelente bendición estas palabras: «Ojalá la oblación sea agradable».
253. Que en seguida manifieste a los convidados lo que queda de los manjares; e invitado por los Brahmanes a disponer de aquellos de tal manera, haga lo que ellos le prescriban.
254. Que diga a los Brahmanes, después de una ceremonia en honor de los Manes: «¿Habéis comido bien?»; después de una Sraddha purificatoria para una familia: «¿Habéis oído bien?»; después de una Sraddha para un acrecentamiento de prosperidad: «¿Habéis tenido éxito?»; después de una ceremonia en honor de los Dioses: «¿Estáis satisfechos?».
255. El mediodía, briznas de Kusa, la purificación del lugar, granos de sésamo, una generosa distribución de alimentos, manjares bien preparados, Brahmanes distinguidos: he aquí los requisitos deseables en las ceremonias celebradas en honor de los Manes.
256. Briznas de Kusa, plegarias (Mantras), la primera parte del día, todas las ofrendas que van a ser enumeradas y las purificaciones mencionadas deben reconocerse como cosas muy prósperas en la ceremonia hecha en honor de los Dioses.
257. El arroz salvaje como el que comen los anacoretas, la leche, el jugo exprimido de la mata de la asclepiada ácida (Soma), la carne fresca y la sal que no está preparada artificialmente están designados como propios por su naturaleza para servir de ofrenda.
258. Después de haber despedido a los Brahmanes, el dueño de casa debe, sumido en el recogimiento, guardando silencio y habiéndose purificado, volverse hacia el mediodía y pedir a los Manes las gracias siguientes:
259. «¡Que en nuestra familia aumente el número de hombres generosos; que se acreciente el celo por los santos dogmas, así como nuestra prole! ¡Pueda la fe nunca abandonarnos! ¡Ojalá podamos tener siempre mucho que dar!».
260. Que habiendo terminado así la ofrenda de los pasteles, tan luego como han sido hechos los votos a los Manes, haga comer lo que queda de estos pasteles a una vaca, a un Brahmán o a una cabra, o que los arroje al fuego o al agua.
261. Algunos hacen la ofrenda de los pasteles después de la comida de los Brahmanes; otros dan de comer lo que queda de estos pasteles a los pájaros o los arrojan al fuego o al agua.
262. Una esposa legítima, fiel a sus deberes para con su marido y cuidadosa de honrar a los Manes, debe comer el pastel del medio recitando la fórmula usual, si desea un hijo varón.
263. Por este medio da a luz a un hijo destinado a gozar de una larga vida, ilustre, inteligente, rico, con posteridad numerosa, dotado de buenas cualidades y cumplidor fiel de sus deberes.
264. Que en seguida el dueño de casa, después de haberse lavado las manos y la boca, prepare el alimento para sus parientes del lado paterno, y después de habérselo dado respetuosamente, ofrezca también de qué comer a sus parientes maternos.
265. Lo que los Brahmanes han dejado debe quedar sin que se limpie hasta que hayan sido despedidos; que entonces el dueño de la casa haga las oblaciones domésticas ordinarias: tal es la ley establecida.
266. Voy a declararos sin omitir nada cuáles son las ofrendas de sésamo, de arroz, de cebada, de lentejas negras, de agua, de raíces o de frutas hechas con las ceremonias usuales.
267. Los Manes están satisfechos un mes entero con una ofrenda de sésamo, de arroz, de cebada, de lentejas negras, de agua, de raíces o de frutas, hechas con las ceremonias usuales.
268. La carne de pescado les agrada durante dos meses; la de las bestias feroces, tres meses; la del carnero, cuatro meses; la de los pájaros que está permitido comer a los Dwijos, cinco meses.
269. La carne de cabrito, seis meses; la del gamo moteado, siete meses; la de la gacela negra, ocho meses; la del ciervo, nueve meses.
270. Durante diez meses están satisfechos con la carne de jabalí y de búfalo, y durante once meses con la de las liebres y las tortugas.
271. Una ofrenda de leche de vaca o de arroz preparado con leche les es agradable durante un año; la satisfacción que les procura la carne del Vardhrinasa es de doce años.
272. La hortaliza llamada Kalasaka, los cangrejos de mar, la carne del rinoceronte, la del cabrito de rojizo vellón y la miel les causan un placer eterno, así como los granos de que se nutre un anacoreta.
273. Toda sustancia pura mezclada con miel y ofrecida durante la estación de las lluvias, el decimotercer día de la luna y bajo el asterismo lunar de Magha, es fuente de una satisfacción sin término.
274. «¡Ojalá pueda nacer en nuestra prole —dicen los Manes— un hombre que nos ofrezca arroz hervido en leche, miel y mantequilla clarificada, en el decimotercer día de la luna y en todo otro día lunar cuando la sombra del elefante cae hacia el este!».
275. Cualquiera oblación hecha según las reglas por un mortal cuya fe es perfectamente pura procura a sus antepasados, en el otro mundo, una alegría eterna e inalterable.
276. En la quincena oscura, el décimo día y los siguientes, con excepción del decimocuarto, son los días lunares más favorables para una Sraddha; no pasa lo mismo con los otros días.
277. Quien hace una Sraddha en los días lunares pares y bajo las constelaciones lunares pares obtiene el cumplimiento de todos sus deseos; el que honra a los Manes en los días impares obtiene una ilustre posteridad.
278. Así como la segunda quincena (la quincena oscura) es preferible a la primera para la Sraddha, así también la segunda parte del día es preferible a la primera.
279. La oblación a los Manes debe hacerse cuidadosamente hasta el fin, siguiendo la regla prescrita, con la parte de la mano derecha consagrada a los Manes, por un Brahmán que lleve sobre su espalda derecha el cordón sagrado, que no se repose absolutamente y que tenga en la mano la hierba Kusa.
280. Que no haga jamás Sraddha durante la noche, pues está infestada por los Gigantes; ni en la aurora, ni en el crepúsculo, ni poco tiempo después de la salida del sol.
281. El dueño de casa que no puede hacer todos los meses la Sraddha del día de la luna nueva debe dar una comida fúnebre de la manera prescrita tres veces por año: durante la estación fría, la estación cálida y la de las lluvias, pero que todos los días haga la Sraddha que forma parte de las cinco oblaciones.
282. La oblación que forma parte del acto piadoso en honor de los Manes no debe hacerse en un fuego no consagrado, y la Sraddha mensual del Brahmán que alimenta un fuego no puede celebrarse sino el día de la luna nueva; pero la Sraddha del aniversario de una muerte, estando fijada con relación a la fecha, no está sometida a esta regla.
283. Una libación de agua dedicada a los Manes después del baño por un Brahmán que se halla imposibilitado de cumplir con la Sraddha diaria que forma parte de las cinco obligaciones le trae toda la recompensa del acto piadoso en honor de los Manes.
284. Los sabios llaman a nuestros padres Vasus; a nuestros abuelos paternos, Rudras; a los padres de nuestros abuelos paternos, Adityas: así lo ha declarado la revelación eterna.
285. Que un hombre coma todos los días Vighasa y Amrita (ambrosía): el Vighasa es el resto de una comida ofrecida a convidados respetables; la Amrita, el resto de un sacrificio a los Dioses.
286. Tales son, como os las he declarado, las reglas que conciernen a las cinco obligaciones; aprended ahora las leyes prescritas para el modo de vivir de los Brahmanes.
LIBRO IV: Modos de Subsistencia y Reglas de Conducta del Dueño de Casa (Grihastha)
1. Que el Brahmán, después de haber permanecido la primera cuarta parte de su vida junto a su director (Guru), resida durante el segundo período de su existencia en su casa después de haberse casado.
2. Todo medio de existencia que en nada daña a los seres vivos o que les hace el menor daño posible es el que debe adoptar un Brahmán para vivir, excepto en casos de extrema necesidad.
3. Que con el único fin de procurarse alimento trate de acumular bienes por medio de las ocupaciones irreprochables que especialmente le convienen y sin mortificar su cuerpo.
4. Puede vivir con auxilio de la rita y de la amrita, o del mrita, o del pramrita, o aun del satyanrita, pero nunca del swavritti.
5. Por rita (sustancia verdadera) debe entenderse el acto de recoger granos de arroz o de segar (Uchha); por amrita (sustancia inmortal), lo que se da y que no es pedido; por mrita (sustancia mortal), la limosna mendigada; por pramrita (sustancia muy mortal), la labranza.
6. Por satyanrita (verdad y falsedad), el comercio; se puede también, en ciertos casos, acudir a él para sostén de la vida; la servidumbre es lo que se llama swavritti (vida de perros); un Brahmán debe evitarla con el mayor cuidado.
7. Uno puede acumular grano en un granero para tres o más años, o guardar en tinajas provisiones para un año, o tener solo para tres días, o no recoger para el día de mañana.
8. De los cuatro Brahmanes dueños de casa que practican estas cuatro diferentes maneras, al último en el orden sucesivamente debe reconocérsele como mejor, como al que, por su virtuosa conducta, merece en mayor grado conquistar los mundos.
9. Uno de ellos, que tenga que alimentar a muchas personas, tiene seis medios de existencia, que son espigar, recibir limosna, pedirla, labrar la tierra, comerciar, dar a rédito; otro cuya casa sea menos numerosa tiene tres recursos, a saber: sacrificar, enseñar la Santa Escritura y recibir limosnas; el otro tiene dos ocupaciones: el sacrificio y la enseñanza; el cuarto vive esparciendo el conocimiento de los Santos Libros.
10. Que el Brahmán que sostiene su vida recogiendo granos y espigando, y que se decida a alimentar el fuego sagrado, celebre los sacrificios de la luna nueva y de la llena, y de los solsticios, sin agregar otras ofrendas.
11. Que no frecuente nunca el mundo para ganar su sustento; que observe la conducta recta, franca y pura que conviene a un Brahmán.
12. Que si busca la felicidad se mantenga en perfecto contento y que sea modesto en sus deseos; pues el contento es la fuente de la felicidad; la desgracia tiene por origen el estado contrario.
13. El Brahmán que tiene casa y que sostiene su vida por uno de los medios mencionados debe conformarse a las reglas siguientes, cuya observancia le consigue el Paraíso (Swarga), larga existencia y gran renombre.
14. (Vacío en la numeración tradicional)
15. Que no trate de adquirir riquezas por medio de las artes que seducen, como el canto y la música, ni por medio de ocupaciones prohibidas; y esté en la opulencia o en la miseria, no debe recibir de un cualquiera.
16. Que no se entregue apasionadamente a ninguno de los placeres de los sentidos; que emplee toda su energía mental en señorear una excesiva inclinación a estos placeres.
17. Debe conducirse de tal manera en este mundo que sus vestidos, sus discursos, sus pensamientos, estén en relación con su edad, sus actos, su fortuna, sus conocimientos, su teología y su familia.
18. (Repetición formal de la regla de conducta e integridad de vida en el articulado tradicional).
19. Es preciso que estudie siempre estos Sastras (colecciones reverenciadas) que desarrollan la inteligencia y enseñan los medios de adquirir riquezas o conservar la vida y los tratados explicativos del Veda.
20. En efecto, a medida que un hombre hace progresos en el estudio de los Sastras se torna eminentemente instruido y su saber brilla con vivo resplandor.
21. Que haga todo lo posible para no omitir las cinco oblaciones a los Santos, a los Dioses, a los Espíritus, a los Hombres y a los Manes.
22. Algunos hombres que conocen bien las disposiciones que conciernen a estas oblaciones, en lugar de ofrecer exteriormente estos cinco grandes sacrificios, hacen continuamente las ofrendas en los cinco órganos de sus sentidos.
23. Unos sacrifican constantemente su respiración en su palabra, recitando la Santa Escritura en vez de respirar; y su palabra en su respiración, guardando silencio, hallando así en su palabra y en su respiración la recompensa eterna de las oblaciones.
24. Otros Brahmanes hacen siempre estas oblaciones con la ciencia divina, viendo por el ojo de la divina sabiduría que la ciencia es la base de su cumplimiento.
25. El dueño de casa debe siempre hacer ofrendas al fuego al comienzo y al fin del día y de la noche, y celebrar, al fin de cada quincena lunar, los sacrificios particulares de la luna nueva y de la luna llena.
26. Que cuando la cosecha precedente esté agotada, y aun no lo esté, haga una ofrenda de grano nuevo tan pronto como haya terminado la siega; que al fin de cada estación de cuatro meses celebre las oblaciones prescritas; que sacrifique un animal en los solsticios; que al fin del año haga oblaciones con el jugo de la asclepiada (Soma).
27. El Brahmán que alimenta un fuego sagrado y que desea vivir largos años no debe comer arroz nuevo y carne antes de haber ofrecido las primicias de la cosecha y de haber sacrificado un animal.
28. Pues los fuegos sagrados, ávidos de grano nuevo y de carne, cuando no han sido honrados con las primicias de la siega y con el sacrificio de un animal, tratan de devorar la existencia del Brahmán descuidado.
29. Que haga todo lo posible para que ningún huésped resida jamás en su casa sin que se le hayan ofrecido, con las consideraciones que se le deben, un asiento, alimentos, un lecho, agua, raíces y frutas.
30. Los heréticos, los hombres que se entregan a ocupaciones prohibidas, los hipócritas, las gentes que no prestan fe a la Santa Escritura, los que la atacan con sofismas, los que tienen modales de garza, no deben ser honrados por él, ni siquiera con una palabra.
31. Los Brahmanes dueños de casa que no han abandonado la mansión de su padre espiritual sino después de haber terminado el estudio de los Vedas y de haber cumplido con todos sus deberes piadosos y que son sabios en teología, deben ser acogidos honrosamente y tomar parte en las ofrendas destinadas a los Dioses y a los Manes; pero evítense los que son todo lo contrario.
32. Quien tiene casa debe, en cuanto le sea posible, dar alimentos a las gentes que no los preparan por sí mismas, a los alumnos en teología y aun a los mendigos heréticos; y todos los seres, hasta las plantas, deben tener parte sin que ello perjudique a su familia.
33. Un jefe de familia puede implorar la generosidad de un rey de la clase militar, de un sacrificador o de su discípulo, pero no de ningún otro; tal es la regla establecida.
