¿Anacronismo o Menoscabo? El Caso SPI y la Crisis de las Editoriales Académicas en Chile
En el ecosistema del derecho y las ciencias sociales, el libro es la unidad fundamental de conocimiento. Sin embargo, en Chile, los autores y las editoriales nacionales se enfrentan a un obstáculo invisible pero devastador: la burocracia de los indicadores fantasma.
1. El Ocaso de un Referente: ¿Qué pasó con el SPI?
El sistema Scholarly Publishers Indicators (SPI) nació en 2012 bajo el alero del CSIC en España. Durante una década, fue la brújula para medir el prestigio de las editoriales académicas. Sin embargo, el panorama cambió drásticamente a finales de 2023.
Tras una reforma profunda en los criterios de evaluación científica en España, la ANECA (el equivalente a nuestra CNA) dejó de considerar al SPI como fuente de referencia. Como bien lo ha confirmado Elea Giménez Toledo, investigadora principal de SPI, al perder su reconocimiento oficial, el proyecto ha finalizado y sus listados no volverán a ser actualizados.
En términos simples: El SPI es hoy una fotografía congelada de 2023. Una herramienta que su propio creador ha declarado descontinuada.
2. La Contradicción de ANID: Exigiendo lo Inexistente
A pesar de que el SPI es un sistema “muerto”, la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) en Chile continúa utilizándolo como una verdad absoluta. En las recientes bases del concurso Fondecyt Regular 2026 (Resolución Exenta N°74 del 30 de mayo de 2025), el Anexo N°3 establece lo siguiente:
“…es obligatorio que la editorial se encuentre en el Listado de editoriales de prestigio internacional en el catálogo general del ranking SPI… si así lo estipula el Grupo de Evaluación”.
El absurdo técnico
¿Cuál es el fundamento técnico para que una agencia pública chilena exija figurar en un listado que ya no se actualiza y que ha sido descartado por su propia fuente de origen? Al hacer esto, ANID está evaluando la ciencia del 2026 con los estándares de una España que ya no existen, condenando a las editoriales que han nacido o se han profesionalizado en los últimos tres años a una exclusión automática.
3. El Rol de los Grupos de Estudio: ¿Autonomía o Inercia?
La responsabilidad recae, en gran medida, en los 27 Grupos de Estudio de Fondecyt. Estos académicos son quienes asesoran técnicamente a los Consejos Superiores. Es aquí donde se decide qué editoriales “existen” y cuáles no.
Al no actualizar sus criterios y seguir aferrados a indicadores extranjeros discontinuados, estos grupos generan un sesgo institucional. Se da la paradoja de que una editorial chilena con procesos rigurosos de revisión por pares, comité científico internacional y alta calidad de impresión —como Editorial Hammurabi—, se encuentra en una situación de “indefensión evaluativa” frente a grupos editoriales extranjeros que simplemente tuvieron la suerte de estar en un listado hace tres años.
4. El Menoscabo de la Producción Nacional: Una Crisis Estructural
Este no es solo un problema de listados; es una crisis de soberanía intelectual. El menoscabo de las editoriales nacionales se manifiesta en:
Desventaja para el Autor Local: Los investigadores nacionales se ven forzados a publicar en el extranjero para “ganar puntos” en sus postulaciones, incluso si la temática es estrictamente local o regional.
Exportación de Fondos Públicos: Las instituciones públicas entregan financiamiento que termina en manos de grandes consorcios transnacionales, mientras la industria local lucha contra el alza de insumos y la falta de reconocimiento.
Fomento de Editoriales Depredadoras: Al usar listados estáticos, se abren puertas a editoriales que, bajo nombres pomposos, cobran por publicar sin filtros de calidad, pero que lograron entrar en listados antiguos.
Conclusión: Por un Nuevo Trato para la Edición Científica en Chile
Es imperativo que ANID y sus Grupos de Estudio asuman la realidad: el SPI ya no es una métrica válida para el futuro de la ciencia. Continuar exigiéndolo es un acto de negligencia administrativa que asfixia a las editoriales independientes y resta valor a la producción científica nacional.
En Editorial Hammurabi, reafirmamos nuestro compromiso con la calidad, manteniendo comités científicos internacionales y procesos de revisión por pares, pero también levantamos la voz: la ciencia chilena merece evaluadores que miren hacia adelante, no hacia listados obsoletos.