ENCANTO EN LA MESETA (SOLO DIGITAL)

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Encanto en la meseta
© Es propiedad de Gilberto Guerrero-Quintero
ISBN: 978-956-6234-52-4
1ª Edición, diciembre de 2023

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ENCANTO EN LA MESETA

Gilberto Guerrero-Quintero

Recibo desde Maracay el maravilloso encargo del Dr. Gilberto Guerrero Quintero de abrir las páginas de su obra “Encanto en la Meseta”, que comienzo a leer y me deja conectado a una lectura consecuente durante varios días, llevado por su bien cuidada prosa y descubriendo la geografía, la biodiversidad y la historia vital de una península serrana vigilada por el Pico de Horma “el gigante amigo”, de una mesa o meseta merideña marginada, pero colmada de recuerdos traídos por un hijo que siguió un rumbo académico y profesional del Derecho y ahora desea ofrendarle a su pueblito de Mesa Quintero, estas muestras de afecto, llenas de profundas reflexiones telúricas.
Una obra compuesta de unas treinta secciones o capítulos que van deshojando la historiografía de esta Mesa, compuesta de valores que se van mostrando, recogiendo y creando, y que significan la riqueza de costumbres, los cuentos, los refranes, las retahílas, las creencias, el río de aguas cristalinas, el aire limpio, el rocío de la mañana, el frío que arrecia, las flores, la rosa roja, la botánica medicinal, la cosecha del maíz, los esfuerzos, la inseguridad del campo, los convites, las realizaciones, el lenguaje propio, los decires, la sabiduría, las tradiciones, los sueños y la vida en esos parajes bendecidos por Dios. Tantas leyendas que avanzan soportadas en la investigación minuciosa que está consignada en otro libro que corre al pie de las páginas, tan lleno de citas y lecciones interesantes que van incentivando la lectura del texto superior.
Un recorrido que se lleva como una novela protagonizada por el hacedor de ese pueblo “unido y bonito” don José Gerónimo Quintero, y su esposa Cayetana, venidos desde San Antonio de Tabay, apoyados por unos amigos que les recomendó un forastero, y radicados en la aldea cercana de Campo Alegre: Desiderio y Domitila, que les dieron posada, hasta que compraron la meseta y fueron consolidando su morada en un lugar escogido de la planicie. Labriegos montañeses que han sido trabajadores incansables, persistentes, ingeniosos y ensoñadores, aquellos que tendidos en el catre, en sus cavilaciones nocturnas, alumbradas por las lámparas del aceite de tártago, van trazando tareas que se van resolviendo a partir de los “siguientes resplandores de la mañana”.
Se recogen quehaceres autóctonos como las construcciones de bahareque para tener después las de tierra pisada, que quedan en el imaginario como muestras de la ruralidad, hechas con la tierra escogida, con la paja picada, los palos, los carruzos y las piedras, como referentes de una cultura ancestral, aplicada por los pueblos aislados y pobres que han utilizado sus materiales autóctonos. De esa manera se pudo construir la acequia del acueducto, levantar la iglesia o hacer posible un horno de pan. Solo falta el conocimiento actual sobre los adecuados detalles constructivos, para ser llevado a esas montañas nuestras, y lograr que estas viviendas hechas con techos de teja y barro muy pesados, se corrijan y sean estables ante las sacudidas de un terremoto. Pero, es que lo más importante se logra con el convite de “la mano por vuelta” de tradición indígena, la mejor muestra de labor comunitaria, donde se pide a los vecinos prestado el trabajo y luego se devuelve, mostrando una expresión de amistad, de reciprocidad, de solidaridad humana, que deja un producto que es la obra misma, algo inolvidable ejecutado con la satisfacción del colectivo social.
El sentimiento religioso subyace por los cuatro costados, en la expresión diaria de los actores manifestando su devoción por el Santo Niño “peregrino y caminante” de Atocha, en el ofrecimiento y la promesa al acometer obras importantes, en las gestiones para la construcción de una iglesia como basamento espiritual del pueblo y en las citas bíblicas hechas por el autor, recogidas en afirmación de fe, para que se trabaje “no por el alimento que perece sino por el alimento que perdura”, la mística y el culto en las comunidades, que tienen una arraigada relación con el catolicismo, sembrado durante la conquista española con la espada y la cruz, y donde los sacerdotes han mantenido una actividad muy ligada a la educación y el progreso de todos los pueblos del Sur de Mérida. Una prueba de ello es que el primer jeep que llegó a Mesa Quintero, lo trajo en sus años mozos el apreciado cura y después monseñor Vicente Alarcón. Larga es la lista de los “curas camineros” que abrieron a los sureños las vías de comunicación.
Estos y otros detalles que convierten al autor en un cronista de la ruralidad, que se afirma en el recuerdo, en la investigación oral y en la imaginación creadora, para asentar unas letras muy bien escritas, en serio y con agradable humor, que convocamos a leer, pues describen actores propios ligados al paisaje, al agro, a la hidrología, al campo y a la naturaleza que lo incentivan a dejar esta obra. Potencialidades vivas y puras con que cuenta Mérida, entorno natural, artesanía y cultura local que se debe proteger y mostrar, para que sirvan como referencias fijas que son luz, color, páramo, aventura, inspiración y fantasía radiantes, hermosos atractivos que enriquecen el imaginario rural auténtico, que si se integran a proyectos de desarrollo turístico sostenible, bien podrían conllevar mejoras viales, bibliotecas, escuelas técnicas, programas de salud, micro-créditos, protección del impacto ambiental y cultural, todo visto desde una perspectiva antropológica, para comprender mejor a la gente.
Desde la Academia de Mérida congratulamos al Dr. Gilberto Guerrero Quintero por su contribución editorial hecha para ennoblecer al pueblito de su infancia, a la tierra de sus amores, con el más íntimo deseo que salga de la lejanía en abandono y pueda signar su grandeza en el trabajo digno y la calidez de sus paisanos y en el hermoso e inédito paisaje que muestra el Pico de Horma. Para un Quintero que desde el centro del país mantiene indemne el afecto por su tierra, solo diríamos que se valida orgullosamente el linaje que mostró el primer cardenal venezolano y en la huella que dejó en Mesa Quintero don José Gerónimo con su persistencia y dignidad. Dr. Gilberto Guerrero Quintero, gracias por su extraordinario aporte a la cultura merideña.
William Lobo Quintero
Presidente de la Academia de Mérida
Agosto de 2009

Editorial

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Gilberto Guerrero-Quintero

Gilberto Guerrero-Quintero

Abogado egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Los Andes, Venezuela. Doctor en Derecho por la Universidad de los Andes, Venezuela. Profesor Titular, Cátedra de Derecho Civil, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, Venezuela. Premio Academia de Ciencias Políticas y Sociales, por la obra de Derecho Procesal Civil “Posiciones Juradas”, Caracas. Exmagistrado Suplente Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela. Miembro de la Academia de Ciencias políticas y Sociales de Venezuela.

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