34. Un Brahmán dueño de casa que tiene medios de procurarse su alimento no debe dejarse morir de hambre ni llevar vestidos viejos o sucios mientras le quede algún recurso.
35. Que tenga cortados los cabellos, las uñas y la barba; que tenga firmeza en sus austeridades; que lleve vestidos blancos; que sea puro, aplicado al estudio del Veda y a todo lo que pueda serle salutífero.
36. No debe nunca mirar el sol durante su salida, ni durante su puesta, ni durante un eclipse, ni cuando está reflejado en el agua, ni cuando está en mitad de su carrera.
37. Que lleve un bastón de bambú y un aguamanil lleno de agua, el cordón del sacrificio, un puñado de Kusas y pendientes de plata muy brillantes.
38. Que no salte por encima de una cuerda a la que está atado un cordero, que no corra mientras llueve y no mire su imagen en el agua; tal es la regla establecida.
39. Que tenga siempre su derecha del lado de un montículo de tierra, de una vaca, de un ídolo, de un Brahmán, de un Vaishya, de mantequilla clarificada o de miel, de un lugar en que se cruzan cuatro caminos grandes y de árboles bien conocidos, cuando le ocurra pasar cerca de ellos.
40. Por más deseo que sienta, no debe acercarse a su mujer cuando los flujos de sangre de ella comienzan a aparecer, ni reposar con ella en el mismo lecho.
41. En efecto, la ciencia, la virilidad, el vigor, la vista y la existencia del hombre que se acerca a su mujer mientras ella está así manchada con el flujo sanguíneo se arruinan enteramente.
42. Pero en quien se aleja de ella en el tiempo de su mancha adquieren crecimiento la ciencia, la virilidad, el vigor, la vista y la existencia.
43. Que no coma con su mujer en el mismo plato, y no la mire mientras ella come, estornuda, bosteza o está sentada perezosamente;
44. Ni mientras ella pone colirio sobre sus ojos o se perfuma con esencia, ni cuando ella tiene descubierta la garganta, ni cuando ella da a luz un hijo, si estima en algo su virilidad.
45. No debe tomar su alimento teniendo un solo vestido, ni bañarse enteramente desnudo; que no deposite su orina y sus excrementos en un camino, ni sobre ceniza, ni en prado de vacas;
46. Ni en tierra labrada con el arado, ni en el agua, ni en una hoguera fúnebre, ni en una montaña, ni sobre las ruinas de un templo, ni sobre un nido de hormigas blancas, en ningún tiempo;
47. Ni en agujeros ocupados por criaturas vivas, ni caminando, ni de pie, ni a la orilla de un río, ni en la cima de una montaña.
48. Asimismo, no debe nunca evacuar su orina o sus excrementos mirando objetos que agita el viento, ni mirando al fuego, o a un Brahmán, o al sol, o al agua, o a vacas.
49. Que los deponga después de haber cubierto la tierra con maderas, terrones, hojas, hierbas secas y otras cosas semejantes, sin tener nada que lo ensucie, guardando silencio, envuelto en su manto y con la cabeza cubierta.
50. Que haga en el día sus necesidades con el semblante dirigido hacia el norte; en la noche, con el semblante vuelto hacia el sur; en la aurora y en el crepúsculo de la tarde, del mismo modo que durante el día.
51. En la sombra o en la oscuridad, ya sea de noche, ya sea de día, cuando no se pueden distinguir las regiones celestes, un Brahmán, satisfaciendo sus necesidades naturales, puede volver la cabeza como le plazca, así como en los lugares en que puede temer por su vida a causa de los ladrones y de las bestias feroces.
52. Quien orina frente al fuego, al sol, a la luna, a un estanque, a un Dwijo, a una vaca o al viento, pierde toda su ciencia sagrada.
53. Que el dueño de casa no sople el fuego con su boca y no mire a su mujer desnuda; que no arroje nada sucio al fuego y que no caliente en él sus pies.
54. Que no lo ponga en una estufilla bajo su lecho, que no salte por encima de él y no lo ponga a sus pies durante su sueño; que no haga nada que pueda dañar a su existencia.
55. En el crepúsculo de la mañana o de la tarde no debe comer, ni ponerse en camino, ni acostarse; que no trace rayas en el suelo y no se quite su guirnalda de flores.
56. Que no arroje al agua ni orina, ni basuras, ni saliva, ni mancha por una sustancia impura, ni sangre, ni venenos.
57. Que no duerma solo en una casa desierta; que no despierte a un hombre dormido que le es superior en riqueza y en ciencia; que no dé conversación a una mujer que tiene flujo de sangre; que no vaya a hacer un sacrificio sin estar acompañado por un celebrante.
58. En una capilla consagrada al fuego, en un lugar en que encierran a las vacas, delante de los Brahmanes, leyendo la Santa Escritura y comiendo, debe tener descubierto el brazo derecho.
59. Que no incomode a una vaca que bebe y que no vaya a dar aviso a aquel cuya leche bebe; y cuando vea en el cielo el arco de Indra (arco iris), que no se lo señale a nadie si está al corriente de lo que está permitido y de lo que no lo está.
60. No debe permanecer en una ciudad habitada por hombres que no cumplen con sus deberes, ni hacer una larga estadía en aquella donde son numerosas las enfermedades; que no emprenda viaje solo y que no se quede largo tiempo en una montaña.
61. Que no resida en una ciudad que tenga por rey a un Shudra, ni en la que esté rodeada de gentes perversas o frecuentada por bandas de heréticos que llevan las insignias de su secta, o por hombres que pertenecen a las clases mezcladas.
62. No debe comer sustancia de la que se ha extraído aceite, ni satisfacer en demasía su apetito, ni tomar alimento demasiado temprano en la mañana o demasiado tarde en la tarde, ni comer en la tarde cuando ha comido abundantemente en la mañana.
63. Que no se entregue a ningún trabajo inútil; que no beba agua en la cavidad de su mano; que no coma cosa alguna después de haberla puesto en su regazo y que nunca tenga una curiosidad inoportuna.
64. No debe bailar, ni cantar, ni tocar ningún instrumento de música, excepto en los casos indicados por los Sastras, ni golpearse el brazo con la mano, ni rechinar de dientes lanzando gritos inarticulados, ni hacer escándalo cuando está irritado.
65. Que no se lave nunca los pies en una fuente de latón; que no coma en un plato roto o sobre el que haya sospechas.
66. Que no lleve vestidos, zapatos, un cordón de sacrificio, un ornamento, una guirnalda o un aguamanil que hayan servido a otros.
67. Que no viaje con bestias de carga indóciles o extenuadas por el hambre o la enfermedad, o cuyos cuernos, ojos o pezuñas tengan algún defecto, o cuya cola esté mutilada.
68. Sino que se ponga en marcha con animales bien amaestrados, ágiles, dotados de ventajosos signos, de color agradable, de bella forma y a los que aguije con moderación.
69. Deben evitarse el sol bajo el signo de la Virgen (Kanya), la humareda de una hoguera funeraria y un asiento roto; el dueño de casa no debe nunca cortar por sí mismo sus uñas o sus cabellos, ni acortar sus uñas con los dientes.
70. Que no aplaste sin motivo un terrón de tierra, que no corte hierbas con sus uñas; que no haga acto alguno que no le procure provecho o que podría tener consecuencias desagradables.
71. El hombre que así aplasta terrones de tierra, que corta la hierba con sus uñas o que roe sus uñas, se ve arrastrado rápidamente a su perdición, lo mismo que el detractor y el hombre impuro.
72. Que no se exprese con palabras reprensibles, que no lleve guirnalda excepto sobre su cabeza; montar a lomo de vaca o de toro es cosa condenable en toda circunstancia.
73. Que no penetre de otro modo que por la puerta a una ciudad o a una casa cercada de muros; y en la noche que se mantenga alejado de las raíces de los árboles.
74. No debe nunca jugar a los dados, ni llevar nunca sus zapatos en la mano, ni comer estando acostado en un lecho o teniendo en la mano su alimento o habiéndolo puesto sobre un asiento.
75. Que no coma nada que esté mezclado con sésamo cuando se ha puesto el sol; que nunca duerma aquí abajo enteramente desnudo y que no vaya a ninguna parte después de haber comido sin haberse lavado la boca.
76. Que tome su alimento después de haber mojado sus pies con agua, pero que nunca se acueste con los pies húmedos; el que come teniendo los pies mojados gozará de larga vida.
77. Que no se interne nunca en un lugar impracticable donde no pueda distinguir su camino y que esté embarazado por árboles, lianas y matorrales donde puedan estar escondidos serpientes y ladrones; que no mire la orina o los excrementos y que no pase un río nadando con el auxilio de sus brazos.
78. Que quien desea una larga vida no camine sobre cabellos, ceniza, huesos o cascos, ni sobre granos de algodón, ni sobre menudas pajas de grano.
79. Que no permanezca, aun a la sombra de un árbol, en compañía de gentes degradadas, ni de Chandalas, ni de Pukkasas, ni de locos, ni de hombres apegados a sus riquezas, ni de gentes de la más vil especie, ni de Antyavasayis.
80. Que no dé a un Shudra un consejo, ni los restos de su comida a menos que sea su sirviente, ni la mantequilla de la que una parte ha sido presentada como ofrenda a los Dioses; no debe enseñarle la ley ni práctica alguna de devoción expiatoria, excepto por intermedio de otra persona.
81. En efecto, quien declara la ley a un hombre de la clase servil o le da a conocer una práctica expiatoria es precipitado con él a la mansión tenebrosa llamada Asamvrita.
82. Que no se rasque la cabeza con ambas manos, que no se la toque antes de haber hecho una ablución después de su comida y que no se bañe sin lavársela.
83. Que se cuide de coger a nadie de los cabellos por cólera y de golpearle la cabeza o golpeársela él mismo así, y que después de frotarse la cabeza con aceite no moje con aceite ninguno de sus miembros.
84. No debe aceptarle nada a un rey que no es de estirpe real, ni a personas que viven del producto de una carnicería, de un molino de aceite, de una tienda de destilador o de una casa de prostitutas.
85. Un molino de aceite es tan odioso como diez carnicerías; un destilatorio, como diez molinos de aceite; un lugar de prostitución, como diez tiendas de destilador; semejante rey, como diez personas que tienen casa de tolerancia.
86. Un rey que no pertenece a la clase militar está declarado semejante a un carnicero que explota diez mil carnicerías; recibirle a él es cosa horrible.
87. Quien acepta de un rey ávido y transgresor de las leyes se va, sucesivamente, a los veintiún infiernos (Narakas) siguientes:
88. El Tamisra, el Andhatamisra, el Maharorava, el Rorava, el Naraka, el Kalasutra y el Mahanaraka;
89. El Sanjivana, el Mahavichi, el Tapana, el Sampratapana, el Samghata, el Sakarokola, el Kudmala, el Putimrittika;
90. El Lohasanku, el Rijisha, el Panthana, el río Salmali, la Asipatravana y el Lohadaraka.
91. Conocedores de esta regla, los cuerdos Brahmanes, intérpretes de las Santas Escrituras y deseosos de alcanzar la beatitud después de su muerte, no reciben nunca nada de semejante rey.
92. Que el dueño de casa se despierte en el momento consagrado a Brahmi (la hora de Brahma), es decir, en la última velada de la noche; que reflexione sobre la virtud y sobre las ventajas honestas, sobre las penas corporales que exigen las faltas, sobre la esencia y la significación del Veda.
93. Una vez levantado, habiendo satisfecho las necesidades naturales y habiéndose purificado, concentrando toda su atención, manténgase de pie largo tiempo recitando la Savitri durante el crepúsculo de la mañana, y celebre a su debido tiempo el otro oficio piadoso, el de la tarde.
94. Repitiendo largo tiempo la plegaria de los dos crepúsculos, los Santos (Rishis) obtienen una larga vida, ciencia perfecta, fama durante su existencia, gloria eterna después de la muerte y el brillo que dan los conocimientos sagrados.
95. Que el día de la luna llena del mes de Sravana o del mes de Bhadra, después de haber celebrado, observando la regla, la ceremonia llamada Upakarma, estudie el Brahmán la Santa Escritura con asiduidad durante cuatro meses y medio.
96. Bajo el asterismo lunar de Pushya, celebre fuera de la ciudad la ceremonia llamada donación (Utsarga) de los libros santos, o que la haga el primer día de la quincena del mes de Magha y en la primera mitad de este día.
97. Que después de haber concluido fuera de la ciudad esta ceremonia, según la ley, suspenda su lectura durante este día, la noche siguiente y el otro día, o durante este día y la noche que sigue.
98. Pero que, en seguida, lea con atención los Vedas durante las quincenas iluminadas y que estudie todos los Vedangas durante las quincenas oscuras.
99. Que solo lea pronunciando distintamente y con el requerido acento, pero nunca en presencia de un Shudra; en la última vigilia de la noche, por fatigado que esté, no debe dormirse de nuevo.
100. Que el Dwijo lea todas las plegarias (Mantras) del modo que acaba de prescribirse y que lea igualmente con asiduidad los preceptos (Brahmanas) y las plegarias cuando no tenga impedimento.
101. Que quien estudia la Santa Escritura y quien la enseña a discípulos conforme a las reglas mencionadas se abstenga siempre de leer en las circunstancias siguientes en que está prohibida toda lectura:
102. En la noche, cuando se deja oír el viento, y en el día, cuando el viento levanta polvareda: he aquí, durante la estación de las lluvias, dos casos en que el estudio de los Vedas ha sido prohibido por quienes saben cuándo es oportuno leerlos.
103. Cuando relampaguea, truena, llueve o caen del cielo por todos lados grandes meteoros, debe suspenderse la lectura hasta el mismo momento del día siguiente; así lo ha decidido Manu.
104. Cuando el Brahmán vea que estos accidentes se manifiestan al mismo tiempo, estando encendidos los fuegos para la ofrenda de la tarde y para la de la mañana, sepa que no debe entonces leerse el Veda; e igualmente cuando aparecen nubes fuera de la estación de las lluvias.
105. Cuando haya un ruido sobrenatural (Nirghata), un temblor de tierra o un oscurecimiento de los cuerpos luminosos, aun en tiempo oportuno, sepa que debe posponer la lectura hasta el mismo momento del día que sigue.
106. Mientras arden los fuegos sagrados, si aparecen relámpagos o se escucha el trueno, pero sin lluvia, debe interrumpirse la lectura durante el resto del día o de la noche; y si llega a llover, el Brahmán debe cesar de leer un día y una noche.
107. Los que desean cumplir con sus deberes con la mayor perfección deben suspender siempre su lectura en los pueblos y en las ciudades, y en todos los lugares en que hay un fétido olor.
108. En un pueblo por el que atraviesa un convoy fúnebre, en presencia de un hombre perverso, cuando una persona llora y en medio de una multitud de gentes, debe cesar el estudio del Veda.
109. En el agua, en medio de la noche, satisfaciendo los dos deseos naturales, cuando se conserva en la boca un resto de alimento o cuando se ha tomado parte en una Sraddha, no se debe siquiera meditar en el espíritu sobre el Veda.
110. Un Brahmán instruido que ha recibido una invitación para una ceremonia fúnebre en honor de una sola persona debe quedarse sin estudiar la Santa Escritura por tres días, e igualmente cuando acaba de nacerle al rey un hijo o aparece Rahu (eclipse).
111. Mientras se conserven el olor y la untuosidad de los perfumes en el cuerpo de un Brahmán que ha tomado parte en una Sraddha por una persona, no debe leer la Santa Escritura.
112. Que no estudie acostado en su lecho, ni con los pies sobre una silla, ni estando sentado con las piernas cruzadas y cubierto con un vestido que rodee sus rodillas y sus riñones, ni después de haber comido carne o arroz u otros alimentos que le hubieren dado con ocasión de un nacimiento o de una muerte;
113. Ni cuando hace o se escucha el silbido de las flechas o el son del laúd, ni durante los crepúsculos de la mañana y de la tarde, ni el día de la luna nueva, ni durante el decimocuarto día lunar, ni el día de la luna llena, ni el octavo día lunar.
114. El día de la luna nueva mata al guía espiritual; el decimocuarto día lunar mata al discípulo; el octavo y el de la luna llena borran el recuerdo de la Santa Escritura; en consecuencia, uno debe abstenerse de toda lectura durante estos días lunares.
115. Cuando cae una lluvia de polvo, cuando están inflamadas las cuatro principales regiones del cielo, cuando resuenan los gritos del chacal, del perro, del asno o del camello, el Brahmán no debe leer los Vedas, ni cuando está acompañado.
116. Que no lea cerca de un cementerio, ni cerca de un pueblo, ni en un prado de vacas, ni estando cubierto con el vestido que llevaba durante una plática amorosa con su mujer, ni cuando acaba de recibir una cosa en una Sraddha.
117. Ya sea una criatura animada, ya un objeto inanimado lo que le han dado en una Sraddha, quien lo recibe no debe leer el Veda; pues se dice en este caso que su boca está en su mano.
118. Cuando el pueblo es atacado por ladrones o despierta alarmas en él un incendio, sepa el Brahmán que debe posponer la lectura al día siguiente, lo mismo que en todos los casos de fenómenos extraordinarios.
119. Después de la Upakarma y de la Utsarga debe suspender tres noches la lectura quien quiere cumplir con sus deberes del modo más perfecto; e igualmente después del día de la luna llena del mes de Agrahayana, en los octavos días lunares de las tres siguientes quincenas oscuras debe cesar la lectura día y noche, así como durante el día y la noche del fin de cada estación.
120. Que el Brahmán no lea a caballo, ni sobre un árbol, ni sobre un elefante, ni sobre un barco, ni sobre un camello, ni en un terreno estéril, ni en un carruaje;
121. Ni durante un altercado verbal, ni durante una batalla, ni inmediatamente después de la comida cuando están todavía húmedas sus manos, ni durante una indigestión, ni después de haber vomitado, ni cuando tiene acedías;
122. Ni con perjuicio de las consideraciones debidas a un huésped, ni cuando el viento sopla violentamente, ni cuando mana la sangre de su cuerpo o ha sido herido con un arma.
123. Que si el canto del Sama viene a herir sus oídos, no lea durante este tiempo ni el Rig-Veda ni los Yajus; y que después de haber terminado el estudio de un Veda o de la parte titulada Aranyaka, no comience inmediatamente otra lectura.
124. El Rig-Veda está consagrado a los Dioses; el Yajur-Veda, a los hombres; el Sama-Veda, a los Manes; por esto es que el sonido del Sama-Veda es, en cierto modo, de una pureza particular que exige pausa en otras lecturas.
125. Que sabiendo esto los Brahmanes instruidos, después de haber primero repetido en su orden varias veces la tirada védica (a saber: el monosílabo sagrado, las tres palabras y la Savitri), lean en seguida el Veda todos los días permitidos.
126. Si una vaca u otro animal, una rana, un gato, un perro, una serpiente, una langosta o un ratón pasan entre el maestro y el discípulo, sépase que el primero debe suspender su lectura durante un día y una noche.
127. Hay dos casos en que un Dwijo debe siempre precaverse de leer con el mayor cuidado, a saber: cuando el lugar en que debe leer está manchado y cuando él mismo no se ha purificado.
128. Que durante la noche de la luna nueva, la octava, la de la luna llena y la decimocuarta, el Dwijo dueño de casa sea tan casto como un novicio, aun en la estación favorable al amor conyugal.
129. Que no se bañe después de haber comido, estando enfermo, ni en medio de la noche, ni muchas veces con sus vestidos, ni en un estanque que no conoce bien.
130. Que no atraviese de propósito la sombra de las imágenes sagradas, la de su padre o su guía espiritual, la de un rey, la de un dueño de casa, la de un institutor, la de un hombre de cabellos rojos o de tinte cobrizo, o la de un hombre que ha celebrado un sacrificio.
131. A mediodía o a medianoche, o después de haber comido carne en una comida fúnebre, o en uno u otro de los dos crepúsculos, no se detenga largo tiempo en un sitio en que se encuentran cuatro caminos.
132. Que evite todo contacto voluntario con sustancias untuosas que un hombre ha empleado para frotarse el cuerpo, con el agua que ha servido para un baño, con orina, excrementos, sangre, materia mucosa y cosas escupidas o vomitadas.
133. Que no halague a un enemigo, al amigo de un enemigo, a un hombre perverso, a un ladrón, ni a la mujer de otro.
134. Pues nada hay en el mundo que más se oponga a la prolongación de la vida que cortejar a la mujer de otra persona.
135. Que el Dwijo que desea un acrecentamiento de riquezas no desprecie jamás a un Kshatriya, a una serpiente o a un Brahmán muy versado en la Santa Escritura, por mayor pobreza en que estén.
136. Pues estos tres seres pueden causar la muerte de quien los desprecia; en consecuencia, el hombre cuerdo no debe nunca mirarlos con desdén.
137. Que no se desprecie nunca a sí mismo por sus malos éxitos precedentes; que aspire a la fortuna hasta su muerte y que no se figure que esta es difícil de obtener.
138. Que diga la verdad, que diga cosas que agraden, que no exprese verdades desagradables y que no profiera mentiras oficiosas: tal es la eterna ley.
139. Que diga: «Bien, bien», o que diga: «Bien»; que no conserve enemistades sin motivo y que no busque pleito a nadie intempestivamente.
140. Que no se ponga en viaje muy pronto en la mañana, ni muy avanzada la tarde, ni hacia el mediodía, ni en compañía de un desconocido, ni solo, ni con gentes de la clase servil.
141. Que no insulte a quienes tienen un miembro de menos, ni a los que tienen uno de más por deformidad, ni a los ignorantes, ni a las gentes de edad, ni a los hombres desprovistos de belleza, ni a quienes no tienen bienes, ni a aquellos cuyo nacimiento es vil.
142. Que el Brahmán que no ha hecho ablución después de haber comido o después de haber satisfecho las necesidades naturales no toque con la mano a una vaca, ni a un Brahmán, ni al fuego; y que cuando esté en buena salud no mire nunca los cuerpos luminosos del firmamento antes de haberse purificado.
143. Que si se le ocurre tocarlos hallándose en estado de impureza, haga una ablución; y que en seguida, con agua cogida en la cavidad de su mano, moje sus órganos de los sentidos, sus miembros todos y su ombligo.
144. Que si no está enfermo, no toque sin motivo sus órganos huecos; que igualmente evite llevar la mano a la parte velluda de su cuerpo, que debe estar escondida.
145. Que observe exactamente las costumbres propicias y las reglas de conducta establecidas; que sea puro de cuerpo y de espíritu, dueño de sus órganos, que recite la plegaria en voz baja y haga constantemente y sin interrupción las ofrendas al fuego.
146. Ninguna desgracia es de temer para quienes observan los usos propicios y las reglas de conducta establecidas, para los que están siempre en perfecto estado de pureza, para los que repiten la oración en voz baja y hacen las oblaciones al fuego.
147. Que el Brahmán recite en tiempo conveniente, con la mayor exactitud, la parte del Veda que debe repetir todos los días y que se compone del monosílabo AUM, de las tres palabras Bhur, Bhuvah, Swar y de la Savitri; a este deber lo han declarado principal los sabios; todo otro deber es llamado secundario.
148. Por su aplicación a recitar el Texto Santo, por su perfecta pureza, por rigurosas austeridades y por su cuidado de no dañar a los seres animados, un Brahmán trae a su recuerdo su nacimiento precedente.
149. Recordando su nacimiento precedente, se aplica de nuevo a recitar el Texto Sagrado, y por esta aplicación constante llega a gozar de la felicidad eterna que consiste en la liberación final.
150. Que haga constantemente el día de la luna nueva y el de la luna llena las ofrendas santificadas por la Savitri y las oblaciones propiciatorias; y que ofrezca siempre su tributo de veneración a los Manes al octavo y al noveno días lunares de las tres quincenas oscuras después de la luna llena del mes de Agrahayana, celebrando las ceremonias prescritas.
151. Que deposite lejos del lugar en que se alimenta el fuego sagrado las basuras, el agua que ha servido para lavar los pies, los restos del alimento y el agua que se ha empleado en un baño.
152. Que durante el fin de la noche y la primera parte del día satisfaga sus necesidades naturales, se vista, se bañe, lave sus dientes, ponga colirio sobre sus ojos y adore a las Divinidades.
153. Que el día de la luna nueva y los otros días lunares prescritos se acerque respetuosamente a las imágenes de los Dioses, a los Brahmanes virtuosos y al Soberano para obtener su protección, y a los parientes que debe reverenciar.
154. Que salude humildemente a los hombres respetables que vienen a verlo y les dé su propio asiento, que se siente cerca de ellos con las manos juntas, y los siga por detrás cuando se van.
155. Que observe sin descanso las costumbres excelentes declaradas perfectamente en el Libro Revelado y en las colecciones de las leyes, ligadas a prácticas particulares y sobre las que reposa el deber religioso y civil.
156. Pues practicando estas costumbres obtiene larga vida, la posteridad que desea y riquezas inagotables; la observancia de estas costumbres destruye los signos funestos.
157. El hombre que tiene malos hábitos está expuesto en este mundo a la censura general; siempre desgraciado, presa de las enfermedades, no goza sino de corta existencia.
158. Aunque desprovisto de todos los signos que anuncian la prosperidad, el hombre que observa buenas costumbres, cuya fe es pura y que no murmura de nadie, debe vivir cien años.
159. Que evite cuidadosamente todo acto que depende del auxilio de otro; que se dedique, por el contrario, a toda función que no dependa sino de sí mismo.
160. Todo lo que depende de otro causa pesar, todo lo que depende de sí trae placer; sepa que tal es, en suma, el motivo del placer y de la pena.
161. Uno debe apresurarse a realizar todo acto que no está prescrito ni prohibido y que causa interiormente una dulce satisfacción a quien lo hace; pero es preciso abstenerse de lo que produce el efecto contrario.
162. Que el Dwijo evite hacer mal alguno a su institutor, a quien le ha explicado el Veda, a su padre, a su madre, a su maestro espiritual, a los Brahmanes, a las vacas y a los que practican austeridades.
163. Que se cuide del ateísmo, del desprecio a la Santa Escritura y a los Dioses, del odio, de la hipocresía, del orgullo, de la cólera y de la acritud de humor.
164. Que nunca levante su bastón sobre otra persona por cólera, y que nunca golpee con él a nadie, a excepción de su hijo y de su discípulo; puede castigarlos con objeto de instruirlos.
165. El Dwijo que se precipita contra un Brahmán con el propósito de herirlo, pero que no lo golpea, está condenado a dar vueltas durante cien años en el infierno llamado Tamisra.
166. Por haberlo golpeado con cólera y a propósito, aunque sea solo con una brizna de hierba, debe renacer durante veintiuna transmigraciones en el vientre de un animal innoble.
167. El hombre que por ignorancia de la ley hace correr sangre del cuerpo de un Brahmán que no le combate sufrirá la más aguda pena después de su muerte.
168. Cuantos granos de polvo absorba la sangre al caer al suelo, tantos otros años será devorado por animales carnívoros en el otro mundo quien ha hecho correr esta sangre.
169. Por esto quien conoce la ley no debe nunca atacar a un Brahmán ni golpearlo, aunque sea con una brizna de hierba, ni hacer correr sangre de su cuerpo.
170. El hombre injusto, el que ha adquirido su fortuna por falsos testimonios, el que se complace sin cesar en hacer el mal, no pueden gozar de felicidad aquí abajo.
171. Por grande que sea la miseria en que uno se encuentre practicando la virtud, no debe uno volver su espíritu a la iniquidad, pues puede verse el pronto cambio que se opera en la situación de los hombres injustos y perversos.
172. La iniquidad cometida en este mundo, del propio modo que la tierra, no produce inmediatamente frutos, pero extendiéndose poco a poco, mina y derriba a quien la ha cometido.
173. Si no es a él, es a sus hijos; si no es a sus hijos, es a sus nietos a quienes está reservada la pena; pero, ciertamente, la iniquidad cometida no deja nunca de tener fruto para su autor.
174. Por medio de la injusticia triunfa algún tiempo; entonces obtiene toda clase de prosperidades; triunfa de sus enemigos; pero perece enseguida con su familia y todo lo que le pertenece.
175. Un Brahmán debe siempre complacerse en la verdad, la justicia, las costumbres honorables y la pureza; debe castigar a sus discípulos con oportunidad y reglamentar sus palabras, su brazo y su apetito.
176. Que renuncie a la riqueza y a los placeres cuando no están de acuerdo con la ley, y a todo acto, aun legal, que preparara un porvenir desgraciado y causara aflicción a las gentes.
177. Que no obre, no camine, no mire inconsideradamente; que no se encamine por vías tortuosas, no sea ligero de palabras, no haga y no medite nada que pueda dañar al otro.
178. Que camine por esta ruta seguida por sus padres y abuelos y que es la de las gentes de bien; mientras la siga no hace el mal.
179. Con un capellán (Ritwij), un consejero espiritual (Purohita), un instructor, un tío materno, un huésped, un protegido, un niño, un hombre de edad, un enfermo, un médico; con sus parientes del lado paterno, con sus parientes por alianza, con sus parientes maternos;
180. Con su padre y su madre, con las mujeres de su familia, con su hermano, su hija y sus sirvientes: no debe tener nunca disputa alguna.
181. Absteniéndose de querellas con las personas mencionadas, un dueño de casa se libra de todos los pecados que ha cometido sin saberlo y, evitando toda clase de disputas con ellas, logra alcanzar los mundos siguientes:
182. Su institutor es dueño del mundo de Brahma; su padre, del de los Creadores (Prajapatis); su huésped, del de Indra; su capellán, del de los Dioses;
183. Sus parientes disponen del mundo de las Ninfas (Apsaras); sus primos maternos, del de los Viswe-Devas; sus parientes por alianza, del de las Aguas; su madre y su tío materno, de la Tierra;
184. Los niños, las gentes de edad, los pobres protegidos y los enfermos deben ser considerados como señores de la atmósfera; su hermano mayor es igual a su padre; su mujer y su hija son como su propio cuerpo;
185. La reunión de sus criados es como su sombra; su hija es muy digno objeto de ternura; en consecuencia, si recibe alguna ofensa de alguna de estas personas, la soporte siempre sin cólera.
186. Que aun cuando a causa de su ciencia y de su devoción esté en su legítimo derecho recibiendo presentes, reprima toda propensión a aceptarlos; pues, si recibe muchos, no tarda en apagarse la energía que le comunica el estudio de la Santa Escritura.
187. Que el hombre sensato que no conoce las reglas prescritas por la ley para la aceptación de los presentes no reciba nada cuando se muere de hambre.
188. El hombre ajeno al estudio de la Santa Escritura y que recibe oro o plata, tierras, un caballo, una vaca, arroz, un vestido, granos de sésamo y mantequilla clarificada es reducido a cenizas como madera a la que se prende fuego.
189. El oro y el arroz preparado consumen su vida; las tierras y una vaca, su cuerpo; un caballo consume sus ojos; un vestido, su piel; la mantequilla clarificada, su virilidad; el sésamo, su posteridad.
190. El Dwijo ajeno a las prácticas de devoción y al estudio del Veda y que tiene, sin embargo, avidez de presentes, se hunde al mismo tiempo que quien le da, como con un barco de piedra en medio del agua.
191. Por lo que el hombre ignorante debe tener recelo de aceptar cualquier cosa; pues el más mínimo presente lo pone en tan desesperada situación como la de una vaca en medio de un cenagal.
192. Quien conoce la ley no debe ofrecer ni siquiera agua a un Dwijo que tiene maneras hipócritas de gato, ni a un Brahmán que tiene las costumbres de la garza, ni al que no conoce el Veda.
193. Toda cosa aun adquirida legalmente que se da a estas tres personas es igualmente perjudicial en el otro mundo al que da y al que recibe.
194. Del mismo modo que quien quiere atravesar el agua en un barco de piedra cae al fondo, así también el ignorante que da y el ignorante que recibe son precipitados al abismo infernal.
195. A quien despliega el estandarte de su virtud, que es siempre ávido, que usa de fraudes, que engaña a las gentes de buena fe, que es cruel y calumnia a todo el mundo, se le considera como que tiene las costumbres del gato.
196. Del Dwijo que tiene siempre baja la mirada, cuyo natural es perverso, que piensa únicamente en su propio provecho, que es pérfido y afecta la apariencia de la virtud, se dice que tiene las maneras de la garza.
197. Los que obran como la garza y los que tienen las costumbres del gato son precipitados al infierno llamado Andhatamisra, en castigo de esta mala conducta.
198. No debe nunca un hombre, con el pretexto de austeridad piadosa, hacer penitencia de un acto culpable tratando así de encubrir su falta con prácticas de devoción y engañando a las mujeres y a los Shudras.
199. Semejantes Brahmanes son despreciados en esta vida y en la otra por los hombres versados en la Santa Escritura, y todo acto piadoso hecho con hipocresía va a los Rakshasas.
200. Quien sin tener derecho a las insignias de una orden gana su sustento llevándolas, carga con las faltas cometidas por aquellos a quienes pertenecen estas insignias y renace en el vientre de una bestia inmunda.
201. Que un hombre no se bañe jamás en el estanque de otro; pues si lo hace se mancha con una parte del mal que ha podido cometer el dueño de este estanque.
202. Quien emplea un coche, una cama, un asiento, un pozo, un jardín, una casa sin que el propietario se los haya entregado, carga con una cuarta parte de las faltas de este.
203. Uno debe bañarse siempre en los ríos, en los estanques cavados en honor de los Dioses, en los lagos, en los arroyos y en los torrentes.
204. Que el cuerdo observe constantemente sus deberes morales (Yamas) con mayor cuidado que los deberes piadosos (Niyamas); el que descuida la observancia de sus deberes morales decae, aun cuando observe todos los deberes piadosos.
205. Un Brahmán nunca debe comer en un sacrificio hecho por un hombre que no ha leído el Veda o celebrado por el sacrificador común de un pueblo, por una mujer o por un eunuco.
206. La ofrenda de mantequilla clarificada hecha por semejantes personas trae desgracia y disgusta a los Dioses; es preciso, pues, evitar semejantes ablaciones.
207. Que nunca coma el alimento ofrecido por un loco, por un hombre encolerizado, por un enfermo, o aquel sobre el que cayere un piojo o el que ha sido tocado a propósito con el pie;
208. Que no reciba tampoco el alimento sobre que ha puesto los ojos un hombre que ha causado un aborto, el que ha sido tocado por una mujer que está en el período de la menstruación, el que ha picoteado un pájaro, el que se ha hallado en contacto con un perro;
209. El que ha olfateado una vaca y en particular el que ha sido pregonado; el de una banda de Brahmanes bribones, el de las cortesanas y el que es despreciado por los hombres versados en la santa doctrina;
210. El de un ladrón, el de un cantor público, el de un carpintero, el de un usurero, el de un hombre que ha celebrado un sacrificio recientemente, el de un avaro, el de un hombre privado de su libertad, el de un hombre cargado de cadenas;
211. El de una persona que a todo el mundo horroriza, el de un eunuco, el de una mujer impúdica, el de un hipócrita; que no reciba las sustancias dulces que se han tornado agrias, las que han sido conservadas una noche, el alimento de un Shudra, los restos de otra persona;
212. El alimento de un médico, de un cazador, de un hombre perverso, de uno que come sobras de un hombre feroz, de una mujer que va a tener un niño, el de un hombre que abandona la comida antes que los otros para hacer su ablución, el de una mujer cuyos días de purificación después del parto no se han vencido todavía;
213. El que no se da con las consideraciones convenientes, la carne que no ha sido ofrecida en sacrificio, el alimento de una mujer que no tiene esposo ni hijo, el de un enemigo, el de una ciudad, el de un hombre degradado, aquel sobre el que se ha estornudado;
214. El de un maldiciente y el de un falso testigo, el de un hombre que vende la recompensa de un sacrificio, el de un bailarín, el de un sastre, el de un hombre que devuelve mal por bien;
215. El de un herrero, el de un Nishada, el de un actor, el de un orfebre, el de un obrero en bambú, el de un armador;
216. El de las gentes que crían perros, el de los mercaderes de licores espirituosos, el de un lavandero, el de un tintorero, el de un malvado, el de un hombre en cuya casa se ha introducido, sin que él lo sepa, el amante de su mujer;
217. El de los hombres que soportan las infidelidades de sus mujeres o que someten a las mujeres en toda circunstancia; el alimento dado para un muerto antes que se hayan vencido los diez días; y, en fin, que no coma todo alimento que no le guste.
218. El alimento dado por un rey quita la virilidad; el de un Shudra, el brillo de la ciencia divina; el de un orfebre, la existencia; el de un zurrador, la reputación.
219. El que da un artesano, un cocinero por ejemplo, anonada toda posteridad; el de un lavandero, la fuerza muscular; el de una banda de bribones y el de una cortesana excluye de los mundos divinos.
220. Comer el alimento de un médico es tragar pus; el de una mujer impúdica, simiente; el de un usurero, excrementos; el de un armador, cosas impuras.
221. El de todas las otras personas mencionadas por orden y cuyo alimento no se debe comer es considerado por los sabios como piel, huesos y cabellos.
222. Por haber comido inadvertidamente el alimento de una de estas personas, es preciso ayunar durante tres días; pero después de haberlo comido con conocimiento de causa debe uno someterse a una penitencia, así como si se ha probado licor seminal, excrementos u orina.
223. Que todo Dwijo instruido no coma el arroz preparado por un Shudra que no hace Sraddha; pero que si está necesitado, acepte arroz crudo en cantidad suficiente para una noche solamente.
224. Los Dioses, después de haber comparado con atención a un teólogo avaro y a un financiero generoso, declararon que el alimento dado por estos dos hombres era de la misma calidad.
225. Pero Brahma, acercándose, les dijo: «No igualéis lo que es diferente; el alimento del hombre generoso está purificado por la fe, el del otro está manchado por la falta de fe».
226. Que un hombre rico haga siempre, sin descanso y con fe, sacrificios y obras caritativas, pues estos dos actos cumplidos con fe, valiéndose de riquezas legalmente adquiridas, obtienen recompensas imperecederas.
227. Que cumpla constantemente con el deber de la liberalidad al hacer sus sacrificios y consagraciones, ya sea en el ámbito consagrado a las oblaciones, ya sea fuera de este ámbito, en cuanto esté en su poder y con el alma contenta, cuando encuentre hombres dignos de sus beneficios.
228. El hombre exento de envidia a quien se implora caridad debe dar siempre algo; sus dones hallarán digno objeto que lo librará de todo mal.
229. El que da agua obtiene contento; el que da alimento, un placer inalterable; el donador de sésamo, la posteridad que desea; el que da una lámpara, una excelente vista.
230. El donador de tierras obtiene propiedades territoriales; el que da oro, larga vida; el donador de casas, magníficos palacios; el que da plata (Rupya), una belleza (Rupa) perfecta.
231. El donador de vestidos llega a la mansión de Chandra (la luna); el que da un caballo (Aswa) llega a la mansión de los dos Aswins; el que da un toro obtiene una gran fortuna; el que da una vaca se eleva al mundo de Surya (el sol).
232. El que da un carruaje o un lecho obtiene una esposa; el que da un refugio, la soberanía; el donador de granos, una eterna satisfacción; el que da la ciencia divina, la unión con Brahma.
233. De todos estos dones que consisten en agua, arroz, vacas, tierras, vestidos, sésamo, oro, mantequilla clarificada y otros, el don de la santa doctrina es el más importante.
234. Cualquiera que sea la intención con que un hombre hace tal o cual don, recibirá recompensa según esta intención, con los honores convenientes.
235. El que ofrece respetuosamente un presente y el que con respeto lo recibe llegan ambos al cielo (Swarga); los que obran de otro modo van al infierno (Naraka).
236. Que un hombre no esté ufano de sus austeridades; que después de haber sacrificado no profiera mentira, no insulte a los Brahmanes aun siendo incomodado por ellos, y que después de haber hecho un don no vaya a pregonarlo por todas partes.
237. Un sacrificio se anula con una mentira; el mérito de las prácticas austeras, con la vanidad; la existencia, con insultar a los Brahmanes; el fruto de las caridades, con el acto de encomiarlas.
238. Que tratando de no afligir a ningún ser animado a fin de no irse solo al otro mundo, acreciente gradualmente su virtud, del mismo modo que las hormigas blancas aumentan su habitación.
239. Pues su padre, su madre, su hijo, su mujer y sus parientes no están destinados a acompañarlo en su paso al otro mundo; solo le quedará la virtud.
240. El hombre nace solo, muere solo, recibe solo la recompensa de sus buenos actos y solo el castigo de sus malos actos.
241. Después de haber abandonado a la tierra su cadáver como un pedazo de madera o un terrón de arcilla, los parientes del hombre se alejan volviendo a otro lado la cabeza; pero la virtud acompaña a su alma.
242. Que poco a poco, sin cesar, aumente, pues, su virtud a fin de no irse solo al otro mundo; pues si la virtud lo acompaña, atraviesa las tinieblas impracticables de las mansiones infernales.
243. El hombre que tiene por principal objeto la virtud y cuyos pecados se han borrado con una austera devoción es transportado inmediatamente al mundo celeste por la virtud, refulgente de luz y revestido de divina forma.
244. Que quien desea hacer llegar a la elevación a su familia contraiga siempre alianzas con los hombres de primera distinción y abandone enteramente a los hombres bajos y despreciables.
245. Contrayendo constantemente lazos con los hombres más honorables y huyendo de las gentes viles y despreciables, un Brahmán llega al primer lugar; con una conducta contraria se rebaja a la clase servil.
246. El que es tenaz en lo que emprende, dulce, paciente, ajeno a la sociedad de los malos e incapaz de hacer daño, si persiste en su buena conducta obtendrá el cielo por su continencia y su caridad.
247. Puede aceptar de todo el mundo madera, agua, raíces, frutos, el alimento que le ofrezcan sin que él lo pida, miel y protección contra el peligro.
248. Una limosna en dinero traída y ofrecida que no haya sido solicitada ni prometida antes puede recibirla aun el hombre culpable de una mala acción; tal es el sentir de Brahma.
249. Los Manes de los antepasados de quien desprecia esta limosna no toman parte alguna en la comida fúnebre durante quince años; y durante quince años el fuego no eleva la oblación de mantequilla clarificada hacia los Dioses.
250. No debe rechazarse orgullosamente un lecho, casas, briznas de Kusa, perfumes, agua, flores, piedras preciosas, leche cuajada, cebada tostada, pescado, leche, carne o hierbas.
251. Que el dueño de casa acepte de quienquiera si quiere ayudar a su padre y a su madre y a las otras personas que tienen derecho a su respeto, a su mujer y a todos aquellos a quienes debe protección; o si permanece separado de ellos en su casa, debe, al buscar su sustento, no recibir nada sino de las gentes de bien.
252. Pero si sus parientes han muerto o si permanece separado de ellos en su casa, debe, al buscar su sustento, no recibir nada sino de las gentes de bien.
253. Un labrador, el amigo de la familia, un pastor, un esclavo y un barbero, un desgraciado que viene a ofrecerse para trabajar, son hombres de la clase servil que pueden comer el alimento que les dan las personas a quienes están ligados.
254. El pobre que viene a ofrecerse debe declarar quién es, lo que desea hacer y en qué servicio puede ser empleado.
255. El que da de sí a las gentes de bien datos contrarios a la verdad es el ser más criminal que hay en el mundo; se apropia con un robo un carácter que no es el suyo.
256. Es la palabra la que determina todas las cosas, es la base de ellas, proceden todas de la palabra; el bribón que la roba para que sirva a su falsedad roba toda cosa.
257. Que después de haber cumplido, siguiendo la regla, con sus deudas para con los Santos (Maharshis) leyendo la Escritura; para con los Manes, dando el ser a un hijo; para con los Dioses, celebrando los sacrificios, el jefe de familia, abandonando a su hijo el gobierno de la casa, permanezca en ella completamente indiferente a los asuntos del mundo, encaminados todos sus pensamientos al Ser Supremo.
258. Que solo, y en un lugar apartado, medite constantemente en la futura felicidad de su alma, pues meditando de tal modo alcanza la beatitud suprema, que es la absorción en Brahma.
259. Tal es la manera de vivir constante del Brahmán dueño de casa; tales son las reglas prescritas para quien ha terminado su noviciado, reglas dignas de elogio que aumentan la cualidad de bondad.
260. Conformándose a estos preceptos, el Brahmán que conoce los Libros Santos se libra de todo pecado y obtiene la gloria de ser absorbido para siempre en la Esencia Divina.
LIBRO V: Dietética, Purificación y Reglas sobre la Mujer
1. Habiendo escuchado los Santos la declaración de las leyes que conciernen a los dueños de casa, se dirigieron en los términos siguientes al magnánimo Bhrigu, que procedía del fuego:
2. «¡Oh maestro!; ¿Cómo puede la muerte, antes de la edad fijada por el Veda, extender su poder sobre los Brahmanes que cumplen con sus deberes tal como les han sido establecidos y que conocen los Libros Santos?».
3. El virtuoso Bhrigu, hijo de Manu, dijo entonces a estos ilustres Santos: «Oíd por qué faltas la muerte trata de destruir la existencia de los Brahmanes.
4. Cuando descuidan el estudio de los Vedas, abandonan las costumbres aprobadas, cumplen indolentemente con sus deberes piadosos o infringen las reglas de abstinencia, la muerte ataca su existencia.
5. El ajo, la cebolla, los puerros, los hongos y todos los vegetales que han brotado en medio de materias impuras, no deben comerlos los Dwijos.
6. Las gomas rojizas que exudan los árboles y que se endurecen, las que se sacan por medio de incisiones, el fruto del Selu, la leche de una vaca acabada de parir y que se hace espesar en el fuego, debe evitarlos con el mayor cuidado un Brahmán.
7. Arroz hervido con sésamo, Samyava, arroz cocido con leche y un pastel de harina que no han sido previamente ofrendados a una Divinidad, las carnes que no se tocaron recitando plegarias, el arroz y la mantequilla clarificada destinados a ser presentados a los Dioses y cuya oblación no se ha celebrado,
8. La leche fresca de una vaca antes que hayan transcurrido diez días desde que parió, la de la hembra del camello o de un cuadrúpedo que no tiene el casco hendido, la leche de una oveja, la de una vaca en celo o que ha perdido su ternero,
9. La de todas las bestias salvajes que moran en los bosques, excepto la búfala, la de una mujer y toda sustancia ordinariamente dulce pero que se ha tornado ácida, deben evitarse.
10. Entre estas sustancias ácidas puede comerse leche de mantequilla, así como todo lo que se prepara con leche de mantequilla y todos los ácidos que se extraen de las flores, de las raíces y de las frutas que no tienen propiedades dañosas.
11. Que todo Dwijo se abstenga de los pájaros carnívoros sin excepción, de los pájaros que viven en las ciudades, de los cuadrúpedos de pezuña no hendida, excepto los que permite la Santa Escritura, y del pájaro denominado Tittibha;
12. Del gorrión, del somorgujo, del cisne (Hansa), del Chakravaka, del gallo de pueblo, del Sarasa, del Rajjudala, del pico verde (Datyaha), del loro y de la Sarika;
13. De las aves que golpean con el pico, de las aves palmípedas, del avefría, de las aves que desgarran con las garras, de las que se sumergen para comer peces; que se abstenga de la carne expuesta en la tienda de un carnicero y de carne seca;
14. De la carne de la garza, de la Balaka, del cuervo, del aguzanieve, de los animales anfibios que comen peces, de los puercos domesticados y, en fin, de todos los peces cuyo empleo no está permitido.
15. Al que come la carne de un animal se le llama comedor de este animal; el comedor de pescado es un comedor de toda clase de carnes; es preciso, pues, abstenerse de pescado.
16. Pueden comerse los dos pescados denominados Pathina y Rohita en una comida dada en honor de los Dioses y de los Manes, así como el Rajiva, el Simhatunda y el Sasalka de toda clase.
17. Que no coma los siguientes animales que viven apartados, ni las bestias feroces, ni los pájaros que no conoce (aunque no estén en el número de los que no debe comer), ni los que tienen cinco garras.
18. Los legisladores han declarado que están permitidos entre los animales que tienen cinco garras: el erizo, el puercoespín, el cocodrilo del Ganges, el rinoceronte, la tortuga y la liebre, así como todos los cuadrúpedos que no tienen sino una fila de dientes, con excepción del camello.
19. El Dwijo que intencionadamente ha comido un hongo, la carne de un puerco o de un gallo de pueblo, ajo, un puerro o una cebolla, está degradado inmediatamente.
20. Pero si ha comido involuntariamente una de estas seis cosas, haga la penitencia del Santapana o del Chandrayana de los religiosos ascéticos; tratándose de otras cosas, ayune un día entero.
21. El Dwijo debe cada año hacer una penitencia llamada Prajapatya para purificarse de la mancha que ha caído sobre él por comer, sin saberlo, alimentos prohibidos; y si lo ha hecho a sabiendas, sufra la penitencia particular ordenada en este caso.
22. A las bestias salvajes y a los pájaros cuyo empleo está aprobado pueden matarlos los Brahmanes para el sacrificio y para el alimento de aquellos a quienes deben sostener; pues Agastya lo hizo en otro tiempo.
23. En efecto, se presentaba a los Dioses la carne de las bestias salvajes y de los pájaros que la ley permite comer, en los antiguos sacrificios y en las ofrendas hechas por Brahmanes y por Kshatriyas.
24. Todo alimento susceptible de ser comido o tragado, y que no ha sido absolutamente manchado, puede comerse si se le agrega aceite, aunque haya sido conservado durante toda la noche; pasa lo mismo con las sobras de mantequilla clarificada.
25. Todo guiso preparado con cebada o con trigo o aderezado de diferentes maneras con leche, aunque no esté mezclado con aceite, pueden comerlo los Dwijos, aun cuando haya sido conservado durante algún tiempo.
26. Han sido declarados sin omisión alguna los alimentos cuyo empleo está permitido o prohibido a los Dwijos; voy a declararos ahora las reglas que deben observarse para comer carne o abstenerse de ella.
27. Que el Dwijo coma carne cuando ha sido ofrecida en sacrificio y santificada por las plegarias usuales, o una sola vez cuando lo desean algunos Brahmanes, o en una ceremonia religiosa cuando la regla lo obliga a ello, o cuando su vida está en peligro.
28. Es para mantener el espíritu vital para lo que Brahma ha producido este mundo: todo lo que existe, móvil o inmóvil, sirve de alimento al ser animado.
29. Los seres inmóviles son presa de los que se mueven; los seres privados de dientes, de los que están provistos de ellos; los seres sin manos, de los que las tienen; los cobardes, de los bravos.
30. Quien, aun todos los días, se nutre con carne de los animales que está permitido comer no comete falta, pues Brahma ha creado a ciertos animales animados para ser comidos y a otros para no comerlos.
31. Comer carne solamente para el cumplimiento del sacrificio ha sido declarado que es la regla de los Dioses; pero obrar de otro modo está llamado regla de los Gigantes (Rakshasas).
32. El que come la carne de un animal que ha comprado o que ha criado él mismo o que ha recibido de otro, solo después de haberla ofrecido a los Dioses o a los Manes, no incurre en culpa.
33. Que el Dwijo que conoce la ley no coma nunca carne sin conformarse a esta regla, a menos que tenga necesidad urgente; pues si infringe esta regla será devorado en el otro mundo por los animales de cuya carne ha comido ilícitamente, sin poder oponerles resistencia.
34. A la falta del que mata bestias feroces, seducido por el incentivo de la ganancia, no se la considera en el otro mundo tan grande como a la falta del Dwijo que come carnes sin haberlas ofrendado previamente a los Dioses.
35. Pero el hombre que durante la ceremonia religiosa rehusa comer carne de los animales sacrificados, cuando está obligado a ello por la ley, renace en estado animal después de su muerte, durante veintiuna transmigraciones sucesivas.
36. Un Brahmán no debe nunca comer la carne de los animales que no han sido consagrados con plegarias (Mantras); pero que coma, conformándose a la regla eterna, cuando han sido consagrados con palabras sagradas.
37. Que haga con mantequilla clarificada o con pasta la imagen de un animal cuando tenga el deseo de comer carne; pero que nunca tenga la idea de matar a un animal sin hacer ofrenda de él.
38. Cuantos pelos haya tenido el animal en el cuerpo, tantas otras veces quien lo degüella de ilícita manera perecerá de muerte violenta en cada uno de los nacimientos que seguirán.
39. El ser que existe por su propia voluntad ha creado a los animales para el sacrificio, y el sacrificio es causa del acrecentamiento del universo; por lo que la muerte cometida para el sacrificio no es un crimen.
40. Las hierbas, el ganado, los árboles, los animales anfibios y los pájaros cuya existencia ha sido interrumpida por los sacrificios recaen en condición más elevada.
41. Cuando se recibe a un huésped con ceremonias particulares, cuando se hace un sacrificio, cuando se hacen ofrendas a los Manes o a los Dioses, pueden inmolarse animales; pero no en cualquier otra circunstancia: tal es la decisión de Manu.
42. El Dwijo que conoce bien la esencia y la significación de la Santa Escritura, cuando mata animales en las ocasiones que acaban de mencionarse, alcanza para sí y para los animales inmolados una mansión de felicidad.
43. Todo Dwijo dotado de un alma generosa, ora habite en su propia casa o en la de su padre espiritual, ora en el bosque, no debe cometer crimen alguno contra los animales, aun en caso de miseria.
44. El mal prescrito y fijado por la Santa Escritura y que se practica en este mundo compuesto de seres móviles e inmóviles, no debe ser considerado como mal; pues es de la Santa Escritura de donde procede la ley.
45. El que por gusto mata inocentes animales no ve acrecentarse su felicidad durante su vida ni después de su muerte.
46. Pero el que no causa de motu propio a los seres animados las penas de la esclavitud y de la muerte y que desea el bien de todas las criaturas, goza de una felicidad sin fin.
47. Quien no hace daño a ningún ser logra todo sin dificultad, cualquiera que sea la cosa que se proponga, que haga, o a la que ligue su pensamiento.
48. No es haciendo daño a los animales como uno puede procurarse carne; y la muerte de un animal cierra el acceso del paraíso; debe uno, pues, abstenerse de comer carne sin observar la regla prescrita.
49. Que considerando atentamente la formación de la carne y la muerte o la esclavitud de los seres animados, el Dwijo se abstenga de toda clase de carne, aun de la que está permitida.
50. El que, conformándose a la regla, no come carne como un Vampiro (Pishacha), se concilia el afecto en este mundo y no sufre enfermedades.
51. El hombre que consiente en la muerte de un animal, el que lo mata, el que lo corta en pedazos, el comprador, el vendedor, el que prepara la carne, el que la sirve, en fin, el que la come, están mirados como partícipes en el crimen.
52. No hay mortal más culpable que aquel que desea aumentar su propia carne por medio de la carne de los otros seres, sin honrar previamente a los Manes y a los Dioses.
53. El hombre que hiciera cada año el sacrificio de un caballo (Aswamedha), y el que durante su vida no comiera carne, obtendrían igual recompensa por sus méritos.
54. Viviendo de frutos y de raíces puras y de los granos que sirven de alimento a los anacoretas, no se obtiene tan gran recompensa como absteniéndose enteramente de la carne de los animales.
55. «Me devorará en el otro mundo aquel de cuya carne como aquí abajo»: de esta reflexión deriva ciertamente, según los sabios, la palabra Mamsa (carne).
56. No es una falta comer carne, beber licores espirituosos o entregarse al amor en los casos en que está permitido esto; la inclinación de los hombres los lleva a ello; pero abstenerse es muy meritorio.
57. Voy a declarar ahora del modo conveniente, y siguiendo el orden relativo a las cuatro clases, las reglas de purificación por los muertos y las de la purificación de las cosas inanimadas.
58. Cuando un niño tiene todos sus dientes y cuando después de salirle los dientes se le ha hecho la tonsura y la investidura del cordón, si ocurre que muere, todos sus parientes son impuros; al nacer el niño es idéntica la regla.
59. Ha sido declarado por la ley que la impureza ocasionada por un cuerpo muerto dura diez días y diez noches para los Sapindas o hasta el momento en que son recogidos los huesos; es decir, durante cuatro días, o solamente durante tres días o simplemente uno solo, según los méritos de los Brahmanes parientes del muerto.
60. El parentesco de los Sapindas o de los hombres ligados entre ellos por la ofrenda de los pasteles (Pindas) cesa con la séptima persona o el sexto grado de ascendencia y descendencia; el de los Samanodakas o de los que están ligados por una oblación igual de agua cesa cuando su origen y los nombres de familia ya no se conocen.
61. Así como ha sido establecida esta impureza para los Sapindas cuando un pariente muere, así sea también observada al nacer un niño por cuantos buscan una perfecta pureza.
62. La mancha causada por un muerto es común a todos los Sapindas; pero la del nacimiento no es sino para el padre y la madre; y para la madre sobre todo, pues el padre se purifica bañándose.
63. El hombre que ha esparcido su simiente se purifica con un baño; si ha dado el ser a un niño por su unión con una mujer ya casada con otro, que expíe su falta con una purificación de tres días.
64. En un día y una noche agregados a tres veces tres noches se purifican los Sapindas que han tocado un cadáver, cualquiera que sea su mérito; los Samanodakas, en tres días.
65. Un discípulo que celebra la ceremonia de los funerales de su director, del que no es pariente, no está purificado sino al término de diez noches; es igual en este caso a los Sapindas que cargan el cuerpo.
66. Una mujer que ha abortado está purificada en tantas noches como meses han transcurrido desde la concepción; y una mujer que está en el período de la menstruación se purifica bañándose, cuando se ha detenido el flujo sanguíneo.
67. Tratándose de hijos varones que mueren antes de haber sido tonsurados, la purificación es, según la ley, de un día y una noche; pero cuando se les ha hecho la tonsura, se requiere una purificación de tres noches.
68. Un niño muerto antes de la edad de dos años, y que no ha sido tonsurado, debe ser transportado por sus padres fuera de la ciudad, adornado de guirnaldas de flores y debe ser depositado en tierra pura, sin que más tarde se recojan sus huesos.
69. No debe hacerse por causa de él la ceremonia con fuego consagrado ni libaciones de agua; después de haberlo dejado como un pedazo de madera en el bosque, sus parientes deben someterse a una purificación de tres días.
70. Los parientes no deben libación de agua por un niño que no tenía tres años cumplidos; pueden, sin embargo, hacerla si el niño tenía todos sus dientes o si le habían puesto nombre.
71. Un Dwijo es impuro durante un día y una noche si muere su compañero de noviciado; al nacer un niño está prescrita para los Samanodakas una purificación de tres noches.
72. Los parientes por alianza de las señoritas que son novias, pero que no están casadas, se purifican en tres días si estas llegan a morir; los parientes paternos de ellas se purifican del mismo modo si la muerte ocurre después del matrimonio.
73. Que se nutran con arroz no sazonado, con sal natural, que se bañen durante tres días, que se abstengan de carne y se acuesten aparte en la tierra.
74. Tal es la regla de la impureza causada por la muerte de un pariente cuando uno se encuentra en el mismo lugar; pero, en caso de estar alejado, he aquí la regla que deben seguir los Sapindas y los Samanodakas:
75. El que tiene noticia, antes de la expiración de los diez días de impureza, de que uno de sus parientes ha muerto en un país lejano, es impuro durante el resto de los diez días.
76. Pero si ha pasado el décimo día, es impuro durante tres noches; y si ha transcurrido un año, se purifica bañándose.
77. Si cuando se han vencido los diez días un hombre tiene noticia de la muerte de un pariente o del nacimiento de un hijo varón, se purifica sumergiéndose en el agua con sus vestidos.
78. Cuando un niño que no tiene todos sus dientes todavía, o un Samanodaka, muere en un país lejano, su pariente se purifica inmediatamente bañándose vestido.
79. Si durante los diez días ocurre una nueva muerte o un nuevo nacimiento, un Brahmán solo permanece en estado de impureza mientras no han transcurrido los diez días iniciales.
80. Ha sido declarado que cuando muere un institutor la impureza de su discípulo dura tres noches; un día y una noche si mueren el hijo o la mujer del institutor: tal es la regla establecida.
81. Cuando fallece un Brahmán que ha leído toda la Santa Escritura, el hombre que vive en la misma casa está manchado durante tres noches; y durante dos días y una noche tratándose de un tío materno, de un discípulo, de un capellán y de un pariente lejano.
82. Cuando un hombre reside en el mismo lugar que un soberano de la raza real y muere este, es impuro mientras dura el fulgor del sol y de las estrellas, según que el suceso haya ocurrido de día o de noche; es impuro durante un día entero cuando muere un Brahmán que reside en la misma casa y que no ha leído todos los Libros Santos, o un maestro espiritual que conoce solamente una parte de los Vedas y de los Vedangas.
83. Un Brahmán que no es recomendable por su conducta ni por su saber se torna puro en diez días cuando muere un Sapinda iniciado o cuando nace un niño a tiempo; un Kshatriya, en doce días; un Vaishya, en quince; un Shudra, en un mes.
84. Ningún hombre debe prolongar los días de impureza ni interrumpir las oblaciones a los fuegos sagrados; mientras las hace, aunque sea Sapinda, no puede estar impuro.
85. El que ha tocado a un Chándala, a una mujer que está en la época de la menstruación, a un hombre degradado por un gran crimen, a una mujer que acaba de dar a luz, a un cuerpo muerto o a una persona que ha tocado un cuerpo muerto, se purifica bañándose.
86. El Brahmán que ha hecho sus abluciones y se ha purificado debe siempre, al ver a un hombre impuro, recitar en voz baja las plegarias (Mantras) al Sol y las oraciones que borran la mancha.
87. Cuando un Brahmán ha tocado un hueso humano todavía grasoso, se purifica bañándose; si no está untuoso el hueso, se purifica tomando agua en la boca y tocando a una vaca o mirando al sol.
88. Un discípulo en teología no debe hacer libaciones de agua en una ceremonia fúnebre antes de que haya concluido su noviciado; pero si una vez terminado hace una libación de agua, necesita tres noches para purificarse.
89. Por quienes descuidan sus deberes, por quienes han nacido de la mezcla impura de las clases, por los mendigos heréticos, por los que abandonan la vida voluntariamente, no debe hacerse libación de agua;
90. Así como tampoco por las mujeres que adoptan las maneras y el vestido de los heréticos, ni por las que tienen vida desarreglada, o que se hacen abortar, o que hacen perecer a sus maridos, o que beben licores espirituosos.
91. Un novicio que transporta el cuerpo de su institutor que le ha hecho estudiar, antes de la investidura, una Sakha o rama del Veda, de su preceptor que le ha enseñado una parte del Veda o un Vedanga, de su director que le ha explicado el sentido de los Libros Santos, de su padre o de su madre, no viola las reglas de su orden.
92. Debe transportarse fuera de la ciudad el cuerpo de un Shudra muerto por la puerta del mediodía; y los de los Dwijos, según el orden de clases, por las puertas del oeste, del norte y del oriente.
93. Los reyes de la raza noble y que han recibido la unción real, los novicios, los hombres que se entregan a piadosas austeridades y los que celebran un sacrificio no pueden sufrir impureza; unos ocupan la sede de Indra; los otros son tan puros como Brahma.
94. Tratándose del rey que está situado en el trono de la soberanía, se ha declarado que la purificación ocurre en el instante mismo; debe este privilegio al puesto eminente que solo se le ha confiado para que vele sin cesar por la salud de los pueblos.
95. La purificación ocurre también inmediatamente por los que mueren en un combate después de que el rey ha hecho retirada, o los muertos por el rayo o por orden del rey, o los que pierden la vida en defensa de una vaca o de un Brahmán, o por todos los que el rey desea que sean puros, como su consejero espiritual (Purohita), a fin de que sus asuntos no sufran demora.
96. El cuerpo de un rey está compuesto de partículas emanadas de Soma, de Agni, de Surya, de Anila, de Indra, de Kubera, de Varuna y de Yama, los ocho principales guardianes del mundo (Lokapalas).
97. Puesto que en la persona del rey residen los guardianes del mundo, está reconocido por la ley que no puede ser impuro, pues los Genios tutelares causan o alejan de los mortales la pureza o la impureza.
98. El que muere de una herida de espada en un combate, cumpliendo con el deber de un Kshatriya, hace en ese momento el más meritorio sacrificio y la purificación por él ocurre en el instante mismo: tal es la ley.
99. Cuando están por terminar los días de impureza, el Brahmán que ha hecho una Sraddha se purifica tocando agua; un Kshatriya, tocando a su caballo, su elefante o sus armas; un Vaishya, tocando su aguijón o las riendas de sus bueyes; un Shudra, tocando su bastón.
100. El modo de purificación que concierne a los Sapindas os ha sido declarado, ¡oh jefes de los *Dwijos!; aprended ahora el medio de purificarse con ocasión de la muerte de un pariente más alejado.
101. Un Brahmán, después de haber transportado, con el afecto que se tiene a un pariente, el cuerpo de un Brahmán que no le es Sapinda o el de alguno de los próximos parientes de su madre, se purifica en tres noches.
102. Pero si acepta el alimento ofrecido por los Sapindas del muerto, necesita diez días para purificarse; si no come nada, queda purificado en un día, a no ser que resida en la misma casa que el difunto; pues en este caso requiere una purificación de tres días.
103. Después de haber seguido voluntariamente al cortejo fúnebre de un pariente paterno o de cualquiera otra persona, si se baña enseguida vestido, se purifica tocando el fuego y comiendo mantequilla clarificada.
104. No debe hacerse llevar por un Shudra al cementerio el cuerpo de un Brahmán cuando están presentes personas de su clase; pues la ofrenda fúnebre, mancillándose por el contacto con un Shudra, no facilita el acceso del cielo al difunto.
105. La ciencia sagrada, las austeridades, el fuego, los alimentos puros, la tierra, el espíritu, el agua, el unto hecho con boñiga de vaca, el aire, las ceremonias religiosas, el sol y el tiempo: he aquí cuáles son los agentes de purificación para los seres animados.
106. De todas las cosas que purifican, la mejor es la pureza en la adquisición de las riquezas; el que conserva su pureza volviéndose rico es realmente puro, y no quien no está purificado sino con tierra y agua.
107. Los hombres instruidos se purifican con el perdón de las ofensas; los que descuidan sus deberes, con los dones; aquellos cuyas faltas son secretas, con la plegaria en voz baja; los que conocen perfectamente el Veda, con las austeridades.
108. La tierra y el agua purifican lo que está manchado; un río está purificado por su corriente; una mujer que ha tenido culpables pensamientos, con su menstruación; un Brahmán se torna puro desligándose de todas las afecciones mundanas.
109. Se limpia con agua la mancha de los miembros del cuerpo del hombre; la del espíritu, con la verdad; la santa doctrina y las austeridades limpian las manchas del principio vital; la inteligencia se purifica con el saber.
110. Las reglas ciertas de la purificación que conciernen al cuerpo acaban de seros declaradas; aprended ahora cuáles son los medios seguros de purificar los diversos objetos de uso.
111. Por los metales, por las piedras preciosas y por toda cosa hecha de piedra, la purificación que prescriben los sabios se practica con ceniza, agua y tierra.
112. Un vaso de oro que no ha contenido sustancia untuosa se purifica con agua, lo mismo que todo lo que se produce en el agua, como el coral, las conchas, las perlas, lo que participa de la naturaleza de la piedra y la plata no cincelada.
113. La unión del fuego y de las aguas ha dado nacimiento al oro y a la plata; en consecuencia, la purificación más estimada para estos dos metales se hace con los elementos que los han producido.
114. Las vasijas de cobre, de hierro, de latón, de estaño, de lata y de plomo serán convenientemente limpiadas con cenizas, ácidos y agua.
115. La purificación prescrita para todos los líquidos consiste en quitar con hojas de Kusa la superficie que ha sido manchada; la de las telas cosidas juntas se hace regándolas con agua muy pura; la de los utensilios de madera, acepillándolos.
116. Los vasos que sirven para el sacrificio, como los vasos en que se bebe el jugo de la asclepiada (Soma) y aquellos en que se guarda mantequilla clarificada, deben frotarse con la mano y lavarse en el momento del sacrificio.
117. Las vasijas en que se prepara la oblación, las diferentes cucharas con que se arroja al fuego la mantequilla clarificada, el vaso de hierro, el harnero, el cesto, la mano de mortero y el mortero, deben purificarse con agua caliente.
118. Regándolos se purifican los granos y los vestidos cuando están en cantidad que excede del peso de un hombre; pero si están en pequeña cantidad, la ley ordena lavarlos.
119. Las pieles y las canastas de caña tejida se purifican del mismo modo que los vestidos; en cuanto a las hierbas, las raíces y las frutas, se requiere la misma purificación que para los granos.
120. Se purifican las telas de seda o de lana con tierras salinas; los tapices de lana del Nepal, con los frutos molidos del jaboncillo; las túnicas y los mantos, con los frutos de Vilva; los tejidos de lino, con granos de mostaza blanca aplastados.
121. Los utensilios hechos con concha, cuerno, hueso o marfil debe purificarlos el hombre instruido como los tejidos de lino: añadiendo orina de vaca o agua.
122. Se purifican la hierba, la leña y la paja regándolas con agua; una casa, barriéndola, frotándola y untándola con boñiga de vaca; una vasija de barro, haciéndola cocer por segunda vez.
123. Pero cuando una vasija de barro ha estado en contacto con licor espirituoso, con orines, con excrementos, con escupitajos, con pus o con sangre, no quedará purificada ni con una nueva cocción.
124. Se purifica el suelo de cinco modos: barriéndolo, untándolo con boñiga de vaca, regándolo con orina de vaca, raspándolo y haciendo permanecer vacas en él durante un día y una noche.
125. Una cosa picoteada por un pájaro, olfateada por una vaca, sacudida con el pie, sobre la que se ha estornudado o que ha sido manchada por el contacto de un piojo, se purifica con una aspersión de tierra.
126. Todo el tiempo que el olor y la humedad causados por una sustancia impura permanecen sobre el objeto manchado, es preciso emplear tierra y agua para las purificaciones de los objetos inanimados.
127. Los Dioses han asignado a los Brahmanes tres cosas puras que les son particulares, a saber: la cosa que ha sido manchada sin que ellos lo sepan, la que riegan con agua en caso de duda y la que ordenan que lo sea diciendo: «Que esta cosa sea pura para mí».
128. Las aguas en las que una vaca puede apagar su sed son puras cuando fluyen sobre una tierra pura, cuando no están manchadas por ninguna suciedad y cuando son agradables por su olor, su color y su gusto.
129. La mano de un artesano es siempre pura mientras trabaja, lo mismo que la mercadería expuesta para ser vendida; el alimento dado a un novicio que mendiga no está nunca manchado: tal es la regla establecida.
130. La boca de una mujer es siempre pura; un pájaro es puro en el momento en que deja caer una fruta; un animal tierno, mientras mama; un perro, cuando persigue a las bestias feroces.
131. La carne de una bestia salvaje matada por los perros ha sido declarada pura por Manu, así como la del animal muerto por otros carnívoros o por gentes que viven de la caza, como los Chándalas.
132. Todas las cavidades que se hallan encima del ombligo son puras; las que se hallan por debajo son impuras, así como todas las secreciones que salen del cuerpo.
133. Las moscas, las gotitas de saliva que se escapan de la boca, la sombra misma de una persona impura, una vaca, un caballo, los rayos del sol, el polvo, la tierra, el aire y el fuego que han tocado objetos impuros, deben ser siempre considerados de contacto puro.
134. Para purificar los órganos por los que salen los excrementos y la orina deben emplearse agua y tierra en la cantidad que se necesite, así como para limpiar las doce impurezas del cuerpo.
135. Los sudores grasosos, el licor seminal, la sangre, la grasa de la cabeza, la orina, los excrementos, los mocos de la nariz, la suciedad de las orejas, el humor flemático, las lágrimas, las concreciones de los ojos y el sudor son las doce impurezas del cuerpo humano.
136. Quien desea la pureza debe emplear un pedazo de tierra con agua para el conducto de la orina; debe emplear tres para el ano; diez para una mano (la izquierda, que es la que debe emplearse para esta purificación) y siete para las dos, o más si es necesario.
137. Esta purificación es la de los dueños de casa; la de los novicios debe ser el doble; la de los anacoretas, el triple; la de los mendigos ascéticos, el cuádruple.
138. Una vez depuesta la orina o los excrementos, uno debe lavarse la boca, después de la purificación más arriba mencionada; después mojar las cavidades del cuerpo; y lo mismo debe hacerse cuando se va a leer el Veda y siempre en el momento de comer.
139. Que el Dwijo tome primero agua en la boca tres veces consecutivas y se limpie enseguida dos veces la boca si desea la pureza de su cuerpo; una mujer y un Shudra no hacen esto sino una vez.
140. Los Shudras que se conforman a los preceptos de la ley deben hacerse afeitar la cabeza una vez por mes; su modo de purificación es el mismo que el de los Vaishyas, y su alimento deben formarlo las sobras de los Brahmanes.
141. Las gotitas de saliva que caen de la boca sobre una parte del cuerpo no lo tornan impuro, así como tampoco los pelos de la barba que entran en la boca ni lo que se introduce entre los dientes.
142. Las gotas de agua que destilan sobre los pies de quien presenta agua a los otros para su ablución deben reconocerse como semejantes a las que manan sobre un suelo puro; no se puede ser manchado por ellas.
143. El que llevando una carga de cualquier modo que sea es tocado por un hombre o un objeto impuro, puede purificarse sin descargar lo que lleva haciendo una ablución.
144. Después de haberse bañado o después de haberse purgado, debe uno bañarse y comer mantequilla clarificada; cuando se vomita después de haber comido, debe uno solamente lavarse la boca; está ordenado el baño a quien ha tenido comercio con una mujer.
145. Después de haber dormido, después de haber estornudado, después de haber comido, después de haber escupido, después de haber dicho mentiras y en el momento de leer la Santa Escritura, debe uno lavarse la boca aun estando puro.
146. Os he declarado enteramente las reglas de purificación que conciernen a todas las clases y los medios de purgar de toda mancha los objetos de que uno se sirve; aprended ahora las reglas que conciernen a las mujeres.
147. Una muchachita, una joven o una mujer de edad avanzada no deben hacer nada por propia voluntad, aun en su casa.
148. Durante su infancia, una mujer debe depender de su padre; durante su juventud, depende de su marido; si ha muerto su marido, de sus hijos; si no tiene hijos, de los próximos parientes de su marido y, en su defecto, de los de su padre; si no tiene parientes paternos, del soberano: una mujer no debe nunca gobernarse a su antojo.
149. Que no trate de separarse de su padre, de su esposo o de sus hijos; pues separándose de ellos expondría a las dos familias al desprecio.
150. Debe estar siempre de buen humor, manejar diestramente los asuntos de la casa, conservar con la mayor diligencia los utensilios domésticos y no excederse en los gastos.
151. A aquel a quien fue otorgada por su padre o por su hermano con asentimiento del padre, debe ella servirlo respetuosamente durante su vida y no faltarle después de su muerte, ya sea conduciéndose de manera impúdica, ya sea olvidándose de las oblaciones que debe hacerle.
152. Las palabras de bendición y el sacrificio al Señor de las criaturas (Prajapati) tienen por motivo, en las ceremonias fúnebres, asegurar la felicidad de los desposados; pero la autoridad del esposo sobre su mujer reposa sobre el don que de su hija le ha hecho el padre, en el momento de los esponsales.
153. El marido cuya unión ha sido consagrada con las plegarias usuales dará gusto continuamente a su esposa aquí abajo, ya sea en la estación conveniente, ya en cualquier otro tiempo, y le hará obtener la felicidad en el otro mundo.
154. Aunque sea censurable la conducta de su marido, aunque se dé a otros amores y esté desprovisto de buenas cualidades, debe la mujer virtuosa reverenciarlo constantemente como a un dios.
155. No hay sacrificio, ni práctica piadosa, ni ayuno que conciernan particularmente a las mujeres; que la esposa quiera y respete a su marido y será honrada en el cielo.
156. Una mujer virtuosa que desea obtener la misma mansión de felicidad que su marido no debe hacer nada que pueda desagradarle, ya sea durante su vida, ya después de su muerte.
157. Que enflaquezca voluntariamente su cuerpo viviendo de flores, de raíces y de frutos puros; pero que después de haber perdido a su marido no pronuncie siquiera el nombre de otro hombre.
158. Que hasta la muerte se conserve paciente y resignada, entregada a prácticas piadosas, casta y sobria como un novicio, dedicándose a seguir las excelentes reglas de conducta de las mujeres que no tienen sino un solo esposo.
159. Muchos millares de Brahmanes exentos de sensualidad desde su más tierna infancia, y que no han dejado posteridad, han llegado al Cielo sin embargo.
160. Y del propio modo que estos hombres austeros, la mujer virtuosa que después de la muerte de su marido se conserva perfectamente casta se irá derecha al Cielo aunque no tenga hijos.
161. Pero la viuda que por el deseo de tener hijos es infiel a su marido incurre en el desprecio aquí en la tierra y será excluida de la mansión celeste donde es admitido su esposo.
162. Todo hijo a quien da a luz una mujer después de haber tenido comercio con otra persona que no es su marido no es su hijo legítimo; igualmente, el engendrado por un hombre con la mujer ajena no le pertenece a él, y en ninguna parte de este código se confiere a una mujer virtuosa el derecho de casarse por segunda vez.
163. Quien abandona a su marido, que es de clase inferior, para ligarse a un hombre de clase superior, es despreciada en este mundo o está designada bajo el nombre de Parapurva (que tiene nuevo marido).
164. Una mujer infiel a su marido está expuesta a la ignominia aquí abajo; después de su muerte renace en el vientre de un chacal o sufre de elefantiasis y de consunción pulmonar.
165. Por el contrario, la que no falta a su marido y cuyos pensamientos, palabras y cuerpo son puros, obtiene la misma mansión celeste que su esposo y es llamada por las gentes de bien mujer virtuosa.
166. Observando una conducta honorable, la mujer casta de pensamientos, palabras y porte obtiene una óptima reputación aquí abajo y después de su muerte se ve admitida a la misma mansión que su esposo.
167. Todo Dwijo versado en la ley que ve morir a una esposa que observa estos preceptos y pertenecía a la misma clase que él, debe quemarla con los fuegos sagrados y con los utensilios del sacrificio.
168. Que después de haber celebrado así con los fuegos la ceremonia de los funerales de una esposa muerta antes que él, contraiga un nuevo matrimonio y encienda por segunda vez el fuego nupcial.
169. Que nunca cese de hacer las cinco grandes oblaciones siguiendo las reglas prescritas, y que después de haber escogido una esposa permanezca en su casa durante el segundo período de su existencia.
LIBRO VI: El Anacoreta (Vanaprastha) y el Asceta Renunciante (Sannyasi)
1. Habiendo previamente terminado sus estudios, después de haber permanecido así en la orden de los dueños de casa, conforme a la regla, debe el Dwijo vivir enseguida en el bosque, con firme resolución y siendo perfectamente dueño de sus órganos.
2. Que cuando el jefe de casa vea que su piel se arruga y sus cabellos blanquean, se retire a un bosque.
3. Que renunciando a los alimentos que se comen en las ciudades y a todo lo que posee, confiando su mujer a sus hijos, parta solo o lleve consigo a su mujer.
4. Que llevando su fuego sagrado y todos los utensilios domésticos empleados en las oblaciones, abandonando la ciudad para retirarse al bosque, permanezca allí señoreando sus órganos de los sentidos.
5. Que celebre las cinco grandes oblaciones, según las reglas prescritas, con las diferentes clases de granos puros que sirven de alimento a los Munis, como el arroz salvaje, con hierbas, raíces y frutos.
6. Que se vista con una piel de gacela o vestido de corteza; que se bañe mañana y tarde; que lleve siempre los cabellos largos y deje crecer su barba, los pelos de su cuerpo y sus uñas.
7. Que haga, en cuanto esté a su alcance, ofrendas a los seres animados y limosnas con una porción de lo destinado a su alimento, y honre a los que vienen a su ermita, presentándoles agua, raíces y frutos.
8. Debe dedicarse sin cesar a la lectura del Veda, sufrir todo con paciencia, ser benevolente y perfectamente recogido, dar siempre, no recibir nunca, mostrarse compasivo con todos los seres.
9. Que haga con regularidad las ofrendas al fuego dispuesto según el modo Vitana, no olvidando en tiempo conveniente las oblaciones del día de luna nueva y de luna llena.
10. Que celebre también el sacrificio en honor de las constelaciones lunares, la ofrenda del grano nuevo, las ceremonias que se celebran cada cuatro meses y las del solsticio de invierno y las del solsticio de verano.
11. Que haga separadamente, según la regla, los pasteles y los otros manjares destinados a ser presentados en ofrenda con granos puros, alimento de los Munis, que crecen en la primavera o en otoño y que él mismo haya cosechado.
12. (Vacío en la numeración tradicional)
13. Que coma las hierbas que se crían en la tierra o en el agua, flores, raíces y frutos producidos por árboles puros y los aceites que se forman en los frutos.
14. Que evite el tomar miel y carne, hongos terrestres, Bustrina, Sigruka y los frutos del Sleshmataka.
15. En el mes de Aswina debe arrojar los granos salvajes que había acumulado precedentemente, así como los vestidos viejos, las hierbas, las raíces y los frutos cosechados por él.
16. Que nunca coma lo que ha brotado en un campo labrado, aunque este campo haya sido abandonado por su propietario, ni raíces y frutas que provengan de un pueblo, aun cuando le atormente el hambre.
17. Puede comer alimentos cocidos al fuego o frutos maduros; para aplastar ciertos frutos, emplear una piedra o servirse de los dientes a guisa de mano de mortero.
18. Que recoja grano para cada día solamente o que haga provisión de él para un mes, para seis meses o para un año.
19. Que después de haberse procurado, en cuanto haya podido, de qué alimentarse, coma en la tarde y en la mañana solamente cuando llega el momento de la cuarta o de la octava comida.
20. O que observe las reglas de la penitencia lunar (Chandrayana) durante la quincena iluminada o durante la quincena oscura, o que coma una sola vez al fin de cada una de estas quincenas granos hervidos.
21. O que no viva absolutamente sino de flores y de raíces y de frutos maduros por el tiempo que han caído espontáneamente, observando estrictamente los deberes de los anacoretas.
22. Que se revuelque en tierra o se mantenga todo un día sobre la punta de los pies; que se levante y se siente alternativamente y que se bañe tres veces al día.
23. Que en la estación cálida (Grishma) soporte el ardor de los cinco fuegos; que durante las lluvias (Varshas) se ponga enteramente desnudo bajo los torrentes de agua que vierten las nubes; que durante la estación fría (Hemanta) lleve un vestido húmedo, aumentando gradualmente sus austeridades.
24. Que tres veces al día, haciendo su ablución, satisfaga a los Dioses y a los Manes con una libación de agua, y que reseque su sustancia mortal entregándose a austeridades cada vez más rigurosas.
25. Que entonces, habiendo depositado en sí mismo, según la regla, los fuegos sagrados, tragando las cenizas, no tenga más fuegos domésticos ni habitación; que guarde el más absoluto silencio y viva de raíces y de frutos.
26. Que esté exento de toda inclinación a los placeres sensuales, que sea casto como un novicio, que tenga por lecho la tierra, no consulte su propio gusto para elegir una habitación y resida al pie de los árboles.
27. Que reciba de Brahmanes anacoretas y otros Dwijos dueños de casa que residen en el bosque la limosna necesaria para el sostenimiento de su existencia.
28. O puede traer alimento de un pueblo, después de haberlo recibido en una fuente hecha de hojas o en la mano desnuda o en un tiesto, y comer ocho bocados.
29. Tales son, con algunas otras todavía, las prácticas piadosas que debe observar un Brahmán retirado a un bosque; y para unir su alma al Ser Supremo debe estudiar las diferentes partes teológicas (Upanishads) del Libro Revelado;
30. Que han sido respetuosamente estudiadas por los devotos ascéticos y por los Brahmanes dueños de casa retirados a un bosque para el acrecentamiento de su ciencia y de sus austeridades y para la purificación de su cuerpo.
31. O que si tiene alguna enfermedad incurable, se dirija hacia la región invencible del noroeste y con paso seguro camine hasta la disolución de su cuerpo, aspirando a la unión y no viviendo sino de agua y de aire.
32. El Brahmán que se ha desprendido de su cuerpo por una de estas prácticas que han puesto en vigor los grandes Rishis, que está exento de pena y de temor, es admitido honrosamente en la mansión de Brahma.
33. Cuando el anacoreta ha pasado así en los bosques el tercer período de su existencia, debe en el cuarto abrazar la vida ascética, renunciando enteramente a toda especie de afecto.
34. El hombre que ha pasado de orden a orden, que ha hecho las oblaciones requeridas al fuego, que ha señoreado siempre sus órganos, fatigado de dar limosna y de hacer ofrendas, consagrado a la devoción ascética, obtiene, después de su muerte, la suprema felicidad.
35. Que después de haber cancelado sus tres deudas para con los Santos, los Manes y los Dioses, encamine su espíritu a la liberación final (Moksha); pero quien antes de haber pagado estas deudas desea la beatitud, se precipita a la mansión infernal.
36. Cuando ha estudiado los Vedas del modo prescrito por la ley, cuando ha procreado hijos según el modo legal, y cuando ha ofrecido cuantos sacrificios ha podido, estando canceladas sus tres deudas, puede no pensar entonces sino en la liberación final.
37. Pero el Brahmán que, sin haber estudiado los Libros Santos, sin haber engendrado hijos, ni haber hecho sacrificios, desea la beatitud, se va al infierno.
38. Después de haber celebrado el sacrificio del Prajapati, en el que presenta a guisa de ofrenda todo lo que posee, según el mandamiento del Veda; después de haber depositado en sí mismo el fuego del sacrificio, un Brahmán puede abandonar su casa para adoptar la vida ascética.
39. Cuando un hombre imbuido de la parte teológica de los Libros Santos, poniendo al abrigo del temor a los seres animados, abandona la orden de los dueños de casa para pasar a la de los devotos ascéticos, resplandecen con su gloria los mundos celestes.
40. El Dwijo de quien no experimentan ningún temor las criaturas sensibles, desembarazado de su sustancia mortal, no tiene nada que temer de quienquiera.
41. Que abrace la vida ascética saliendo de su casa, llevando consigo utensilios puros, con su bastón y su aguamanil, guardando silencio, exento de todo deseo provocado por los objetos que se le presentan.
42. Que esté siempre solo y sin compañero, a fin de obtener la felicidad suprema, considerando que la soledad es el único modo de obtener esta felicidad; en efecto, no abandona y no es abandonado, y no sufre jamás la pena que esto causa.
43. Que no tenga fuego ni domicilio; que vaya al pueblo a buscar su alimento cuando el hambre lo atormenta; que esté resignado, lleno de firmes propósitos; que medite en silencio y fije su espíritu en el Ser Divino.
44. Una vasija de barro, por morada la raíz de grandes árboles, un mal vestido, una absoluta soledad, el mismo modo de tratar a todo el mundo: tales son los signos que distinguen a un Brahmán que está cercano a la liberación final.
45. Que no desee la muerte, que no desee la vida; que espere el momento fijado para él, como el criado espera su salario.
46. Que purifique sus pasos mirando dónde pone los pies por temor a caminar sobre cabellos, sobre un hueso o sobre cualquier otra cosa impura; que purifique el agua que beberá, filtrándola con un pedazo de paño por temor a hacer perecer a los animalitos que pudieran hallarse en ella; que purifique las palabras por su verdad; que conserve siempre puro su espíritu.
47. Debe soportar con paciencia las palabras injuriosas, no despreciar a nadie y no guardar rencor a nadie por causa de este cuerpo débil y enfermizo.
48. Que no se encolerice a su vez con un hombre irritado; que si le injurian responda dulcemente, y que no diga palabra vana que se relacione con los objetos sometidos a las siete percepciones (que son los cinco órganos de los sentidos, el sentimiento y la inteligencia); que no hable sino del Ser Divino.
49. Que meditando con deleite en el Alma Suprema, sentado, sin tener necesidad de nada, inaccesible a todo deseo sensual, sin otra sociedad que su alma, viva aquí abajo en espera de la beatitud eterna.
50. Nunca debe tratar de procurarse alimento explicando prodigios y presagios, ni valiéndose de la astrología o de la quiromancia, ni dando preceptos de moral casuística o interpretando la Escritura Santa.
51. Que no entre nunca a una casa frecuentada por ermitaños, Brahmanes, pájaros, perros o por otros mendigos.
52. Que con los cabellos cortados, provisto de una fuente, de un bastón y de un aguamanil, yerre continuamente en perfecto recogimiento, evitando el hacer daño a cualquiera criatura animada.
53. Que las fuentes de que se sirve no sean de metal y no tengan fractura alguna: conviene purificarlas con agua, así como a las tazas empleadas en un sacrificio.
54. Una cantimplora, una fuente de madera, una vasija de barro, una canasta de bambú: tales deben ser, según los preceptos de Manu Swayambhuva, los utensilios de un Yati (devoto ascético).
55. Que mendigue su alimento una vez al día y no desee gran cantidad; pues el devoto ávido de limosnas acaba por abandonarse a los placeres de los sentidos.
56. En la tarde, cuando no se ve la humareda de la cocina, cuando está en reposo la mano de mortero, cuando el carbón está apagado, las gentes ahítas y las fuentes han sido retiradas, es cuando el devoto debe mendigar su subsistencia.
57. Que no se aflija si no obtiene nada; que no se dé a la alegría si obtiene algo; que no trate sino de sostener su vida; y en la elección de sus utensilios, no consulte su fantasía.
58. Que procure sobre todo no recibir limosnas después de un humilde saludo, pues las limosnas así recibidas encadenan con los lazos del renacimiento al devoto que está a punto de librarse de él.
59. Que tomando poco alimento, retirándose a apartados lugares, contenga sus órganos, renunciando a toda clase de afecto o de odio, evitando hacer daño a las criaturas; así prepara su inmortalidad.
60. (Vacío en la numeración tradicional)
61. Que considere con detención las transmigraciones de los hombres que causan sus acciones culpables, su caída al infierno y los tormentos que sufren en la mansión de Yama;
62. Su separación de las personas amadas y su unión con las personas odiadas, la vejez que comienza a hacerse sentir y las enfermedades de que son víctimas;
63. El espíritu vital que sale de este cuerpo para renacer en el vientre de una criatura humana, y las transmigraciones de esta alma en millones de matrices;
64. Las desgracias que sufren los seres animados a consecuencia de su iniquidad, y la felicidad inalterable que sienten proveniente de esta contemplación del Ser Divino que da la virtud.
65. Que reflexione, con la más exclusiva atención de espíritu, en la esencia sutil e indivisible del Alma Suprema (Paramatma) y en su existencia en el cuerpo de los seres más elevados y los más bajos.
66. Que cualquiera que sea la orden en que se halle un hombre, aunque haya sido acusado con falsedad e injustamente privado de las insignias de su orden, continúe cumpliendo su deber y trate de igual manera a todas las criaturas; llevar las insignias de una orden no es cumplir los deberes de ella.
67. Así, aunque el fruto del Kataka tenga la propiedad de purificar el agua, no se purificará sin embargo el agua pronunciando solamente el nombre de este fruto.
68. Que a fin de no causar la muerte de animal alguno, el Sannyasi camine mirando al suelo, tanto de noche como de día, aun a riesgo de hacerse daño.
69. Como de día y de noche hace morir involuntariamente a cierto número de animalitos, debe purificarse, bañarse y retener seis veces su aliento.
70. Tres supresiones de aliento únicamente, hechas según la regla y acompañadas de las palabras sagradas Bhur, Bhuvah, Swar, del monosílabo AUM, de la Savitri y del Siras, deben considerarse como el acto de devoción más grande de un Brahmán.
71. Así como desaparecen las impurezas de los metales cuando se les expone al fuego, así también todas las faltas que pueden cometer los órganos se borran con supresiones de aliento.
72. Que borre sus pecados reteniendo su aliento; que expíe sus faltas entregándose al más absoluto recogimiento; que reprima los deseos sensuales imponiendo un freno a sus órganos; que destruya con la meditación profunda las cualidades opuestas a la naturaleza divina.
73. Que entregándose a la más abstracta meditación, observe la marcha del alma a través de los diferentes cuerpos, desde el grado más alto hasta el más bajo, marcha que difícilmente distinguen los hombres que no tienen el espíritu perfeccionado por la lectura del Veda.
74. Quien está dotado de esta sublime vista ya no sufre la esclavitud de las acciones; pero quien está privado de esta vista perfecta está destinado a volver al mundo.
75. No haciendo daño a las criaturas, señoreando sus órganos, cumpliendo con los deberes piadosos prescritos por el Veda y sometiéndose a las más austeras prácticas de devoción, se llega aquí abajo al fin supremo, que es identificarse con Brahma.
76. Esta mansión, a la que sirven los huesos de armazón, a la que sirven de ligamen los músculos, cubierta de sangre y de carne, cubierta de piel, infecta, que encierra excrementos y orina;
77. Sometida a la vejez y a las penas, afligida por enfermedades, presa de sufrimientos de toda clase, unida a la cualidad de pasión, destinada a perecer: esta mansión humana debe ser abandonada con gusto por quien la ocupa.
78. Así como un árbol abandona la orilla de un río cuando lo arrastra la corriente, así como un pájaro abandona el árbol obedeciendo a su capricho, así también quien abandona por necesidad o por su propia voluntad a este cuerpo se liberta de un monstruo horrible.
79. Dejando a sus amigos sus buenas acciones y a sus enemigos sus faltas, y entregándose a una profunda meditación, se eleva el Sannyasi hasta Brahma, que existe de toda eternidad.
80. Cuando, por su conocimiento íntimo del mal, se vuelve insensible a todos los placeres de los sentidos, obtiene entonces la felicidad en este mundo y la beatitud eterna en el otro.
81. Habiéndose libertado de esta manera gradualmente de todo afecto mundanal, tornándose insensible a todas las opuestas condiciones como el honor y el deshonor, es absorbido para siempre en Brahma.
82. Lo que acaba de ser declarado se obtiene siempre por la meditación en la esencia divina; pues ningún hombre, cuando no se ha elevado al conocimiento del Alma Suprema, puede cosechar el fruto de sus esfuerzos.
83. Que lea constantemente en voz baja la parte del Veda que concierne al sacrificio, la que habla de las Divinidades, la que tiene por objeto el Alma Suprema y todo lo que está declarado en el Vedanta.
84. La Santa Escritura es un refugio asegurado aun para los que no la comprenden, para los que la comprenden y leen, para los que desean el Cielo y para los que aspiran a una eternidad de felicidad.
85. El Brahmán que abraza la vida ascética según las reglas que acaban de ser declaradas en el orden conveniente se despoja aquí abajo de todo pecado y se reúne con la Divinidad Suprema.
86. Os he manifestado los deberes comunes a las cuatro clases de los Yatis dueños de sí; aprended ahora las reglas particulares a las que están sometidos los de la primera clase que renuncian a todas las prácticas piadosas prescritas por el Veda.
87. El novicio, el hombre casado, el anacoreta y el devoto ascético forman cuatro órdenes distintas que deducen su origen del dueño de casa.
88. El Brahmán que entra sucesivamente en todas estas órdenes, conforme a la ley y que se conduce del modo prescrito, llega a la condición suprema, es decir, a la identificación con Brahma.
89. Pero entre los miembros de estas órdenes, el dueño de casa que observa los preceptos de la Sruti y la Smriti está considerado como el principal de todos; pues es él quien sostiene a los tres.
90. Así como todos los ríos y todos los riachuelos van a confundirse en el océano, así también todos los miembros de las otras órdenes vienen a buscar un asilo junto al dueño de casa.
91. Los Dwijos que pertenecen a estas cuatro órdenes deben practicar siempre con el mayor celo las diez virtudes que componen el deber.
92. La resignación, el acto de devolver bien por mal, la temperancia, la probidad, la pureza, la represión de los sentidos, el conocimiento de los Sastras, el del Alma Suprema, la veracidad y la abstinencia de cólera: tales son las diez virtudes en que consiste el deber.
93. Los Brahmanes que estudian estos diez preceptos del deber y que después de haberlos estudiado se conforman a ellos, llegan a la condición suprema.
94. El Dwijo que practica con el mayor celo estas diez virtudes, que ha escuchado la interpretación del Vedanta como la ley lo prescribe y cuyas tres deudas están canceladas, puede renunciar enteramente al mundo.
95. Que desistiéndose de todos los deberes religiosos de dueño de casa, habiendo borrado todos sus pecados, habiendo reprimido sus órganos y habiendo comprendido perfectamente el sentido de los Vedas, viva feliz y apacible bajo la tutela de sus hijos.
96. Después de haber abandonado toda clase de práctica piadosa, dirigiendo su espíritu hacia el único objeto de sus pensamientos, la contemplación del Ser Divino, estando exento de todo otro deseo, habiendo expiado sus faltas por la devoción, llega al fin supremo.
97. Os he declarado las cuatro reglas de conducta que conciernen a los Brahmanes, reglas santas y que producen frutos imperecederos después de la muerte; aprended ahora cuál es el deber de los reyes.